20/02/2018
Editoriales

Con el tiempo a favor

Me he dado cuenta que hace tiempo que no agradezco, que las horas se me van tan rápido (la lógica de los que no conocen el CARPE DIEM) que la vida me pasa por enfrente casi casi sin saludar.

Y resulta que los días siguen teniendo 24 horas y no es el tiempo el que se va sino yo quien lo dejo ir capoteándolo como torero permitiendo al viento que me grite vagamente ese OLÉ que me indica que otra vez lo vuelvo a hacer.

Frase célebre entonces no hay tiempo para nada” cuando hasta la nada ocupa tiempo para existir, no se trata tampoco de filosofar o pensar en modo agudo, sino de ser honestos con nosotros mismos y reconocer que le restamos importancia a cosas que realmente la tienen y que el mejor motivo para hacerlo es echarle la culpa al tiempo, a final de cuentas el pobre no se puede defender, no tiene ni voz ni voto, su presencia es casi imperceptible y sin embargo se convierte en la víctima perfecta o el verdugo ejemplar cuando se le necesita.

Pero esto de los días que “no alcanzan para nada” no es nuevo, mi abuelita materna me contaba que en sus “tiempos” las mujeres pasaban el día en la cocina, desde muy temprano se comenzaba a preparar el almuerzo que nada tenía que ver con los ligeros desayunitos de hoy en día, por el contrario, nuestros antepasados se sentaban a la mesa a degustar un verdadero banquete desde en la mañana, que además era de lo más fresco; fruta recién cortada del huerto familiar, huevos de gallina feliz de las que correteaban en los patios de las casas, chorizo recién preparado por las diestras manos de las bisabuelas, pan horneado al momento y leche recién ordeñada de las vacas del establo; por supuesto que hay que reconocer que eso si que consumía buena parte de la mañana de las manos femeninas de la familia y no sólo eso, sino que al terminar el almuerzo ya se estaba pensando en la comida, y nada de picadillos o sopas instantáneas, allí si que había que “fregarse” con caldos y sopas preparados con toda la mano, elaborados guisos con carne y verduras frescas, aguas preparadas en casa con frutos del huerto y divinos postres que estoy seguros todos recordamos de los que solían preparar nuestras abuelas.

A media tarde la merienda era obligada, riquísimo pan dulce elaborado en casa y acompañado de café o chocolate también caseros hacían la delicia de chicos y grandes.

Ah! Pero la cosa no paraba allí, al final del día la cena era también motivo de reunión de la familia en la mesa y por supuesto no menos importante que el resto de las comidas del día, lo que hoy puede terminar en un cereal, un sándwich o un huevito con jamón, en aquella época tendría el equivalente a la comida de mediodía de ahora; un buen cortadillo o cualquier otro guisado de los que son comunes hoy en día eran lo que se degustaba para terminar la jornada de trabajo de los hombres y  la “estancia en casa poco productiva” de las mujeres.

¿Qué tiempos no? Y pensar que siempre hemos creído que la vida del género femenino era tan sencilla, hasta desvaloramos el hecho de que ellas no salieran a “ganarse la vida” apoyando a sus hombres en el aspecto económico.

Así vemos que cada época tiene lo suyo y que las 24 horas del día siempre han sido pocas para las ocupaciones mundanas en general, pensar que por vivir en el siglo XXI vamos de prisa y sin tiempo para nada nos convierte simplemente en mortales que pasamos por esta tierra haciendo uso del recurso de culpa al tiempo para no hacernos responsables de nuestro andar; de tal manera resulta increíble ver que somos una generación que abandona a nuestros adultos mayores porque el trabajo, la casa y los hijos nos dejan exhaustos y sin ganas de nada, es así que películas como COCO nos regresan a la realidad de venerar a quienes nos dieron la vida y nos cuidaron con esmero y dedicación cuando niños.

Usemos por lo tanto el tiempo a nuestro favor, de la mejor manera, aprovechando cada instante para producir mejores recuerdos, inolvidables momentos y grandes triunfos en lo que verdaderamente cuenta: amar a manos llenas (eso nunca nos cansa), abrazar, besar, decir a los demás lo importantes que son para nosotros, en fin, no seamos presas fáciles del correr del reloj y por el contrario regalemos nuestros mejores tiempos a quienes nos ayudan en este diario transitar llamado vida.

Te deseo que siempre encuentres tiempo para amar, que quienes te rodean tengan tiempo para ti y que al final de tus tiempos el balance sea perfecto para que al cerrar los ojos por última vez sea el tiempo correcto de decir adiós a una vida plena y repleta de valor.