11/Aug/2020
Editoriales

La ingeniería no es la misma en todas partes

La empresa Atlantic Telegraph Company realizó, en 1858, un segundo intento de tender un cable trasatlántico para mantener comunicados por telégrafo a los continentes americano y europeo. Para ese importante proyecto contrató a dos embarcaciones: El Niágara y el Agamemmon, zarpando el primero de Nueva York y el segundo de la costa inglesa. Ambos iniciaron el mismo día el tendido del cable para encontrarse en medio del océano atlántico y así empatar las dos puntas, ahorrando la mitad del tiempo. Sin embargo, tuvieron un grave problema a la hora de tratar de unir ambos extremos.

Los cables utilizados habían sido fabricados por dos proveedores distintos (uno norteamericano y otro inglés), y tenían las mismas especificaciones técnicas pero estaban tejidos en forma contraria: uno hacia la derecha y el otro hacia la izquierda. Al momento de tratar de la conexión, al girarlos, los cables se deshacían. Los ingenieros de ambos lados tomaron la decisión de fabricar una pieza especial en forma de adaptador para cada uno de los extremos, pero ello reducía drásticamente la conectividad de la señal telegráfica. No tuvieron otra alternativa que así instalarlo a pesar de saber que habría una deficiente señal distorsionando algunas palabras de los mensajes, pero además, la pieza se rompió unas semanas después de instaladas, al no soportar el movimiento del cable en el fondo del mar. El resultado de este garrafal error fue que el proyecto sufrió un retraso de ocho años.