26/09/2018
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

 

Septiembre 1º de 1930: nace en Cerralvo, Roberto González Barrera, quien sería un importante empresario a nivel nacional e internacional. Hijo de Roberto M. González Gutiérrez y Bárbara Barrera, estudió su educación primaria en su natal Cerralvo. Desde infante mostró su pasión por generar sus propios recursos, pues estudiando su educación primaria, boleaba en las afueras de la Iglesia y en los bares de su pueblo.

  No acababa aún su educación secundaria cuando se inició en el mundo de los negocios, pues siendo apenas puberto, partió a Veracruz donde se hizo conductor en PEMEX y al tiempo que invertía sus ingresos en una exitosa plantación de coco. Cuando reunió un capital de 200 mil pesos, regresó a Cerralvo en 1948 para asociarse con su padre en la adquisición de una planta de luz y en un molino de maíz que les costó 75 mil pesos. Ciertamente la generación de energía salió buen negocio, pero en el otro rubro es en donde nace el industrial del maíz, que revoluciona el mundo del alimento al fabricar en pequeña escala –al principio- harina de maíz, con tal éxito que se expande rápidamente el negocio.

  Tuvo necesidad de solicitar un préstamo al general Bonifacio Salinas Leal, quien le facilitó los recursos frescos a cambio de acciones de su negocio, mismas que con el tiempo se las revendería. Fundó Molinos Azteca, antecedente de Maseca, la famosa planta que le permitió demostrar su talento productivo, comercial y financiero, pues conforme fue avanzando en su cobertura en el país instalando varias plantas en el territorio nacional, empezó adquiriendo acciones de varios bancos mexicanos. Le apodaron El Maseco, aludiendo a su empresa, pero en poco tiempo ese apodo era sinónimo de empuje y tenacidad. Comercializador implacable, rebasó las fronteras de México, instalándose en más de cien países, comenzando por Estados Unidos y siguiendo por Reino Unido, Rusia, China, Turquía, Australia y casi todo Sudamérica.

  Fracasó en Venezuela debido a que el gobierno nacionalizó su planta y sudó la gota gorda para recuperar sólo una parte de su inversión.  Adquirió en 1992 la mayoría de las acciones de Banorte, grupo financiero al que sumó IXE y lo llevó a ser uno de los tres más grandes y eficientes bancos mexicanos con presencia en varios países como Estados Unidos. Su éxito económico no se le subió a la cabeza, pues sus amistades como con su compadre Juventino González Ramos y Raúl Salinas Lozano las conservó por toda la vida, algo que me consta y valoro mucho. Porque el tiempo que dura la amistad es elemento infalible para medir el tamaño de los hombres. Su filantropía quedó manifiesta no sólo en el Patronato de Cerralvo, sino cuando azotó al área metropolitana de Monterrey el ciclón Alex, fue el único empresario nuevoleonés que donó dinero en efectivo, pues dio un cheque de 100 millones de pesos para la reconstrucción de la ciudad.

  En cambio, otros industriales de igual tamaño –que nunca lo invitaron a formar parte del exclusivo “Grupo de los Diez”-, sólo aceptaron formar parte de un patronato para administrar las obras de reconstrucción, pues así podían recomendar a algunos constructores. Roberto González “El Maseco”, muere en Houston, Texas, el 25 de agosto de 2012.