21/05/2018
Editoriales

Los Grandes Gobernadores de Nuevo León, Jerónimo Treviño, segunda parte

En el texto anterior hablamos del origen militar de Jerónimo Treviño y, a diferencia de Don Santiago Roel, que lo describe como “más militar que estadista”, consideramos grande su gubernatura por haber sentado las bases de las primeras reformas administrativa y fiscal, a pesar de que esta última no aterrizó por falta de información censal. En su gobierno alcanzaron el estatus de municipios los poblados y rancherías de General Escobedo, General Treviño (en reconocimiento a su participación en la invasión francesa), General Bravo, y Villa de Juárez. Gobernó exitosamente al grado que en 1870 presentó su renuncia y el Congreso no la aceptó argumentando que era muy importante que siguiera al frente del Gobierno estatal.

  

Sin embargo, la reelección de Treviño para el periodo 1871-1873 fue controvertida. En la de 1869 no hubo problemas a pesar de que en las urnas había obtenido más votos Simón de la Garza Melo -casi 16 mil contra 10 mil de Treviño-, porque las juntas escrutadoras de los importantes municipios de Monterrey, García, Linares y Montemorelos anularon casi la mitad, resultando triunfador Treviño por 10 mil votos contra 8 mil de De la Garza Melo, y esa misma anulación de votos se repitió en la elección de ayuntamientos, sin mayor objeción aparente de los votantes.

 

Pero las impugnaciones comenzaron en Monterrey cuando, el 18 de diciembre de 1870, “Diez escrutadores de los que han compuesto la junta general de esta ciudad” presentaron una queja alegando que “la mayoría de los escrutadores” habían negado el derecho a votar de algunos ciudadanos aplicando normas antiguas como no saber leer y escribir, ser sirvientes, no estar registrados en la guardia nacional y algunas otras excusas a individuos que estaban en el padrón, es decir, que ya habían adquirido su derecho a votar. Además, acusaban a los escrutadores de que al momento de abrir los paquetes para contar los votos “eliminaron cuanto voto desearon de una manera injustificable”.

 

Los nombres de los diez escrutadores quejosos eran: David Cantú, Tomás García, Francisco Lomelí, Ramón Jiménez, Juan Rodríguez, Guadalupe Piña, Luciano Elizondo, Adrián Elizondo, Luz Guerra y Anastasio L. Hernández, quienes acompañaban su documento de queja con un centenar de firmas de vecinos.

 

Y como hubo más quejas en varios municipios, el gobierno de Jerónimo Treviño tuvo que responder el 24 de diciembre de 1870, con el insípido fundamento de que el “El supremo poder del estado se divide, según el artículo 38 de la constitución, en electoral, legislativo, ejecutivo y judicial. El poder electoral lo constituyen las asambleas (municipales electorales) según el tenor literal del artículo 44 que dice se instalarán por su propio derecho con independencia de todo otro poder político y ninguna autoridad puede darles órdenes impedir su funcionamiento ni revisar sus actos”.

 

Seguramente, esto lo hizo Treviño porque anular la elección municipal sería reconocer la irregularidad de la suya. Ante esa respuesta, los quejosos recurrieron al Congreso, pero en esas fechas de diciembre operaba la Comisión permanente, que a fines del mencionado mes (el día está ilegible en el documento) formó un expediente y realizó algunas investigaciones que se turnaron al Pleno del Congreso.

 

Anula el Congreso las elecciones municipales impugnadas

Finalmente, el 12 de abril de 1871, una comisión del Congreso presentó un dictamen en el que se reconocía autoridad para declarar la nulidad de las elecciones y que ningún poder (Ejecutivo, Legislativo, Judicial o Electoral) era intocable, pues los actos de unos eran revisados por los otros o al menos vigilados, además dio por ciertas las acusaciones que los "Díez escrutadores" habían presentado, proponiendo el siguiente decreto:

 

“1ª Es nulo lo hecho por la mayoría de la junta de escrutadores de esta ciudad (Monterrey).

