13/11/2018
Editoriales

La memoria es la vida

Es tan importante la memoria que aquella persona que la pierde está perdiendo todo.

Por eso tememos tanto al Alzheimer, pues ataca donde realmente duele.

Nadie sabe a ciencia cierta qué hacer para prevenirlo porque me consta que hay personas sumamente inteligentes, que hacen ejercicios mentales en forma cotidiana, y que han sido atacadas por esa peste moderna.

A mí se me olvidan muchas cosas de las registradas en la memoria reciente, como por ejemplo, lo que comí hace cuatro días, o lo que publiqué el pasado miércoles, digamos.

Pero tengo presente –por ejemplo- el eslogan de campaña de Eisenhower, que era “I like Ike” que estaba impreso en un calendario que tenía mi padre en la pared de su farmacia, cortesía de un laboratorio estadounidense de medicinas. 

Se me grabó, y eso que era un candidato gringo, y yo tenía menos de diez años.

Desde luego que recuerdo de aquellos tiempos los lemas de campaña de López Mateos: “Por un México mejor”; de Díaz Ordaz: “Con la constitución como guía sin admitir retrocesos ni claudicaciones”; y de Echeverría: “Arriba y adelante”.

Pero me da mucho más trabajo recordar los lemas de los mexicanos que el de Eisenhower, pues su sencillez “I like Ike” no tiene comparación.

Hace unos días vi la fotografía de un automóvil Chevrolet modelo 1957, de colección por supuesto, y de inmediato se me vino a la mente como por arte de magia, la imagen de uno que admiraba cuando salía caminando por la calle Juárez de sur a norte al salir de la escuela secundaria número uno. 

Aquel tenía el capacete forrado de vinilo negro y todo el auto era rojo con interiores negros. Yo babeaba al verlo estacionado a la altura de la calle Isaac Garza.    

Dios quiera que pueda seguir viviendo con esos y otros muchos recuerdos, pues la memoria es la vida.