18/10/2018
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Septiembre 22 de 1519: Entra a la ciudad de Tlaxcala, Hernán Cortés y su ejército, posibilitando un acuerdo militar para enfrentar al poderoso imperio Azteca, enemigo común. Los tlaxcaltecas eran contestatarios y enemigos declarados de sus vecinos que cobraban tributos a todos los pueblos que dominaban, por lo que hicieron valer el dicho aquel de: “enemigo de mi enemigo, es mi amigo”.

Recibieron a los españoles como a sus amigos y juntos potenciaron un ejército desigual pero poderoso pues Cortés y los suyos aportaban armas modernas y caballos mientras los tlaxcaltecas, amplios contingentes de guerreros que habían crecido luchando cuerpo a cuerpo con sus vecinos que intentaban en forma recurrente dominarlos. Hubo tanta cercanía entrambos ejércitos, que Pedro de Alvarado desposó a la princesa hija del viejo Xicoténcatl, a quien se le conoció después con el nombre de Luisa. Cortés afirma en su Segunda Carta de relación: “… tan grande y de tanta admiración, que aunque mucho de lo que della podría decir deje, lo poco que diré creo que es casi tan increíble, porque es muy mayor que Granada y muy más fuerte, y de tan buenos edificios, y de muy mucha gente que Granada tenía al tiempo que se ganó”.

Cortés, vivo como él solo, se echó a la bolsa con su trato amable a los principales Maxixcatzin y Xicoténcatl, tanto que se les podía ver cerca de él la mayor parte del tiempo. No está claro el tema de sus largas conversaciones, porque pudiera ser que ellos le aconsejaran cómo atacar a sus vecinos, o Cortés les enseñara cosas que ellos ignoraban de la cultura española. Caído el imperio, los tlaxcaltecas continuaron apoyando a sus aliados españoles durante la colonia, cuando establecieron pueblos al norte  de Nueva España, como Saltillo donde fundaron un pequeño poblado gemelo llamado San Esteban de los tlaxcaltecas. En cuanto a nuestro estado, algunos pueblos que ayudaron a fundar estos indígenas amigos, son: San Miguel de Aguayo (Bustamante), El Pueblo de la Nueva Tlaxcala de Nuestra Señora de Guadalupe (Guadalupe), Santiago de Sabinas (Sabinas Hidalgo), San Pedro Boca de Leones (Villaldama) y muchos otros a los que apoyaban asentándose temporalmente sólo para que las tribus locales respetaran a los colonizadores.