21/11/2018
Editoriales

Abril 3 de 1864: Instala Benito Juárez su gobierno en Monterrey.

Abril 3 de 1864: Instala Benito Juárez su gobierno en Monterrey. El presidente de México arriba a nuestra ciudad luego de que el día dos de abril había desfilado por sus calles el general Negrete al frente de las tropas federales. Es necesario mencionar que las calles de Monterrey estaban adornadas con banderas tricolores y motivos nacionalistas, pues desde la semana anterior -el 29 de marzo- el gobernador Santiago Vidaurri había huído al frente de mil hombres armados rumbo a Texas, sabiendo que llegaría el ejército federal con el general Manuel Doblado y otros militares reputados, custodiando al presidente Juárez, con quien había tenido fuertes discrepancias.

Acompañaba a Vidaurri, Julián Quiroga, su más leal amigo y militar destacado. A su llegada, Juárez encuentra una sociedad regiomontana ávida de conocerle pues su fama era grande y la salida de Vidaurri liberaba el ambiente por lo que don Benito es reconocido como lo que era: el presidente de la República. La estancia de Benito Juárez se prolonga hasta el 15 de agosto, así que tuvo tiempo de hacer vida familiar en nuestra ciudad.

El país estaba invadido por las tropas napoleónicas que vinieron a instalar en el poder a Maximiliano de Habsburgo quien encontró una oposición férrea en el gobierno de Juárez, algo no calculado por Napoleón ni por el grupo de conservadores que apoyaban a la monarquía encabezada por el príncipe europeo. Juárez presidía un gobierno itinerante que había sido obligado a salir de la ciudad de México y cargaba con el archivo de valiosos documentos gubernamentales. "Para reorganizar la administracio´n pu´blica en Nuevo Leo´n, el supremo gobierno ha venido del Saltillo a Monterrey, donde se le ha recibido con positivo entusiasmo, esmera´ndose la poblacio´n en las demostraciones de regocijo con que ha solemnizado la llegada del primer magistrado de la nacio´n.

Las autoridades y varios de los principales vecinos salieron a recibirlo a una legua de distancia de la ciudad. Las casas estuvieron adornadas, de di´a con cortinas, y con luces por la noche. En el tra´nsito para palacio, de muchos balcones arrojaron las sen~oras flores y ramilletes. Los aplausos, los vivas, la alegri´a popular, demostraron la espontaneidad de la recepcio´n, bien distinta de las que proceden de o´rdenes oficiales.

El ayuntamiento y el vecindario dieron al presidente y sus ministros, en el teatro del Progreso, un baile de obsequio, al que concurrieron todas las familias principales de la ciudad. En resumen, nada ha quedado por desear de cuanto pudiera apetecer el ma´s exigente, como testimonio de la satisfaccio´n causada a los habitantes de la capital de Nuevo Leo´n por la cai´da de su tirano".

Escribe José María Iglesias, ministro juarista en sus crónicas sobre la intervención francesa, bajo el título de "Revistas históricas". Juárez desde Monterrey gobierna el país, se instala en las oficinas del gobierno del estado, que se ubicaban en las calles de Morelos y Escobedo, mismas que se convertirían de hecho en el Palacio Nacional, pues ahí despachaba el Señor Presidente, quien se dedica a ejecutar lo que las leyes le facultan y dicta órdenes para que los contingentes que luchan por la soberanía nacional, cuenten con los elementos necesarios para cumplir su patriótica misión. Se comunica frecuentemente con los generales Porfirio Díaz, González Ortega, Mariano Escobedo, Negrete, Treviño, Naranjo, Hinojosa y demás militares que se enfrentaban a las tropas francesas de ocupación. Como abril es ya un mes de calor, Juárez salía a pasear por las noches a la Plaza Zaragoza, acompañado de sus ministros. El atuendo clásico de don Benito Juárez seguía siendo el mismo a pesar del calor. Saco recto, chaleco, y pantalón negro. Guillermo Prieto, José María Iglesias, Sebastián Lerdo de Tejada, eran los más asiduos.

A Juárez le agradaba conversar con el doctor José Eleuterio González "Gonzalitos" por lo que representaba para los nuevoleoneses y por su sabia expresión verbal. Había entre sus acompañantes, desde luego, más nuevoleoneses, pues normalmente estaban a la mano todos los miembros del Cabildo de Monterrey, como Manuel Z. Gómez, Vidal de la Garza Mireles, Pedro Elizondo, José María de la Garza, José de Jesús Benítez, Jesús María Benítez y Pinillos, Lázaro Garza Ayala, Juan C. Doria y otros. La familia Juárez de la Maza –doña Margarita, y sus hijas Manuela, Felícitas y María de Jesús- hicieron amistad con las hijas del general Ignacio Comonfort, Clara y Adela, que vivían en Monterrey, así como con distinguidas damas de la sociedad regiomontana. Guillermo Prieto sacó a la luz su periódico El Cura de Tamajón, donde publicaba en verso noticias y pensamientos de su creatividad poética.

Gobernar el país desde tanta distancia de la ciudad de México representaba un fuerte problema, pero era impensable quedarse a ser derrotados por un ejército que tenía la fama del ser el mejor del mundo y que era apoyado por grupos de mexicanos inconscientes que se entregaban al invasor y hasta promovían su gobierno monárquico. Juárez terminó venciendo a Maximiliano, con el apoyo de muchos militares y gente del pueblo, pero deseo destacar la figura del nuevoleonés Mariano Escobedo quien remató el 15 de mayo de 1867 al imperio acorralado y fusiló a su titular, tres años después de que Monterrey fue capital de la república por más de cuatro meses.