20/Nov/2019
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Agosto 20 de 1847: se lleva a cabo la Batalla de Churubusco en el sur de la Ciudad de México, entre las tropas invasoras norteamericanas dirigidas por el general Scott, contra las defensoras a cargo de los generales José María Anaya y José Rincón. Un día antes los norteamericanos habían derrotado en Padierna al general Valencia, por lo que era obvio el objetivo: iban rumbo al Palacio Nacional, para vencer definitivamente a México, pues ya tenían controlada buena parte del país –entre otras entidades estaba Nuevo León, en donde luego de entregarse la plaza instalaron un gobierno encabezado por militares estadounidenses- y el ejército nacional estaba bajo las órdenes del general Antonio López de Santa Anna, quien ya era “cliente” de los invasores desde la batalla de San Jacinto, en Texas. Santa Anna concentró al ejército mexicano en Peñón Viejo, pues el terreno se prestaba para que los extranjeros batallaran con la altimetría del lugar. Así que en Churubusco chocaron con Anaya, Rincón, y el batallón de San Patricio que defendieron el lugar con uñas y dientes, pero Scott traía a 12 mil marines mientras los defensores eran sólo 2 mil, pues Santa Anna, se había concentrado, tal como dijimos, en Peñón Viejo. El combate fue duro y largo, hasta que los defensores se quedaron sin parque, por lo que, ante el silencio, el capitán Smith se acercó al convento de Churubusco y se asombró al ver a todos los soldados mexicanos formados con todo y sus jefes. De inmediato cortaron cartucho los artilleros norteamericanos, pero Smith los detuvo. El general Twiggs entró con la bandera norteamericana dañada por las balas mexicanas y solicitó a los soldados extranjeros que saludaran militarmente a los mexicanos y después le preguntó a Anaya qué había pasado con el suministro de municiones, y Anaya, tranquilo le respondió: ¡Si hubiera parque usted no estaría aquí! Los marines aplaudieron reconociendo el valor de los soldados mexicanos, pero la invasión continuó hasta que vencieron los desalmados invasores, y se llevaron medio México para su casa.