31/Mar/2020
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Diciembre 18: Día de pastorela en nuestro país. Se trata de uno de los eventos populares más esperados de la temporada, que se prepara desde el mes anterior determinando el elenco, escenografía y los cánticos. En la pastorela hay dos escenarios: el pesebre y el infierno. Entre los pastores son dos los principales: Gila y Susana. Cuatro diablos; Lucifer, Luzbel, Asmodeo y el Pecado. Un ermitaño, Bartolo, y el Loco. Hay dos narradores (Bato y Tebano), así como el arcángel Gabriel. La sagrada Familia y el Coro, cuyo concurso invita a todos, al final, a repetir con los ángeles: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluuntad”.                                                                                                

 Sus orígenes vienen de cuando los evangelizadores llegaron a la Nueva España, buscando  difundir la religión aprovechando puntos de contacto que facilitaran la conversión de los indígenas. Por ejemplo, el día que los aztecas celebraban el nacimiento de Huitzilopochtli coincide con la época de Navidad. Estos días, los tenochcas llevaban invitados a sus casas y les ofrecían tzóatl lo que hoy conocemos como “alegría” (dulce de amaranto). Así, de alguna manera, “fusionaron” tradiciones cristianas con costumbres nativas. La piñata, el nacimiento, las posadas, los reyes magos, la cena de Navidad, los villancicos y las pastorelas, aunque pertenecen enteramente a la tradición cristiana, adoptaron rasgos y elementos indígenas que permanecen hasta hoy. Las posadas surgieron de las celebraciones de las Iglesias para instalarse en las calles y plazas. Al anochecer se acostumbra comenzar la posada con una oración, luego se forma la gente detrás de los “santos peregrinos” (José y María) con velas y cantos, se dicen las letanías para luego pasar al patio de la iglesia a romper la piñata. La piñata no es original de México, sino de China. Allá se confeccionaban figuras de animales cubiertas con papeles de colores rellenas de semillas y se les golpeaba con varas de colores. Marco Polo lleva esta costumbre a Europa en el siglo XII, con nombre de “pignata” y adquiere su propia simbología: representa la vanidad, la venda en los ojos, la fe y el palo la virtud que vence el mal. De Italia pasa a España y los conquistadores la traen para acá. Los catequistas le pusieron símbolos bíblicos como la lira de David, la estrella de Belén o la rosa de Jericó, en vistosos colores. Con ella atraen a los indígenas a las festividades religiosas de la Navidad, en especial a los niños. Las pastorelas se derivan del teatro europeo medieval; de España pasan a México, y mientras aquí proliferan, allá desaparecen. La primera escenificación es de 1527 en Cuernavaca como “La comedia de los Reyes” Hay documentos que hablan de otra pastorela que representa la batalla entre San Miguel y Lucifer; esta obra se encontró escrita en náhuatl. Al principio las pastorelas tuvieron finalidad evangelizadora, y se convirtieron en costumbre popular. Esencialmente las características de las pastorelas han sido las mismas a lo largo de cuatrocientos años. Se escriben por lo regular en verso, tienen la misma trama, sus personajes son ingenuos pastores, o varios demonios, arcángeles, ángeles, los reyes Magos y la Sagrada Familia, incorporándole música tradicional de cada región. Es que la representación de Jesús, María, José, los pastores, los ángeles, el burro, la vaca y el pesebre se celebra desde la llegada de los primeros misioneros. El toque mexicano lo da la artesanía y cada región tiene su propia forma de elaboración. Desafortunadamente la influencia cultural norteamericana ha impuesto el árbol de navidad y las pastorelas se ven cada vez menos, en mi niñez eran muy esperadas por los chiquillos que nos impresionaban pero agradaban. Hoy hasta las pastorelas cómico – políticas se han visto disminuidas, que aunque nada tienen qué ver con la celebración religiosa, es una evocación –aunque sea chusca- de nuestra cultura heredada desde las primeras épocas de la colonia.