14/Nov/2019
Editoriales

La consumación de la Independencia. Iturbide fue conspirador

El 27 de septiembre de 1821, hace 128 años, se consumó la Independencia Nacional. El Ejército Trigarante encabezado por Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero entró a la Ciudad de México enviando un claro mensaje a los mexicanos de que la guerra de Independencia ya había terminado, pues los dos bandos, realistas e insurgentes, marchaban unidos con el mismo propósito: separar al País de España.   

Ciertamente en 1810 habían iniciado las movilizaciones populares convocadas por el cura Hidalgo. Pero esa primera parte de la gesta independentista no cosechó los frutos sembrados, sino hasta una década después maduró el histórico proceso. Las condiciones necesarias se pudieron dar cuando España padeció graves problemas. 

 

Los problemas del Imperio Español

El rey Fernando VII llamado “El Deseado” -cuando fue prendido por Napoleón-, y luego “El Felón” –por derogar en 1814 la Constitución de Cádiz-, afrontaba una revolución liberal encabezada por Rafael del Riego quien, desde el 1 de enero de 1820, proclamó la Constitución en Cabezas de San Juan (Sevilla) y Las Cortes Ordinarias, lo que obligaba al Rey a restaurar el 6 de marzo de 1820 la Constitución y convocar a Cortes. 

Las Cortes se integraron mayoritariamente por diputados moderados, con presencia menor de radicales y absolutistas. Por eso las reformas se aprobaron muy rápido, pero entre ellas había varias sorpresas. Se suprimieron: el fuero religioso, la inquisición y los señoríos, que eran los restos del sistema feudal. Y el colofón de estas reformas estructurales fue la abolición de castas y la amnistía a los insurgentes de todo el reino.

Como era de esperarse, estas reformas enfurecieron a los absolutistas pues perdían privilegios, y tal molestia de los absolutistas españoles se reflejó en nuestro país. Los principales absolutistas novohispanos eran: Manuel de la Bárcena, fray Mariano López de Bravo y Pimentel, Juan José Espinosa de los Monteros, José Bermúdez Zozaya, el obispo de Guadalajara, Juan Cruz Ruiz de Cabañas, Antonio de Mier y Villagómez, Juan Gómez de Navarrete y el obispo de Puebla Antonio Joaquín Pérez Martínez y Robles, liderados todos por Matías de Monteagudo. 

 

Los absolutistas novohispanos también conspiraron

Este grupo de absolutistas novohispanos se reunió para conspirar en el Oratorio del Templo de San Felipe Neri, conocido como La Profesa. Concluyeron en la necesidad de independizar el Virreinato de Nueva España para formar en nuestro país un reino absolutista. Como primer paso debían apoyarse en algún militar destacado, y lo encontraron en el coronel realista Agustín de Iturbide.

 

Miguel Hidalgo intentó reclutar a Agustín de Iturbide

Iturbide siempre fue una notable figura. Desde que inició la insurgencia en 1810, fue invitado por el mismo cura Hidalgo a sumarse a tan noble causa, ofreciéndole como contraparte, además de hacer historia, respetar las tierras de su familia, lo que no era poca cosa. Sin embargo, Iturbide no aceptó. 

Una década después, en 1820, Iturbide fue acusado de crueldad y de saqueos en la región de Querétaro y Guanajuato, por lo que fue suspendido de sus funciones y enviado a Ciudad de México. Su presencia en la Capital coincidió con la Conspiración de La Profesa, y para ayudarlo, Monteagudo habló con Miguel Bataller, oidor en el juicio contra Iturbide. Estos conspiradores le ofrecieron a Iturbide la absolución si lideraba militarmente el movimiento de independencia y absolutista. 

El plan de esta Conspiración era simple: Iturbide debería vencer a Vicente Guerrero, quien dominaba parte del Sur del Virreinato, y así al derrotar al principal insurgente, se prestigiaría. Y una vez prestigiado, se haría del poder para ofrecérselo a un príncipe Borbón.

 

Acepta Iturbide el plan de la Conspiración de La Profesa

En otro frente, el conspirador Monteagudo convenció al conde de Venadito y virrey Apodaca, de nombrar a Iturbide Jefe del Ejército del Sur en lugar de Armijo. Ante semejante plan, al ambicioso Iturbide le agradó la idea y aceptó los términos yéndose en noviembre 16 de 1820 a instalar su cuartel general en Teloloapan. 

Por su parte, Vicente Guerrero dominaba lo que hoy es en su honor, el actual estado de Guerrero. A este caudillo lo amaba la población y además dominaba la guerra de guerrillas. Por eso Iturbide no podía derrotarlo, y ante esa realidad modificó su estrategia, escribiéndole el 10 de enero de 1821 a Guerrero una carta ofreciéndole el indulto, la conservación de su grado militar y una pensión, pero Vicente lo rechazó.

