16/11/2018
Editoriales

Stalin y Hitler se admiraban mutuamente

La historia de la Segunda Guerra Mundial no es lineal. No se puede escribir tan solo narrando los enfrentamientos entre Los Aliados y El Eje Berlín - Italia - Japón. Antes de que se definieran y compactaran las alineaciones de las potencias, hubo cualquier cantidad de acuerdos en lo oscurito y cabildeos por debajo de la mesa que después se desconocieron.

Uno de ellos, según versiones creíbles fue el firmado un día como ayer, 23 de agosto, pero de 1939, entre la Alemania Nacional socialista y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, representadas por sus líderes Adolfo Hitler y Josif Stalin. Se trató de un Pacto de Amistad que significó la luz verde para que Hitler se aventara directo en contra de las democracias occidentales y consiguiera conquistar la mitad del territorio europeo.

Berlín y Moscú comunicaron al mundo que los dos regímenes políticos más opuestos de Europa habían acordado ser amigos.

Es lógico pensar que eso no fue fortuito, pues este Pacto infería el reparto en secreto de la Europa Oriental. El colaboracionismo soviético con el expansionismo nazi duró casi dos años, aunque terminada la conflagración se trató de minimizar con todo el aparato publicitario estalinista.  

Además, este Pacto tuvo serias repercusiones en diversos países, como por ejemplo, en Francia, donde según estas versiones publicadas en prensa francesa, los comunistas de esta nación montaron escuadrones de la muerte para eliminar a los camaradas que desaprobaran las decisiones de Stalin. 

Inmediatamente, el día 24, el papa Pío XII pronunció un impresionante mensaje radiofónico pidiendo paz para Europa.   

Pero luego el colofón de esa amistad vino con el Acuerdo Comercial del 11 de febrero de 1940 mediante el cual la URSS se comprometía a suministrar a Alemania petróleo, hierro, manganeso y cromo, que eran los minerales que Alemania requería con urgencia dado que el bloqueo naval no le permitía importarlos. Alemania por su parte, le daría a la URSS equipos militares, industriales, ferroviarios y farmacéuticos. Además, tuvieron un intercambio de prisioneros. 

Este Pacto que hoy recordamos promovió votaciones unidas de nazis y comunistas en el Parlamento alemán de la República de Weimar para derribar Gobiernos. 

Hay declaraciones de gente cercana a ambos líderes, que testifican que Hitler y Stalin se admiraban mutuamente, el dato más ilustrativo es que Stalin llegó a brindar con el ministro Ribbentrop por la salud del führer nazi.

Ahora que vemos una luna de miel entre los dos grandes líderes actuales, el presidente norteamericano Donald Trump y el ruso Vladimir Putin, deberíamos poner nuestras barbas a remojar.