05/Apr/2020
Editoriales

Historieta Américo Villarreal Guerra

 _¿Supiste que hace un mes murió Américo Villarreal? Me inquirió Carlos Martín del Castillo

Quedé mudo por varios segundos -asimilando el golpe-, pues no esperaba tal noticia.

La velocidad del cerebro humano es enorme, y en ese breve lapso, el mío realizó unreplayde las vivencias más importantes que tuvimos Américo y yo.

Desde que en sus oficinas de la Subsecretaría de Infraestructura Hidráulica, nivel al que devino la Secretaría de Recursos Hidráulicos, nos conocimos; hasta cuando protestó como Gobernador tamaulipeco, meses después de entregarme la presidencia de la Sociedad Mexicana de Ingenieros.

Recordé que, siendo candidato a esa peleadadirigencia gremial, en 1984, me acompañó a dos giras de campaña, una por el noroeste y otra por los estados del centro del país.

En las cenas con amigos, discutíamos su estrategia para que el Partido no volviera a hacerle la misma jugada que seis años antes, y pudiera conseguir la candidatura para la gubernatura de su Estado.

Reñimos con lealtad cuando definí un auditorio grande para mi toma de protesta, en la que él haría también un discurso, su informe de presidente saliente, pues quería impresionar a De la Madrid y a Lugo Verduzco, y no deseaba arriesgarse a que tuviéramos un público escaso. 

Lo hermoso es que al no poner atención al pequeño murode sombras que de pronto parecía cubrirnos, salió el sol y se elevó por encima de esa tapia y de nosotros mismos para llegar a un acuerdo en ese detalle.

Le recordé que quien tomaba protesta era yo, y que su gubernatura era muy importante, pero secundaria para los efectos del evento. Aceptó que yo tenía razón.

¡Qué de recuerdos llenan nuestra vida!

No. Le contesté al ingeniero Carlos Martín, intentando disimular mi pena.

No supe nada, pues nadie me avisó, y no tenían porqué hacerlo; hacía años que Américo y yo no nos veíamos; él siempre en su Victoria y yo siempre en mi Monterrey.

Todo lo que parece eterno llegará a su fin, las estrellas desaparecerán y la noche y el día dejarán de ser.

 

Todas las cosas que van y vienen, la marea, las estaciones del año y las vidas de los hombres.

 

Lo único eterno son los recuerdos de las acciones que hayamos hecho.