 

Iturbide convence a Vicente Guerrero de unirse para independizar al país.

Luego Iturbide ofreció no considerarlos indultados a él ni a su tropa, sino integrarlos a los ejércitos españoles reconociendo sus grados, con sueldo y finalmente nombrar a Guerrero comandante del Sur. Ya ante esa oferta Guerrero aceptó. Iturbide, feliz, comunicó su acuerdo con Guerrero esperando que el Virrey Apodaca, conde de Venadito, rechazara tantas bondades con Guerrero, pero no fue así, el Virrey también aceptó el trato.

Entonces Iturbide no tenía causa justificada para tomar el poder como había quedado con los conspiradores de La Profesa. Sin embargo, ya pacificado el Sur, el Virrey envió 525 mil pesos a Acapulco para ser reenviados a Manila. Pero Iturbide no desperdiciaría la oportunidad: asaltó el convoy y se quedó con el dinero, consiguiendo así la enemistad del Virrey.

Con el dinero robado, Iturbide compró voluntades de otros jefes militares realistas, quedándose en el Sur para seguir en contacto con Guerrero y juntos, elaborar un plan que promulgaron el 24 de febrero de 1821 en la Ciudad de Iguala, entonces Reino de México, hoy Estado de Guerrero.

 

El Plan de Iguala

Este Plan de Iguala era simple, y a la vez confuso. Nadie podía oponerse, pues le daba gusto a todos, conservando los fueros religioso y militar. A los monárquicos les ofrecía un príncipe borbón, a los insurgentes independencia, y a los liberales una constitución y religión. Todo bajo el grito “religión, independencia y unión.”

Iturbide sorprendía a todos. El Virrey y los conspiradores de La Profesa esperaban una carnicería donde masacraría a Guerrero y demás insurgentes. No lo hizo, y todo le salía bien. Llovieron adhesiones al Plan de Iguala: las tropas de Iturbide y de Guerrero, luego las tropas y el pueblo de Sultepec, después Zitácuaro. Muchos militares como el italiano Vicente Filisola, Anastasio Bustamante, Nicolás Bravo, más algunas adhesiones forzadas como la de Guanajuato, que Bustamante tomó por las armas.

 

Llega el virrey O´Donojú

Conforme avanzaba la insurrección el virrey Apodaca, conde de Venadito, se fue quedando solo, hasta que el 5 de julio de 1821, los jefes militares de la ciudad de México, entre ellos Armijo, lo depusieron y nombraron virrey a Francisco Novella. Claro que al rey no le agradó que un virrey fuera nombrado en Nueva España así que envió a Juan de O´Donojú, quien llegó a Veracruz el 3 de agosto de 1821. Desde que pisó suelo nacional tomó posesión del Virreinato e intentó viajar a la Ciudad de México, que era defendida por Novella y sitiada por Iturbide y Guerrero.

 

El Tratado de Córdoba da la Independencia al Imperio Mexicano

Sin tener aliados, un enfermo y solitario virrey O’Donoju tuvo que reunirse el 23 de agosto de 1821 en Córdoba con los representantes del Ejército Trigarante, y firmar el Tratado de Córdoba que reconocía la Independencia de México. Días después, el 27 de septiembre, con ese documento Agustín de Iturbide entró triunfante a la antigua Capital Virreinal convertida ahora en Capital Imperial.

Como se puede ver, la mayor parte de estos importantes acontecimientos sucedieron en el Centro y el Sur del virreinato, mientras que, en los territorios nórdicos de las Provincias Internas de Oriente se vivía en otro mundo. 

 

Los avatares de Las Provincias Internas de Oriente

Las Provincias Internas de Oriente, provincias menores de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Texas, eran gobernadas desde 1811 por el fiero barcelonés Joaquín de Arredondo, quien había llegado para aplacar la revuelta causada por Hidalgo y secundada por Bernardo Gutiérrez de Lara.

La región tenía varios centros de poder. En Monterrey se asentaba la Diputación Provincial y la Comandancia General; en Saltillo, la Caja Real y en Tampico había un Capitán a Guerra, contrapeso militar del Comandante General. Cada provincia tenía su gobernador y su propia diputación, pero en palabras de Miguel Ramos Arizpe, las Provincias Internas de Oriente vivían bajo el “despotismo militar” de Arredondo.

Sufrían problemas estructurales casi imposibles de resolver. Comenzando por la falta de recursos para pagar sueldos a las tropas que defendían un territorio tan amplio, y eso era pretexto para que los soldados recurrieran al hurto y al pillaje. Los indios bárbaros eran un constante problema, el comercio ilegal y sobre todo la llegada de anglosajones a Texas. Arredondo se la pasaba pidiéndole recursos al Virrey sin respuesta favorable.