2ª La junta de escrutadores con vista de los expedientes de elección hará nuevo cómputo de los votos emitidos para funcionarios municipales y evitará estrictamente de no desechar los votos de los que conforme a la constitución tienen el derecho de ciudadanos, como tampoco de incluir los que conste evidentemente que no lo tienen”. Este proyecto de decreto tuvo una segunda lectura y discusión el 17 de abril de 1871 y lo aprobó el Pleno el 24 de abril de 1871.

 

Para entender este decreto se debe saber que en la democracia nuevoleonesa desde 1857 no se usaba la boleta australiana, es decir, que el Gobierno no imprimía la boleta electoral, sino que cada ciudadano llevaba el nombre de su candidato apuntado en papel común, y no había secrecía. En una lista, el secretario de la Junta Electoral apuntaba el nombre del votante y el sentido de su voto. Llama la atención que en el decreto no se toma en cuenta la elección del gobernador Treviño, sólo se refiere a las elecciones municipales. En consecuencia, durante los siguientes meses se anularon las elecciones de los municipios impugnados.

 

Treviño promueve la autonomía municipal, y comienza su declive

Por otra parte, en este nuevo periodo de gobierno, el general Treviño sentó las bases para una nueva fórmula de distribución de los recursos dándole más participaciones a los municipios. Les transfirió algunos impuestos estatales, y les dio facultades para crear nuevos, buscando que los gobiernos municipales tuvieran autonomía. Pero, de todas formas, tras su complicada re-elección, la popularidad de Jerónimo Treviño vino a menos. Luego, tuvo una decidida participación en la política nacional que derivó en su caída del gobierno.

 

Se celebraban, del 10 de junio al 25 de julio de 1871, elecciones indirectas para elegir presidente de la República y presidente de la Suprema Corte de la Nación. El proceso consistía en que los electores, en Juntas Municipales, votaban a Electores de Distrito que, en una Junta Distrital elegían Diputados federales, Presidente de la República y Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Los resultados fueron: Benito Juárez 5 mil 837 votos; Porfirio Díaz 3 mil 555; Sebastián Lerdo de Tejada 2 mil 874 y otros candidatos 95 votos. Por lo que, al no obtener nadie la mayoría absoluta, el 12 de octubre de 1871, el Congreso de la Unión eligió presidente de la República a Juárez, y a Sebastián Lerdo de Tejada, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

 

Como era de esperarse, hubo un alzamiento de Porfirio Díaz y algunos amigos liberales como Rosendo Márquez Hermosillo, Manuel González, Miguel Negrete y el gobernador de Nuevo León, Jerónimo Treviño. Ellos argüían que Juárez ya llevaba demasiado tiempo en el poder y que pretendía eternizarse, iniciándose la llamada Revolución de la Noria.

 

Sale Treviño de la gubernatura y deja a Garza García en el Ejecutivo

Para esto, desde el 4 de octubre de 1871, Jerónimo Treviño había dejado el gobierno del Estado para irse a la revolución, dejando de gobernador y comandante militar en Nuevo León, a Genaro Garza García. Desde luego que ese nombramiento no era legal, por lo que ni el Congreso, ni el Tribunal de Justicia lo aceptaron y prefirieron disolverse antes que apoyar el nombramiento de Garza García.

 

En cuanto a la revolución de La Noria, el presidente Juárez la aplastó el 4 de julio de 1872 con el ejército federal, y de inmediato –el 9 de julio- nombró gobernador de Nuevo León a Lázaro Garza Ayala. Pero nueve días después, el 18 de julio de 1872, murió Juárez, siendo sustituido por Sebastián Lerdo de Tejada, presidente de la Suprema Corte de Justicia, quien amnistió a Treviño y a Garza García.

 

Llega Díaz a la presidencia y revive políticamente a Treviño

Jerónimo Treviño se retiró a la vida privada, hasta que en 1876, Porfirio Díaz, luego de perder la elección para presidente de la república (Lerdo de Tejada: 7536 votos; José María Iglesias: 368 votos; Porfirio Díaz: 102 votos, y otros candidatos: 282 votos), se levantó contra Lerdo de Tejada y lo derrocó en 1877. Esto revivió a Jerónimo Treviño, pues Díaz lo nombró jefe de la División del Norte en 1877, y en ese mismo año Treviño volvió a ser electo gobernador de Nuevo León. Sin embargo, no ocupó el cargo, renunciando desde San Luis Potosí bajo el siguiente argumento:

 

“Quedo impuesto de haber sido declarado gobernador constitucional del estado por haber obtenido la mayoría absoluta de votos.

