21/01/2018
Editoriales

Oremos por México

Nunca como ahora, ésta hermosa tierra mexicana se había convulsionado con tanto dolor, angustia y desesperación. Voces de consuelo ya se dejan escuchar por doquier y centenares de almas solidarias están entregando todo su apoyo a quienes hoy más lo necesitan. Lamentablemente, México está de luto… México tiene el alma fracturada.

Aún recuerdo, como si fuera ayer, aquel triste 19 de septiembre de 1985. Lo viví de lejos, igual que lo hago ahora.  Sin embargo, la distancia no impide que sienta de nuevo, una fractura en mi alma.

El panorama de hoy se asemeja mucho al de ayer. Son dos eventos registrados el mismo día pero con 32 años de diferencia. ¿Acaso es una cruel coincidencia?

Que daríamos por quedar fuera de ésta realidad  y sentir que no ha pasado nada… Pero, aunque la vida, tristemente nos recuerde lo frágil que somos, sé que aún existe mucho amor para dar y rescatar de entre los escombros.

En momentos duros y dolorosos, cuando he sentido un gran vacío o temor, y hasta cuando algo ronda amenazante, es que recuerdo cada letra de mis oraciones predilectas.  

Un día, San Ignacio de Loyola dijo: “hay que trabajar como si todo dependiera de la acción y hay que orar como si todo dependiera de la oración”.

Ante esta inevitable situación por la que actualmente pasamos, no está de más orar como si todo dependiera de ello, ya que, el poder de una oración es infinito y ciertamente desconocido.

«Cuenta un relato que una mujer pobremente vestida, con un rostro que reflejaba derrota, entró a una tienda. La mujer se acercó al dueño de la tienda y de la manera más humilde le solicitó crédito.

Con voz suave le explicó que su esposo estaba muy enfermo y que no podía trabajar; tenían siete niños y necesitaban comida.

El dueño le gritó y le pidió que abandonara su tienda.

De pie y cerca del mostrador, se encontraba un cliente que escuchó la conversación y le dijo al dueño que él se haría cargo de lo que la mujer necesitara para su familia.

El dueño, de una manera muy tosca, preguntó a la mujer: “¿tiene usted una lista de compras?” ella dijo: “sí, señor”. “Está bien –añadió el dueño-, ponga su lista en la balanza y lo que pese, yo se lo daré en comestibles”.

La mujer titubeó por un momento, cabizbaja buscó en su cartera un pedazo de papel y escribió algo en él. Puso el pedazo de papel, cabizbaja aún, en la balanza. 

Los ojos del dueño y el cliente se llenaron de asombro cuando la balanza se fue hasta lo más bajo y se quedó así.

Finalmente, el dueño de la tienda, agarró el pedazo de papel y lo miró con mucho más asombro... no era una lista de compras, era una oración que decía: “Querido Señor, tú conoces mis necesidades y yo voy a dejar esto en tus manos”. El dueño de la tienda le dio los comestibles que había reunido y se quedó allí en silencio.

La mujer le agradeció y abandonó su tienda. El cliente le entregó un billete al dueño, y le dijo: “Lo que sucedió, ha valido cada centavo de este billete”.
Solo Dios sabe cuánto pesa una oración.

Autor desconocido…»

Hoy más que nunca, tengo la certeza de que una oración puede hacer posible lo imposible y más fácil lo que resulta difícil. Cabe mencionar que la perseverancia y la fe son elementos importantes para una buena oración.

Lamentablemente, estamos viviendo tiempos difíciles y cada segundo que pasa se torna frío y cruel…. Por tal motivo, no encuentro una razón de peso para ignorar el poder de una oración.

 

Oremos todos porque esta tan marcada ola de eventos críticos finalice pronto y México recupere su paz. Oremos todos por los que ahora –inevitablemente- tienen el alma fracturada.