25/05/2019
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Abril 22 de 1847: exhorta a la población el general José Mariano Salas –quien llegó a ser presidente interino de México en dos ocasiones- a formar guerrillas para hostilizar a los invasores norteamericanos. Los días 17 y 18 anteriores se había celebrado la batalla de Cerro Gordo, Veracruz, en la cual la artillería de los invasores había agobiado tanto a los defensores mexicanos que defendían el Cerro del Telégrafo, que se dispersaron huyendo a Jalapa, por lo que los norteamericanos se instalaron en el Cerro de Atalaya para apoyar el avance de su infantería.

El 20 de abril sesionó el Congreso en la ciudad de México y concedió al gobierno facultades extraordinarias para continuar la guerra de defensa del territorio nacional y declara traidor al funcionario o corporación que establezca convenios con el enemigo. Todo apuntaba para que pasara lo que finalmente sucedió: que se declarara el estado de sitio a la ciudad de México.

En un obligado intento para defenderla, se nombró a Nicolás Bravo como jefe de plaza, y la defensa se intentó hasta donde las fuerzas nacionales aguantaron, pero finalmente cayó la capital como cayeron previamente todas las ciudades donde atacaron los bien entrenados y bien armados marines norteamericanos. Esta historia es tal vez la más triste de todas las que nuestro país ha vivido, pues el resultado de perder la guerra fue desastroso ya que costó cualquier cantidad de vidas, el destrozo de la infraestructura física, la pérdida de más de la mitad del territorio nacional, y una caída en la autoestima de los mexicanos que aún no hemos podido reponer. Lo hemos repetido en otras efemérides: No debemos olvidar que mientras avanzaba el enemigo, había grandes pleitos al interior de México pues los grupos peleaban por el poder mientras el invasor hacía de las suyas.