01/Mar/2021
Editoriales

El ridículo político

La temporada trianual de cacería política ya inició en México. En Nuevo León, además de las elecciones federales, se renovarán los poderes Ejecutivo y Legislativo. 

Nuestra entidad se ha distinguido porque su gente es sensible y reacciona rápidamente a los aconteceres cotidianos. 

Si a esto agregamos que las redes sociales informan y desinforman varias veces al día, las encuestas de opinión son absolutamente imprecisas y el voto ciudadano, volátil.

Desde luego que en todas partes suceden fenómenos similares, así sean de menor intensidad.

Por ejemplo, el actor Ronald Reagan se presentó en 1966 como candidato republicano a gobernador del estado de California, y su rival demócrata, Pat Brown, tuvo la ocurrencia de ridiculizarlo. 

Para ello resucitó una vieja película de Reagan: “Bed Time for Bonzo” filmada en 1945; una comedia torpe en la que Ronald vivía con un chimpancé hablador. Brown pagó el relanzamiento de la película en cuyo cartel aparecía Reagan abrazando al mono, para  añadirle un nuevo slogan: “adivine cuál de estos dos está más preparado para ser gobernador”. Esto, como calculaba Brown fue escandaloso, pero terminó ayudándole a Reagan porque la gente salía del cine pensando en votar por Reagan pues en la cinta aparecía como un hombre tierno. Hay muchos otros inexplicables ejemplos en los que los electores reaccionan favorablemente al candidato ridiculizado. No olvidemos el apodo de “Uy, uy, uy” de un candidato que finalmente gobernó; y otros que explotaron el lado sentimental del votante. Estas experiencias nos enseñan que no se puede descartar a nadie sólo porque antes de iniciar la campaña hizo el ridículo político; todo depende de cómo vea la mayoría de los electores ese hecho.