18/11/2018
Editoriales

Crisis en Países Anglosajones

El conjunto de los seis países de cultura anglosajona, que son Gran Bretaña, Irlanda, EUA, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, producen casi la mitad de la riqueza del Primer Mundo y un 30% de la de todo el mundo, y si a eso agregamos que su idioma, el inglés, se está convirtiendo en el idioma de la ciencia y de la política, entonces veremos cómo nos es de necesario que entendamos bien qué es lo que causó las crisis por las que están pasando los dos más importantes de ellos: La salida de la Gran Bretaña de la Unión Europea y el estado de ánimo de una parte de la población americana que está permitiendo la demagógica campaña presidencial de Donald Trump.

Tratando de encontrar las causas profundas para el "Brexit", un articulista señaló la posibilidad de que una de ellas fuera los dos diferentes sistemas legales de procuración e impartición de justicia que existen entre la Europa Continental y las Islas Británicas. En efecto, esta última empezó a diferir del resto a partir de la Conquista Franco-Normanda del año 1066, cuando el Duque Guillermo de Normandía, con la ayuda de 12,000 caballeros que acudieron a su llamado de toda Francia, a quienes luego de su victoria les otorgó todas las tierras que habían sido de los anglosajones, pero con una condición: No podían ellos ejercer la justicia en sus feudos, sino que toda la del Reino iba a quedar a cargo de oficiales reales, la procuración a cargo de "sherifes" y la impartición a cargo de jueces enviados para ello y cuyas decisiones se las daban a conocer a todos los demás, para que las criticaran o las adoptaran, empezando así a formarse la famosa "Common Law", que a través de una prolongada y constante evolución, todavía rige hasta el día de hoy en todos esos países.

En el Continente Europeo, digamos en Francia, Alemania e Italia, conforme fueron saliendo del feudalismo, los ministros del Rey o del Emperador iban llevándole las codificaciones del derecho romano que habían sobrevivido y pidiéndole que los enviara hacia sus súbditos como una ley obligatoria, que no tomaba en cuenta muchas circunstancias locales y era muy difícil de modificar, por venir "desde arriba", por lo que en muchos casos había que "sacarles la vuelta", hasta que terminaban por ser derrocadas por un cambio drástico de gobierno o por una revolución. Eso parece ser que es lo que no es gusta a los británicos de la Unión Europea: Consideran que sus reglamentos y regulaciones son muy rígidos y difíciles de cambiar, pues no pueden ir evolucionando mediante las resoluciones de cada caso en conflicto.

En los Estados Unidos de América, en cambio, el asunto es más serio, pues parece tratarse de una enfermedad que a veces afecta a los sistemas más democráticos: Una especie de falso sentido de superioridad que es producto de que hasta la gente inculta se da cuenta de que su sistema es mejor que otros y les da una ventaja muy grande con respecto a gentes con otras culturas, ventaja que en vez de achacársela al sistema, se le endosan a "su raza", haciéndola así inherente en vez de circunstancial. Como vivimos en un mundo con comercio globalizado, es fácil convencer a esos incultos de que el éxito de gentes de otras razas o culturas sólo puede deberse a "trampas" o competencias desleales, y no a sus propias inadecuaciones con las modernas tecnologías que ellos no pudieron dominar.

A los mexicanos nos afecta mucho más esta segunda crisis, por lo que debemos hacer contacto con la mayoría americana bien instruida, hacerles ver que no hay "trampa" sino condiciones dramáticas fronterizas entre el Tercero y el Primer Mundos, que hay que estudiar bien, en toda su complejidad y tomar aquellas medidas conjuntas que acordemos para beneficio mutuo.

Atte.- JVG.- 05-10-16