20/Jan/2020
Editoriales

Los Templos de Monterrey. La Basílica de Guadalupe

 

Desde la fundación de nuestra Ciudad los reineros tenían una fuerte veneración por la Madre de Jesucristo, en sus advocaciones de la Señora del Roble y de la “Virgen Chiquita”, cariñoso apodo local para la Purísima Concepción. Empero, la devoción guadalupana llegó a estas tierras muchos años después gracias al noveno obispo de Linares, Francisco de Paula Verea y González de Hermosillo. Este sacerdote, durante su largo obispado, de 1853 a 1879, promovió localmente la fe por la virgen del Tepeyac. 

 

El primer Templo 

 

Verea y González apoyaba material y espiritualmente a los nuevos vecinos de Monterrey que se asentaban en el llamado Repueble del Sur, luego Barrio de San Luisito hoy Colonia Independencia. Para la atención espiritual de esta parte de la ciudad, el Obispo mandó construir en 1867 un pequeño Templo dedicado a la Virgen de Guadalupe, ubicado en lo que hoy es el cruce de las calles de Tepeyac y Jalisco. 

 

Las paredes de este Templo eran de sillar, y en su sencillo altar había sobre lienzo un óleo de la virgen de Guadalupe. Como de frente al Templo estaba un llano –en el lugar donde hoy están el antiguo Santuario y la nueva Basílica-, allí se celebraba Misa al aire libre. En aquel tiempo la bienvenida, la liturgia de la palabra y la bendición se hacían al aire libre frente al pueblo, para la Consagración, el Sacerdote y sus ministros entraban al Altar a consagrar las especies y salían de nuevo a dar la Comunión. Este pequeño Templo empezó a ser destinado como Templo de peregrinaje hasta que fue demolido un siglo después, en el año de 1960.   

 

El antiguo Santuario  

 

Este primer Templo fue rebasado por el crecimiento de la devoción a la Emperatriz de las Américas y en 1895 el obispo de Monterrey Santiago de los Santos Garza Zambrano inició la construcción de un nuevo Templo guadalupano. Su edificación fue de cantera, con una nave dividida en cinco tramos y un crucero de tres, fachada de cruz latina, con pórtico para campanario. El imafronte con estilo morisco de dos cuerpos con espadaña y el remate se reduce en los dos planos. 

 

El Santuario tenía en la entrada un arco cruzado que remataba en la parte superior con una escultura de la Virgen de Guadalupe, y dio servicio en cuanto tomó forma sin estar acabado, pues el proceso de construcción tardó más de tres décadas. Existen fotografías del año 1930 en las que se advierte un andamio de madera como campanario, mismo que sigue apareciendo en gráficas hasta principios de los años cincuenta.  

 

Durante la última década del Siglo XIX comenzó a utilizarse como plaza la explanada llana de enfrente del Santuario. Pronto fue conocida como La Plaza de Guadalupe, misma que desde un principio era una especie de centro comercial, pues se instalaban módulos de venta de alimentos, bebidas, golosinas, y veladoras, en tiempos cercanos a las festividades guadalupanas, de los días 12 de diciembre de cada año.   

 

Así fue como la devoción guadalupana creció en forma exponencial y la reacción del gobernador Bernardo Reyes y del alcalde Pedro C. Martínez fue extender en el año de 1905 la red de tranvías hasta el mismísimo Santuario, a pesar de la altura del predio en donde estaba desplantado. Ya para esos tiempos, se podía considerar a Monterrey como una Ciudad con profunda fe en la Virgen del Tepeyac. 

 

                                                                   La Plaza Guadalupe, se convirtió en Panteón

 

Es necesario saber que el Santuario de Guadalupe desempeñó un relevante papel durante la crisis sanitaria generada por la inundación del año 1909 que colapsó en todos los aspectos a la Ciudad de Monterrey. Al no haber comunicación con la margen norte del Río Santa Catarina debido al caudal de agua que corría por el cauce, resultaba imposible trasladar los restos de los difuntos a los cementerios, por lo que se tuvo que utilizar el Atrio del Santuario de Guadalupe como Camposanto. 

 

Un par de décadas después, en 1930, la Plaza de Guadalupe fue bautizada oficialmente como Plaza Salvador Diaz Mirón y hasta se instaló un monumento en honor al poeta veracruzano, pero el nombre no permeó entre los ciudadanos. Faltaba identidad con este personaje, pues la gente lo ponderaba en forma desfavorable con el de Plaza de Guadalupe, aunque no se llamara así formalmente. 

