25/09/2018
Editoriales

Febrero 20 de 1929: Nace en Monterrey, Raymundo "Chico" Rivera, quien sería un destacado ingeniero civil, deportista e investigador reconocido a nivel nacional e internacional

Febrero 20 de 1929: Nace en Monterrey, Raymundo "Chico" Rivera, quien sería un destacado ingeniero civil, deportista e investigador reconocido a nivel nacional e internacional. Raymundo Rivera Villarreal, es el octavo de diez hijos del matrimonio de Julio Rivera de la Cruz con Amanda Villarreal Villarreal.

Don Julio era contador y llevaba en su casa la contabilidad de importantes negocios de Nuevo León, así que Raymundo creció en un ambiente de trabajo por lo que estudiaba desde niño todo el ciclo escolar y en las vacaciones laboraba. Cursó sus primeras letras en el Colegio Morelos, donde se le reconocía como el mejor estudiante de toda la escuela.

Sus estudios secundarios fueron en la Secundaria Número Uno, la preparatoria y profesional las estudió en la Universidad de Nuevo León, egresando de la Facultad de Ingeniería Civil en el año de 1950. En 1959 casa con Margarita del Carmen González con quien procrea cuatro hijos, tres hombres y una mujer. Desde 1945 que ingresó como estudiante a la Facultad de Ingeniería –en el histórico edificio de Colegio Civil-, Chico Rivera supo que nunca saldría de ella, pues desde el segundo año, ya daba clases a los alumnos del primero (sistema lancasteriano), y una vez terminados sus estudios a nivel licenciatura, allí desarrolló una inmensa creatividad dando cátedra y trabajando en los laboratorios de la escuela. Chico Rivera graficó la curva del derrotero de su vida con una especie de elipse que iniciaba y regresaba a su punto inicial: la Facultad de Ingeniería Civil. Se recibe de Ingeniero Civil en abril 12 de 1957 y dedica su vida al estudio del concreto hidráulico, su elaboración, control de calidad y su aplicación. Los últimos años los dedica a la investigación del uso de aditivos y suplementos cementantes para concretos de alto comportamiento, y especialmente en la durabilidad del concreto.

Sus reflexiones acerca del posible colapso de muchas de las más importantes obras construidas en el mundo por los ingenieros civiles hicieron chuza en los congresos internacionales en los que disertaba. Decía que la fatiga del CH es impredecible cuando su durabilidad no fue calculada durante su elaboración. Investigaba cómo reforzar los concretos fatigados para extender su vida útil sin tener que demoler las costosas obras construidas en el mundo. Lector ávido y escritor prolífico de Apuntes para estudiantes, de Requisitos para el diseño y control de calidad de pavimentos, de Obras traducidas del inglés, de Reportes técnicos del RILEM (Report 10 Aplication of Admixture in Concrete, del comité RILEM 84 AAC, una importante participación en el capítulo Air Entraining Admixtures).

Tradujo cualquier cantidad de normas y especificaciones de la ASTM (Sociedad Americana para Pruebas y Materiales) para utilizarse en cursos de Tecnología del Concreto y Laboratorio. En absolutamente todos los simposios de concreto hidráulico celebrados en América Latina, los organizadores lo invitaban como presidente o cuando menos como conferenciante, por ello sus libros de Memorias actualmente se traducen a otros idiomas.

54 años de labor docente, dando clases por horas, como maestro de media planta, maestro de tiempo completo y maestro de tiempo exclusivo en nuestra querida Facultad, le pudieron dar la oportunidad de ser su Director, pero nunca quiso inscribirse en esas contiendas democráticas, pues su vida era la academia y el deporte, además su carácter no iba con la política: decía lo que pensaba y hacía lo que decía, variables que desafortunadamente no dan buen resultado en una fórmula política.

Fue un extraordinario deportista que dedicó el tiempo que debería descansar a organizar torneos deportivos, siendo titular del departamento de deportes de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Su obra cumbre es el Instituto de Ingeniería Civil que ahora lleva su nombre, y el estadio universitario "Chico Rivera" honra su paso por los emparrillados de fútbol americano, su dedicación a dirigir el equipo de "Castores" de Ingeniería Civil y su impulso a todos los deportes universitarios. Tuve la fortuna de ser su alumno y fue mi coach cuando jugué con el equipo de Castores; colecciono añoradas anécdotas que alguna vez recordé junto con él y que asombrosamente las tenía registradas en su memoria pese a los múltiples datos que cargaba en su cabeza. Por entender finalmente su carácter especialmente difícil, cuando murió el 27 de diciembre de 2003, mi agradecimiento por las enseñanzas que de él recibí, creció. Hoy recordamos al maestro estricto y buen amigo.