11/Aug/2020
Editoriales

Fabio Gaxiola Paredes

Hace algunos meses comentaba yo en este espacio que cierta ocasión del año 1985 estábamos desayunando en el restaurante Lincoln de Revillagigedo en Ciudad de México los ingenieros Jorge Díaz de León, Fabio Gaxiola y yo, cuando se acercó a nosotros el diputado Luis Donaldo Colosio que casualmente desayunaba con otra persona en una  mesa diversa y prefirió sentarse a departir un rato con nuestro grupo que era irresistible para él, pues Fabio Gaxiola era uno de sus mejores amigos. Después de no verlo por unos cinco años, solamente saludos telefónicos, ayer domingo al filo del mediodía me llamó Díaz de León para darme la ingrata noticia que me cimbró: anteayer murió Fabio en su natal Culiacán. Fue siempre un hombre macizo, de los que trabajan duro, con honestidad y sostienen su palabra; amigo de sus amigos y enemigo de los enemigos de sus amigos. Ingeniero agrónomo de la primera generación de la Universidad de Sinaloa, una de las escuelas de agronomía que impulsó el Ingeniero Julián Rodríguez Adame, secretario de agricultura del presidente López Mateos. Fabio estudió después su doctorado en economía agrícola en la Universidad de Wisconsin, y de regreso a México hizo buen equipo con Colosio y con José Luis Soberanes. Trabajó como delgado de Semarnap en su tierra; director general de desarrollo rural de la Secretaría de Agricultura y Ganadería; delegado en Baja California de BANOBRAS y después de la SPP. Tuvo cualquier cantidad de puestos relevantes y nadie osó jamás acusarlo siquiera de malos manejos o de negligencia, pues su trabajo siempre era impecable. Se incorporó a la directiva de la Sociedad Mexicana de Ingenieros cuando tuve el honor de presidirla a nivel nacional, y después lo nombré delegado de la SMI en Baja California. Siempre luchó por su gremio de los ingenieros agrónomos y su amistad con Díaz de León se reflejaba en el trato que Colosio le dio siempre a Jorge. Su matrimonio con Doris, bella mujer que pareciera haber nacido para acompañar a Fabio en la vida, a pesar de que era funcionaria en otras dependencias -como en la Comisión Nacional de Zonas Áridas- siempre se daban tiempo ambos para convivir juntos, su familia fue su más grande satisfacción. De sus hijos no se mayor cosa, excepto que estudiaron aquí en el ITESM y que trabajan en una empresa trasnacional. Fabio Gaxiola siempre fue leal pero no sumiso, cuando la instrucción que recibía de sus superiores en la escalera del poder público no concordaba con el espíritu honesto o nacionalista propio, lo discutía hasta que entrara en su cuadrante ideológico, o no se cumplía la instrucción. Pasó sus últimos años padeciendo una difícil enfermedad, pero siempre lo encontrábamos con su clásica sonrisa y su talante optimista. Los amigos de Fabio Gaxiola debemos reunirnos pronto para hacer un ubérrimo resumen de su vida plena de convicciones, y brindar por su eterno descanso.