10/Apr/2020
Editoriales

Paradojas. El ornitorrinco es nuevoleonés

Los políticos son odiados y envidiados; respetados y vilipendiados al mismo tiempo. 

¿Cómo es posible que se parezcan todos, con tantas diferencias de edades, orígenes sociales, profesiones y partidos?

Es una fauna que muta de acuerdo al medio y a la época; difícil de definir; inefable, diría monsieur Larousse.

Los gobernantes determinan modas y costumbres de la clase política imponiendo su estilo y todos sin rubor los imitan; al cambiar de sexenio reemplazan el modelo de político exitoso, olvidando al anterior.

Ahora vemos que se van acabando los políticos que hablaban rápido; todos hacen pausas.

Lo asombroso es que la propia sociedad, que los critica tanto, también le entra a la moda, imitando a los políticos; hoy dice fuchi a lo que no le gusta.

En Nuevo León, en menos de un siglo hemos tratado de incorporar a nuestra cultura: la reciedumbre de los gobernadores militares, como Anacleto Guerrero y Bonifacio Salinas; el liderazgo fraternal de Arturo B. de la Garza; el europeísmo de Morones Prieto, la simpatía de Pepe Vivanco, la universalidad de Rangel Frías, la exaltación política de Eduardo Livas, la contundencia de Eduardo Elizondo, la sabiduría de Luis Farías, la cultura de Pedro Zorrilla, la sagacidad de Martínez Domínguez, la bonhomía de Jorge Treviño, la visión de Sócrates Rizzo, las humoradas de Benjamín Clariond, la aristocracia de Fernando Canales, la dulce perversidad de González Parás, la mancebía de Medina y el vocabulario de Rodríguez Calderón.

La conducta colectiva nuevoleonesa es comparable con la naturaleza del ornitorrinco.

Este animalito de Tasmania, es al mismo tiempo ave, pez, ovíparo, mamífero, carnívoro, marsupial, y casi reptil, con parecido al pingüino, con patas y pico de un pato, con cola de castor y de un apetito tal, que puede comer el equivalente a su peso en una noche.

¿A poco no nos parecemos a los ornitorrincos...?