Estoy profundamente agradecido al pueblo de Nuevo León por esa alta prueba de confianza con que por cuarta vez me honra... Si no fuera por existir el poderoso inconveniente de estar encargado del mando de la división de la Línea del Norte por el general en jefe, depositario del Poder Ejecutivo de la Nación, cuyo empleo es incompatible con aquel encargo.

Por lo que renuncio ante esta H. asamblea el honroso nombramiento que me comunica, por conducto del cual doy a mis conciudadanos las más cumplidas gracias”.

 

Esta comunicación fechada el 28 de marzo de 1877 en San Luis Potosí, fue aceptada por el Congreso el 16 de abril de 1877. Siete años después, el 25 de junio de 1884, Jerónimo Treviño se retiró de la milicia, dedicándose a la labranza en sus propiedades en Coahuila, así como a actividades industriales y ganaderas. Invirtió en las industrias minera y de fundición, en bancos, transportes y servicios complementarios. En 1887, Treviño, junto a John A. Robertson, participó en la empresa que construyó el ferrocarril de Monterrey al Golfo y la línea a Piedras Negras, e intervino en el fomento del auge industrial de Monterrey.

 

Acepta ser cuña de Díaz contra Bernardo Reyes

Pasaron dos décadas cuando, en 1909, Porfirio Díaz usó de nuevo a Treviño para otra jugada. Lo metió de cuña contra el gobernador Bernardo Reyes, quien se había “brincado las trancas” al buscar la vicepresidencia de la República sin su permiso. Jerónimo Treviño fue nombrado comandante de la III Zona Militar con asiento en Nuevo León. Desde luego que entre Treviño y Reyes jamás hubo buena relación, sino al contrario, malas vibras, que era precisamente lo que buscaba Porfirio Díaz: incomodar a Reyes.

 

Sin embargo, a Porfirio Díaz le salió cara esa jugada de ajedrez, pues al año siguiente, Francisco I. Madero –su rival que terminó derrotándolo-, resultó sobrino político de Jerónimo Treviño, quien secretamente y con recursos nuevoleoneses, lo apoyó en sus aspiraciones presidenciales. Una leyenda urbana sostiene que entre Treviño y Madero hubo un pacto para que la revolución no afectara Monterrey.

 

Última gubernatura de Treviño, que duró un mes

Lo cierto es que el 22 de febrero de 1913, tras el asesinato de Madero y Pino Suárez, el gobernador maderista de Nuevo León, Viviano L. Villarreal, huyó del estado, y el Congreso de Nuevo León, que había reconocido la presidencia del usurpador Victoriano Huerta, eligió a Treviño como gobernador pensando que su disciplina militar lo sometería a Huerta.

 

Sin embargo, Treviño sólo gobernó del 22 de febrero de 1913 al 23 de marzo de 1913, y renunció sin razón alguna. Ante ello Huerta, para no batallar, nombró gobernador de Nuevo León a su amigo leal, Salomé Botello.

 

Jerónimo Treviño se retiró a la vida privada, aunque el 15 de septiembre de 1913 fue nombrado Presidente del Tribunal Superior Militar, nunca ocupó el cargo. Por su parte, Venustiano Carranza estaba seguro que Treviño se uniría a la lucha contra Huerta, sin embargo, por su edad avanzada no participó. Se fue a vivir a Laredo Texas donde murió el 13 de noviembre de 1914. Se llevó la satisfacción de que el 4 de octubre de 1877, se publicó en el Periódico Oficial del estado, su nombramiento como Benemérito del Estado.

 

 

 

 

Fuente

 Ley Orgánica Electoral 1857

México a través de los Siglos, Vicente Riva Palacio y otros, versión electrónica

Periódico Oficial año 1871, 1877, 1913, versión electrónica.