26/09/2018
Editoriales

Entrecurules 08 08 18

Muchos años antes del movimiento armado de 1910 que terminó con el derrocamiento del General Porfirio Díaz, el 20 de abril de 1887 en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión se dio un debate sobre la no reelección de Presidente de la República y gobernadores y sobre los riesgos que podía acarrear.

 Y fue el diputado Joaquín D. Casasus, quien se pronunció en contra de la reelección.

Con su discurso, obligó a los integrantes de la comisión respectiva que ya tenían listo el dictamen para aprobar la reelección de Presidente y de Gobernadores,  dar marcha atrás al tema.

 El tema en aquel tiempo era permitir la reelección por una sola vez, pero Casasus en sus argumentos manifestó que ese paso implicaba riesgos de que el Presidente en turno se eternizara en el cargo.

 Para este personaje, el gobierno es la obra de los hombres, su origen está en la voluntad, pero si el pueblo no consiente en aceptar esa forma de gobierno, si no es posible que se adapte a su contextura especial, ni a sus condiciones de civilización la rechazan, si sus aspiraciones y sentimientos no pueden sujetarse  a aquel molde, la forma de gobierno acabaría por ser destruida, forzosamente tendría que ser aniquilada.

 La democracia como todas las formas de gobierno, exige de parte del pueblo, la práctica de sus principios y por eso ella no puede aceptar teorías que, aún inspiradas en su índole, no se avientan con el carácter del pueblo que la ha de cumplir.

 Y desde su punto de vista el principio reeleccionista absoluto nunca ha dado buenos resultados a la Nación, ni aun aquellos mismos que en virtud de sus prescripciones ocuparon el poder en distintas épocas.

En suma, el legislador con sus argumentos buscó que los gobiernos no se eternicen en el poder.

Y otro de sus argumentos fue el siguiente:

"Para garantizar la paz pública, para disfrutar los bienes que ella ofrece, necesitamos el imperio de la Constitución y hacer imposible la tiranía, y ya que por Ventura nos ha sido dado sostener un principio que afianzará nuestras instituciones. No debemos desmayar en nuestra lucha y mantenernos en pie con ella, avivando a la República y a la libertad.

 Y si ya hay asomos de reelección de diputados locales y Alcaldes, ojalá no se le ocurra al Congreso de la Unión volver a cometer los errores de la reelección que ha sido la causa de muchos fracasos.