16/Jan/2021
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Diciembre 3 de 1827: muere en Ciudad de México, dentro del Palacio Nacional, el ilustre regiomontano, fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra. Nació en nuestra Ciudad, en el hogar de Joaquín de Mier y Noriega, quien fuera regidor de Monterrey y gobernador del estado, descendiente de la estirpe Guerra Buentello -de los primeros españoles asentados en la región-. Estudió en el Colegio de los Dominicos en Ciudad de México en 1780, y después en el colegio Porta Celi, alcanzando el doctorado en filosofía y teología. Pronto se prestigió en base a su ágil oratoria, pues en noviembre 8 de 1794 pronunció la Oración fúnebre por Hernán Cortés, impresionando a todos.

Esta fue su carta de presentación en las alturas de la política, siendo designado para que pronunciara el día 12 de diciembre, en la Colegiata de Guadalupe, el sermón en honor de la Virgen Morena. Sin embargo, en su alocución puso en tela de duda las apariciones de la Virgen, quedando estigmatizado por esa osadía toda su vida. Fue encarcelado y en su expediente quedó la mancha de ser condenado a diez años de exilio y recluido en Santander, España, retirándosele el título de doctor. El edicto condenatorio fue leído en toda la Nueva España, a excepción de la diócesis de Nuevo León, porque el obispo era un viejo amigo suyo. Tras dos meses de reclusión en San Juan de Ulúa, fue embarcado rumbo a Cádiz y no volvería a México sino hasta 1817, formando parte de la expedición libertaria de Martín Xavier Mina. En Europa vivió intensamente históricos incidentes de encarcelamientos y escapes novelescos. Pero su aguda inteligencia y cultura le ayudaron a convertirse en un estupendo escritor. En abril de 1817, desembarcarcó en Soto la Marina con Mina y un grupo de guerrilleros que vinieron a luchar por la Independencia mexicana, aunque fracasaron militarmente. Prendieron al Padre Mier en Soto la Marina, para ingresar de nuevo a las cárceles mexicanas.

En ese tiempo escribió La Apología y Relación de lo Ocurrido en Europa hasta octubre de 1805, obra a la que luego le llamarían “Memorias”. También escribió Manifiesto Apologético, texto que revisó en San Juan de Ulúa, y al mismo tiempo redactaba: Carta de Despedida a los Mexicanos, Cuestión Política: ¿Puede ser libre la Nueva España?; Y la obra Idea de la Constitución. Cuando atracó en Cuba el barco que le llevaba a España, se fugó huyendo a Filadelfia, donde publicó: Memoria Político Instructiva, rechazando el Tratado de Córdoba suscrito por Iturbide, declarándose Republicano. En 1822 regresó a México y fue elegido diputado por Nuevo León al Congreso Constituyente, aunque regresó “De visita” a la cárcel de San Juan de Ulúa de febrero a mayo, hasta la coronación del monarca Agustín I, cuando fue liberado. Pero de inmediato se enfrentó a Iturbide y fue perseguido de nuevo. Los grandes cambios del decimonono mexicano registran la participación directa y proactiva de fray Servando, pues cuando se consolidó la República, el primer presidente Guadalupe Victoria, lo invitó a vivir sus últimos años en el Palacio Nacional, muriendo allí el 3 de diciembre de 1827. Fray Servando Teresa de Mier participó en los momentos críticos de la Independencia, durante la Monarquía y en la primera parte de la República. Su opinión para determinar que la Ciudad de México fuera capital del país, fue categórica. Por todo ello, una de las avenidas más importantes de la Ciudad de México lleva su nombre, así como en varias ciudades de la República. Desde luego que, en su tierra Monterrey, la icónica calle del Padre Mier, antes llamada “Calle de la plaza de la carne” y “Calle del mercado”, desde 1828 se denominó Calle del Doctor Mier, hasta 1906, cuando el Ayuntamiento la renombró Calle Padre Mier. En su honor existe también el Municipio de Mier y Noriega ubicado en el sur del Estado de Nuevo León, lindando con San Luis Potosí. Ha sido catalogado por algunos historiadores como El Primer Regiomontano Universal.