 

Comienzan las adhesiones al Plan de Iguala

Así estaba Arredondo hasta que, el 1°de julio de 1821, el Cuerpo de Granaderos de Saltillo, más algunos miembros del Cabildo de esa Ciudad y “vecinos notables” reunidos en la llamada Junta de Saltillo, declararon su adhesión al Plan de Iguala y a la Independencia.

Un Arredondo arrinconado reaccionó enviando por las Arcas Reales para utilizarlas en la defensa de un sistema político que ya estaba muerto. Pero el Tesorero de Saltillo lo impidió, lastimando al orgulloso Arredondo y empeorando su situación cuando buena  parte de su batallón, el Fijo de Veracruz, se unió  a la Independencia.

 

Desconocen los importantes de Monterrey a Arredondo

Refugiado en su casa del rumbo del Obispado, Arredondo se jugó su última carta el 3 de Julio de 1821. Convocó a una reunión con lo que quedaba de su tropa, parte del Cabildo y algunos vecinos; pero el resultado no le favoreció, se aceptó el Plan de Iguala y se desconoció su mando.

En Tamaulipas, en esos mismos días, el capitán Juan Antonio Fernández de Córdoba y el sacerdote Miguel de la Garza (activo en la insurgencia desde la época de Hidalgo) proclamaron la Independencia en la Villa de Aguayo, hoy Ciudad Victoria, siguiéndole Zenón Fernández y su tropa en Río Verde. Así Tamaulipas se independizó y su gobernador, el andaluz José María de Echegaray, fue solo testigo. Sin embargo, se quedó de gobernador hasta 1822. 

Desesperado, Arredondo escribió al virrey Apodaca, conde de Venadito, diciéndole que todo estaba perdido que podían pensar en voltear a ver a Iturbide: “la fuerza armada de que puedo disponer para contener cualquiera exceso, se halla desunida, muerta de hambre, y sin paga, y por decirlo de una vez, nada tiene de que subsistir, ni esperanzas de conseguirlo á menos que Vuestra Excelencia se sirva dispensárselo: tiene a la vista en Iturbide”.

 

Última intentona de Arredondo para conservar un sistema de gobierno muerto

Arredondo manifestó al virrey Apodaca que no se rendiría, y negaba toda culpa: no me hallo libre de una reacción militar: “mi persona será sacrificada, y a ello estoy pronto con los pocos o ningunos que quieran cumplir con sus deberes; pero sea cual fuere la suerte de estas provincias, protesto de nuevo a Vuestra Excelencia no será mía la responsabilidad, si como hasta aquí carezco de los auxilios que prestan la subsistencia del soldado”.

El gobernador colonial de Coahuila, Antonio Elosúa, convencido de que no llegaría la ayuda, el 6 de julio de 1821 declaró la adhesión al Plan de Iguala y el 7 de julio de 1821, Tamaulipas.

 

En Monterrey se declara la Independencia

En Nuevo León no había gobernador desde 1811 cuando el gobernador Santa María se fue a pelear a favor de la Independencia, así que el alcalde de Monterrey ejercía la doble función. Nuevo León se esperó hasta el final y así el 18 de noviembre de 1821:

