15/08/2018
Editoriales

La Procuración de la Injusticia

El Poder Judicial es el más delicado de los tres poderes. La única Civilización del mundo que ha podido dividir el poder público, la Occidental, lo hizo por más de mil años en sólo dos partes: A fines del Imperio Romano empezó llamándolos “Potestas” el del Emperador y “Auctoritas” el de la Iglesia Católica; en la Edad Media se llamaron “Temporal” y “Espiritual”, cada uno de los cuales tenìa su propia rama judicial. El que ahora llamamos Poder Judicial nunca tuvo un verdadero poder, es decir uno basado en el apoyo militar de una parte de la población, sino que desde que nació, su función ha sido el de una especie de balanza entre los otros dos, los cuáles en la Época Moderna se llaman Ejecutivo y Legislativo.

 

  El Poder Judicial puede decirse que se empezó a formar con la Conquista Franco-Normanda de Inglaterra en 1066, pues el rey-conquistador, Guillermo I, repartió todos los feudos de los Anglosajones entre los 12,000 caballeros franceses que lo acompañaron, pero sin delegarles el poder de juzgar a sus feudatarios, sino que centralizó esa función en su propio gobierno, por lo que desde enonces se fue formando una ley común para todo el Reino, que todavía se llama “Common Law” en todos los países de cultura anglosajona. Cuando los demás países occidentales del Continente Europeo fueron llegando al Renacimiento, quisieron copiar el sistema inglés, que para entonces ya había adquirido una bien ganada fama, pero en vez de esperarse a que fueran elaborando una ley “común”, le encargaron a expertos a que modernizaran los Digestos de la Ley Romana y le encargaron a los jueces a que con ellos juzgaran a la población, lo que siempre ha dado lugar a importantes incogruencias entre las costumbres modernas y las leyes antiguas.

 

   Después de la Revolución Inglesa de 1640 a 1660, cuando las milicias puritanas que apoyaban al Poder Legislativo derrotaron al ejército del rey, y luego llamaron a sus sucesores, a quienes en 1689 les acotaron su Poder Ejecutivo con el famoso “Bill of Rights” que se considera el inicio de la democracia moderna y cuyas tres primeras cláusulas dicen: 1ª Todas las leyes las hace el Parlamento; 2ª El Parlamento tiene dos Cámaras, una hereditaria, la de los Lores y otra electiva, la de los Comunes, quienes representan a los que pagan impuestos; y 3ª Ningún inglés puede ser detenido ni encarcelado sin el debido procedimiento judicial. Esta Tercer Cláusula es la que funda el moderno Poder judicial, que fue estudiado por los filósofos franceses e incorporados a todas la constituciones europeas occidentales después de la Revolución Francesa.

 

   ¿Cómo funciona esa delicada balanza en los países del Tercer Mundo? Pues, como era de esperarse, de regular a mal a peor, por dos razones distintas:  En primer lugar, el Poder Ejecutivo usurpa muchas funciones legislativas, por lo que no hay realmente dos poderes a los que tenga que equilibrar la delicada balanza judicial y, en segundo lugar, porque el Poder Judicial que “imparte la justicia” depende todavía de una parte del Poder Ejecutivo cuya función es el de “Procurar la Justicia”, es decir, las funciones policiacas de guardar el orden, detener a los sospechosos o flagrantes criminales y llevar todos esos casos al Poder Judicial, para ser juzgados. 

 

   Aquí en México y en particular en Nuevo León, vemos confusos e indignados que esas “procuradurías” no sólo no procuran la justicia, sino que, abominblemente, procuran activamente que prevalezca la injusticia, protegiendo descaradamente a toda la “mafia madeinista”. Afortunadamente un rayo de esperanza se vislumbra en el Estado de Chihuahua, donde el Gobernador Javier Corral destapó y está juzganado a la “mafia duartista” que allá robó y por el Gobierno Federal le está negando 700 millones de fondos. Por Monterrey va a pasar la Caravana de la Dignidad este sábado 27 en la noche para partir en la mañana del domingo: Tenemos que ayudarlos y apoyarlos en todo lo que podamos. 

 

Atte.- JVG.- 24-01-18