07/Aug/2020
Editoriales

El verdadero desarrollo de Monterrey

Es lugar común referir la frase atribuida al gran escritor José Vasconcelos de “la cultura termina donde comienza la carne asada”. Se supone que la dijo alrededor de 1925, pero con el debido respeto al autor de Ulises Criollo y La Raza Cósmica, erró su reseña pues el norte de México se desarrolló en forma diferente al resto del país. Sobre todo la región noreste y especialmente la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey que, efectivamente su desarrollo económico es grande, pero no excluye a las altas expresiones culturales.

Como Vasconcelos se refería a la época post revolucionaria, si viviera habría que recordarle que en menos de un par de décadas aquí se fundó en 1933 la Universidad de Nuevo León, cuando el Estado ya erogaba en el rubro de educación el 43 por ciento de su presupuesto, y aún así era líder nacional según mediciones de rendimientos académicos. Y ese mismo afán de superación educativa se reflejaba en los aspectos culturales desde 1921 cuando el ingeniero Constantino de Tárnava fundó la primera radioemisora de México y América Latina. En 1919 apareció el periódico El Porvenir, y en 1922 el periódico El Sol, que mucho han aportado para culturizar a diversas generaciones de nuevoleoneses. En cuanto a los centros de cultura, desde el año de 1927 se creó la Escuela de Pintura al aire libre, y en 1928 se fundó la American School Fundation.

En el arte local destacaban poetas como Felipe Guerra Castro; pintores como Pedro Martínez, Celedonio Mireles, e Ignacio Martínez Rendón, y el escultor Fidias Elizondo. En música, los compositores e intérpretes Belisario de Jesús García, Leonor “La China” Flores, Pomposo Caballero, Armando Villarreal, Cesárea Mendoza, Lizandro Esparza, Manuel Durán, Jesús Santos y otros. En el teatro había grandes artistas como: Carmen Alonso, Federico Lozano, Jesús María Alarcón, José Sandoval, Jesús María Alarcón, Beatriz Zertuche, Arturo García Pajujo, Amalia Garza, y Jesús Mena Peña. En las letras brillaba Don Alfonso Reyes, además de Nemesio García Naranjo, Moisés Sáenz, Celedonio Junco de la Vega, Germán Almaraz, María Luisa “Loreley” Garza, Rafael Lozano, Felipe Naranjo, María Valdez, Adolfo León Osorio, José Alvarado, y Encarnación Brondo. Entre los grandes historiadores destacaban David Alberto Cossío, y Santiago Roel Melo. Los caricaturistas de talla nacional Abel Quezada, y el también pintor Alfredo Ramos Martínez, le daban trapío a nuestra entidad. En aquella época se gestó el verdadero desarrollo de Monterrey, pues el desarrollo integral de un pueblo no se consigue sin el crecimiento previo en educación y cultura, que son su mayor tesoro.