"18 de noviembre de 1821, primero de nuestra Yndependencia… el Señor Comandante General y Gefe Superior Politico (…)Teniente coronel Don Gaspar Lopez, que precidió el Muy Ylustre ayuntamiento de esta Capital, las Diputaciones de la Excelentísima Junta Provincial, y Venerable cabildo Excelentísimo que compusieron la primera el Señor doctor Don José Leon Lobo Guerrero, Canonigo Dociosesal de esta Santa Yglesia Catedral (…), Don Ambrocio Maria de Aldasoro, y Secretario Licenciado Don Rafael de Llano; la Segunda (…) José Bernardino Cantú Dignidad de Tesorero de la misma Santa Yglesia Don Pedro de Hombre Canonigo, y Secretario Don José Antonio de la Garza, (…) con el objeto de proceder al Juramento solemne, y Proclamacion de la Yndependencia del Ymperio Mexicano (…) en Decreto de 6 de Octubre ultimo comunicado (…) la Regencia del Ymperio al Señor Comandante General, y Gefe Superior Politico, (…) todos los vecinos Republicanos, oficialidad del Batallon de Voluntarios de la Patria, del de Ynfanteria lixera de Queretaro y de los dos Cuerpos de Caballeria, y demás que guarnecen esta capital (…), todos como expectadores del mas Solemne, y deseado acto (…) con un Repique General y Musica (…); y cuando las Salas (…) adornadas con entapisado de Damasco, (…) igualmente vestida con una Efigie de Jesucristo en medio de ella, (…) se dió principio á la lectura de la Acta de la Soberana Junta del Ymperio declaratoria de su Yndependencia, el Plan de Yguala y el tratado de cordoba (…) el Articulo 3° del So-berano Decreto citado: (…) manifestando su entusiasmo con las áclamaciones y vivas que son consiguientes y al instante se dieron las descargas de estilo por la Artilleria y compañias de Granaderos de los Voluntarios de la Patria; le acompañó la Musica y repique General de Campanas (…) habiendo dejado en su casa al Señor Comandante General. (…) se trasladó el Ayuntamiento (…) á la Santa Yglesia Catedral en donde le esperaba el Ylustrísimo Venerable Señor Presidente y Cabildo, y habiendo recibido la Bandera de las armas del Ymperio que -portaba el Señor alcalde primero Don Matías de Llano, se procedió al acto religioso de la Bendicion; (…) Seguian Dos Danzas alegoricamente vestidas por los vecinos de esta ciudad y Pueblo de Nuestra Señora de Guadalupe jurisdiccion de la misma: en Seguida marchaban la Ynfanteria de Voluntarios de la Patria (…) Colocada en el tablado muy bien adornado al efecto, la Bandera del Ymperio (…), la verificó el Señor alcalde primero Don Matias de Llano (…) el Señor comandante General (…)tomó la voz para tributar los Justos vivas, a Nuestra Santa Religion, al Ymperio y union, que -son las tres garantias que sostienen Nuestra gloriosa Yndependencia; (…) en cuyo intermedio el Señor Comandante General, ayuntamiento y Diputaciones exparcieron bastante cantidad de dinero, habiendo concluido con dar al Publico las tres fuentes de Plata que dispuso la ciudad con este objeto. (…) y se concluyó con aplausos y vivas, correspondientes al Ymperio, á la Soberana Junta Excelentisima y Generalisimo Almirante. (…) comenzó la diversión en la Plaza Publica (…) los Juegos artificiales estubieron muy lucidos (…) una prueba inconstastable de su reconocimiento, acreditandolo mas y mas por el orden, tranquilidad, y honrado con que siempre se ha conducido. (…) el presbítero Francisco Rafael Antonio -Gamboa, se encargó por la Ciudad (…) el Ylustrisimo Venerable cabildo Eclesiástico (…) concluido el Juramento y Proclamacion de la Yndependencia de este Ymperio (…) Asi lo acordaron y firmaron el Señor Presidente, ayuntamiento y Diputaciones conmigo el infrascripto Secretario.

Mathias de Llano, Don Jose Leon Lobo, Ambrosio Maria de Aldasoro, Jose Rafael de Llano, Secretario de la Diputacion Provincial Don Jose Bernardino Cantu, Pedro de Hombre, Jose Antonio de la Garza, Secretario del cabildo Eclesiástico, Pedro Jose Morales Secretario".

Dos días después, el Cabildo de Monterrey daba cuenta de las festividades realizadas por la Independencia que incluyeron toros, bailes y refrescos:

"20 de noviembre de 1821. (…) para la mayor solemnidad del Juramento y Proclamacion de la Yndependencia del Ymperio se hicieren todas aquellas demostraciones (…)continuó el Regocijo por medio del carro triunfal (…) lo guiaba una Escolta de la Milicia Nacional local de Ynfanteria (…) terminó con la lluvia. Al siguiente día lunes comenzaron las corridas de toros que hubo toda la Semana para lo que contribuyó Voluntariamente el Vecindario, (…) para demostrar nuestro reconocimiento y gratitud al gobierno Ymperial que se ha instalado para perpetuar Nuestra deseada y adquirida libertad..."

 

Debemos celebrar el inicio y la consumación de la Independencia Nacionales

Septiembre es bien llamado el mes de la patria. Disfrutemos la celebración del inicio de la Independencia con el famoso Grito de la medianoche del día 15, pero también la consumación del más preciado tesoro que tenemos los mexicanos: La independencia nacional, del 27 de septiembre. Esta breve síntesis histórica nacional, regional y local de la consumación de la Independencia aspira a motivarnos para conocer más el Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba. 

FUENTES

Carlos María Bustamante, Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, FCE, 1985

Lucas Alamán, Historia de Méjico, desde los primeros movimientos que prepararon su independencia en el año de 1808 hasta la época presente, FCE, 1985

Jaime E. Rodríguez O. Rey, religión, yndependencia y unión: el proceso político de la independencia de Guadalajara, Instituto Mora, 2003.

Archivo General de la Nación, fondo Provincias Internas v. 251, f.232; f. 242-244; f.246.

Michael P. Costeloe, La Primera República Federal, FCE, 1996


José María Luis Mora, México y sus revoluciones, FCE,1986

 

Archivo de Monterrey.

Actas de Cabildo de: 5 de julio de 1821, 5 de noviembre de 1821, 18 de noviembre de 1821, 20 de noviembre de 1821.