 

Tres décadas después, en los años sesenta del siglo pasado desaparecieron el primer Templo y el arco del segundo. No se sabe la razón por la que se destruyeron estas estructuras, pero coincidió con el tiempo que El Santuario de Guadalupe se convirtió en Parroquia para dar servicio a las colonias Independencia y Nuevo Repueblo. Así que, para los años ochenta, el Santuario ya era insuficiente para recibir al enorme número de feligreses que iba a visitar a La Patrona de México en el mes de diciembre. 

 

La Nueva Basílica 

 

Un Santuario es un lugar de peregrinación, inveterada costumbre arraigada en todas las religiones mayores. Así, los budistas tienen varios centros de peregrinaje, como el Tíbet o el Buda de Oro; los hinduistas van a la ciudad de Lasa o a otros lugares; los musulmanes, a la Meca; los judíos a Jerusalén; los católicos de los primeros tiempos, a Jerusalén o a Roma, y conforme se expandía por todo el mundo su religión fueron instalando santuarios de peregrinación en todos los Continentes. Peregrinan porque ello limpia los pecados que producen una pena temporal, es decir, que el peregrino puede evitar el purgatorio, o su equivalente en las otras religiones. 

 

Los más importantes Santuarios en nuestro México son los de la Virgen de Guadalupe que están distribuidos por todo el país, y los de la Virgen de San Juan de los Lagos.  

 

En cambio, una Basílica es un Templo importante que, en base a su belleza recibe tal gracia del Pontífice de Roma. Así que el arzobispo de Monterrey entre 1977 y 1983, José de Jesús Tirado Pedraza, inició en 1980 el proyecto de construir un Nuevo Santuario, de tal tamaño y belleza que se advertía desde el principio que le apostaba a que sería Basílica. Y lo consiguió. Cuando el Papa Juan Pablo II tuvo en sus manos el proyecto arquitectónico, autorizó de inmediato que se construyera como Basílica. 

 

El proyecto arquitectónico de la Basílica de Guadalupe 

 

La Nueva Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe se construyó en 1982 sobre la Plaza de Guadalupe que terminó convertida en el Atrio. El ambicioso proyecto fue encomendado a dos prestigiados arquitectos: Pedro Ramírez Vázquez (autor de la Basílica de Guadalupe en CDMX, el Estadio Azteca, el Museo de Antropología, etcétera) y Antonio Elosúa Muguerza, connotado profesionista local 

 

El estilo de su edificación es modernista, de forma piramidal y vitrales en triángulo. Tiene un bello Viacrucis labrado en granito, obra del arquitecto fray Gabriel de la Mora, y sobre el altar hay unas sogas que sostienen tanto el lienzo de la Virgen de Guadalupe como 52 rosas de oro. Se distingue por una Cruz monumental de granito y porque el altar es de piedra extraída directamente del Cerro del Tepeyac. 

 

Las peregrinaciones

 

Cada año crece el número de peregrinaciones registradas por el Municipio de Monterrey. En el año de 2018 hubo oficialmente 231, pero son muchas más las que no se registran, pues sobre la marcha algunos grupos se organizan para peregrinar desde sus centros de trabajo y organizaciones de todo tipo. Parecen interminables las filas de regiomontanos que quieren estar presentes durante la serenata a la Virgen Morena. Muchos sólo quieren visitarla en su Día, y otros van para disfrutar el inigualable ambiente festivo.  

 

 

Entre los tumultos he tenido la suerte de encontrarme con personajes que no se ven con facilidad en días normales. Familias y barrios completos del área metropolitana peregrinan o se trasladan como pueden espontáneamente hasta la Basílica de Guadalupe. 

 

Irán este año a la Basílica de Guadalupe un millón y medio de personas

 

Se calcula que este año acudirán a la Basílica de Guadalupe alrededor de un millón y medio de personas. Este fenómeno de movilidad urbana es recurrente e interrumpe la complicada vialidad de Monterrey. Las calles aledañas a la Basílica se cierran al tránsito vehicular llenándose de vendimias y juegos de feria. Algunos vecinos instalan en sus viviendas pequeños comercios de recuerdos, artículos religiosos, sarapes, artesanías y alquilan el frente de sus casas para estacionamiento.   

   

Las fiestas guadalupanas son una acendrada tradición en nuestra sociedad que nos hermana con el resto de la República. Ni el Día de los Muertos convoca a tanta gente como esta celebración. Se podrá disentir de la creencia religiosa, pero nadie puede negar su aceptación y arrastre popular.   

 

Hubo un Templo cercano a la Basílica llamado Templo de Lourdes. Continuará…

 

Fuentes:

Arzobispado de Monterrey

Arquidiócesis de Monterrey

https://www.yelp.com.mx/biz/basilica-de-guadalupe-monterrey