20/Sep/2019
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Agosto 11 de 1866: consigue la emperatriz Carlota una cita con Napoleón III en el Palacio de Saint-Cloud para solicitarle –exigirle que cumpliera con el Tratado de Miramar, pues al retirar las tropas francesas de México dejaría solo a Maximiliano de Habsburgo luchando en contra del ejército de Benito Juárez.

El emperador Napoleón III estaba acompañado de Eugenia de Montijo, pues se trataba de un tema que incumbía a todo el Imperio, y además se escuchaban rumores acerca de que Carlota ya estaba perturbada de sus facultades mentales y a Napoleón le urgía un testigo acerca de los acuerdos que se tomaran. Carlota no se anduvo por las ramas, diciéndole que debía honrar su palabra dejando las tropas en México, y que además a esas tropas les pagara el gobierno francés, porque en México ya casi nadie tributaba debido al estado de guerra que se vivía. Asimismo, le solicitó que sustituyera en el mando al general Bazaine por ser un inepto en toda la extensión de la palabra.

Carlota estaba hospedada en el Gran Hotel de París, y llegó al Palcio luciendo un elegante modelo de ropa y muy sonriente a su encuentro con el máximo dirigente del Imperio francés. Salió llorando por lo que se deduce que no encontró la respuesta que ella buscaba. Hubo otra entrevista, ahora en el Gran Hotel, y Napoleón III llegó solo, subiendo a los aposentos de Carlota, pero regresó demasiado pronto, y desde luego se confirmó que su respuesta había sido negativa, por lo que Carlota le envió a su marido ese mismo día un telegrama a México diciéndole que nada había conseguido. La bella emperatriz estaba perdida, a menos que el Papa la recibiera e interviniera con Napoleón III y a ello se abocó despidiéndose de París y trasladándose a Roma.   

 

Fuente: “La locura de Carlota de Habsburgo”, Victoriano Salado Álvarez