20/01/2018
Editoriales

Celso Garza Guajardo, del sueño a la realidad

"Hay cosas que suceden y después se vuelven leyendas, y hay leyendas que luego se transforman en hechos, no hay un límite entre la realidad y el sueño, entre la realidad y la ficción, lo que se ve y lo que está imaginando ver. Todo este ambiente mágico de nuestro clima, de nuestra luz, todo eso hace que nuestros relatos tengan esa doble manera de verlos, que por un lado parecen sueños y por otro son realidades."

Las palabras anteriores corresponden al escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de Literatura 1967. Las tomamos en esta ocasión para hablar del historiador y cronista nuevoleonés Celso Garza Guajardo,

Celso, quien por cierto el 13 de mayo de este 2016 cumpliría 73 años de edad, es autor de numerosos libros, uno de los cuales lleva por título "Aquellos años que soñé", el cual ha sido reeditado por la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Conocí a Celso Garza Guajardo desde la juventud de ambos. Teníamos la misma edad. Fueron varias décadas las que convivimos. Lo recuerdo con una antorcha en la mano. No creo que haya querido incendiar el mundo. Mas bien pienso --quiero creerlo-- que deseaba contribuir a iluminarlo. Y así, junto con otros amigos, se propuso recorrer caminos para cambiar las cosas.

Mucho camino tuvo que recorrer desde que salió de su natal Sabinas Hidalgo. Sin embargo, solía regresar con frecuencia a la casa paterna. Así, entre Monterrey y Sabinas Hidalgo, entre la historia y la cátedra, entre familiares y amigos, la vida –su vida-- transcurrió.

De la esperanza al recuerdo. Del sueño a la realidad.

En su libro "Aquellos años que soñé", Celso hace la descripción de un personaje que mucho se le parece. Veamos:

"Comúnmente pensamos que para hacer camino hay que recorrer una gran distancia... alejarse de un lugar para ya no volver... en verdad no siempre es así... hay caminos largos que se hacen para otros estando siempre en el mismo lugar, en un largo tiempo, en un mismo espacio. Hay personas que logran ejemplificar un largo camino, con lecciones de trabajos y de afanes... es un camino de andares de ida y vuelta, de todos los días, sin desmayos, sin reniegos, sin desolaciones... seguir y seguir en el mismo camino, en el ir y venir, en el mismo lugar, sin detenerse.

"Quienes hacen con su andar un camino de trabajo, día tras día, sin pensar nunca en cuando termina ese caminar, logran señalar para los demás un largo camino que será tomado en cuenta por muchos."

Eso es precisamente lo que hizo Celso: "un camino de trabajo, día tras día, sin pensar nunca en cuando termina ese caminar" y consiguió "señalar para los demás un largo camino que será tomado en cuenta por muchos". Entre ellos nosotros.

En el prólogo de este libro, el historiador José P. Saldaña comenta que esta obra está nutrida de relaciones cívicas, de las que dejan huella en el cerebro y el sentido amoroso en el corazón. Caminando por calles y veredas, va el Cronista tomando nota de las flores, de las casas de adobe que se aferran a la tierra con el fervor de lo propio, que de adobe se han hecho las casas, sin más deterioro al transcurso de los años, que el desliz sufrido por los rigores del sol y la lluvia.

Hace 16 años Celso partió, pero nos dejó nostalgias de otras épocas. De él ha quedado el recuerdo y han quedado sus libros que nos hablan de historias de plazas y de patios, de quioscos y de cines. Sus patios eran tan largos y tan amplios que se confundían con un monte de mezquites.

Estamos de acuerdo en que los silencios de algunas personas son tan intensos que se vuelven ecos. Así sucede con Celso.

Celso Garza Guajardo nació en mayo de 1943 (en estos días cumpliría 73 años). Vino al mundo en Sabinas Hidalgo, Nuevo León, donde estudió hasta graduarse de normalista. Las inquietudes juveniles de su generación, formada en la turbulenta década de los sesenta del siglo veinte, le motivaron una activa participación política tanto en la Juventud Comunista como en el Partido Comunista Mexicano. Cargado de sueños y utopías, recorrió el mundo por más de diez años. Al volver, comenzó a forjar una nueva trayectoria, coherente a las condiciones que la vida le puso delante, recorriendo un camino que siempre le había atraído, el de la historia.

En 1974 publicó su primer libro: El Real Santiago de Sabinas y, de manera paulatina, realizó trabajos con el rigor que exige la investigación histórica como En busca de Catarino Garza, que le valió el Premio de Investigación UANL 1982.

Sus estudios y sus crónicas aparecieron en diversas publicaciones periódicas y editoriales. Escribió más de 80 libros. En 1991, la Universidad Autónoma de Nuevo León publicó su gran antología de crónicas: Aquellos años que soñé, que la máxima casa de estudios editó de nueva cuenta.

Es un hecho que los seres humanos son felices cuando luchan por algo que vale la pena. Celso Garza Guajardo decidió luchar y dio la batalla. Muchos kilómetros tuvo que recorrer. Y me refiero no sólo al peregrinaje que a diario tenía que llevar a cabo para estar presente en la Hacienda de San Pedro, a donde acudía a desempeñar su cargo como Director del Centro de Información de Historia Regional de la UANL.

Solía afirmar nuestro personaje que todos acabamos por tomar un oficio en la vida, un oficio en opción al título de hombre y él decidió ofrecer un ejemplo diario de realizaciones.

Celso supo siempre que nosotros mismos labramos nuestro futuro, con el uso que le damos al presente. También estaba consciente de que hay tareas a las cuales hay que dedicar toda una vida y a veces no basta la vida entera. Pero estaba satisfecho, porque supo conseguir lo que anhelaba.

¿Quién no recuerda los Jueves de la Crónica en la Casa de la Cultura? En la memoria conservo las imágenes del día en que en compañía del maestro Raúl Rangel Frías, de Lalo González "El Piporro", del Alcalde de Los Herreras, Lucio Tijerina, y del propio Celso, nos tocó presentar la monografía del pueblo de mi infancia: Los Herreras, Nuevo León.

Son también de grata memoria las festividades en la Hacienda San Pedro, las cuales por fortuna tenían como propósito el rescate de las tradiciones y costumbres de Nuevo León.

También lo recordamos en su calidad de Presidente de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística.

Así, la vida de Celso se fue desenvolviendo en el Monterrey de los 400 años y en el Sabinas de su infancia. Fue testigo y actor de la historia. Sabía perfectamente que la vida pasa, pero la obra queda. Y él deseaba contribuir a cambiar el mundo.

Algunos de nuestros amigos ya se han ido, pero otros aun permanecen. Mucho se ha avanzado, pero falta mucho por hacer. Hay que continuar trabajando y compartir los hallazgos con los demás. En eso consiste la generosidad. Por otra parte, no hay que olvidar que el mundo en que vivimos está hecho a la antigua. Todavía se juzga a un hombre por sus hechos.

Y en ese aspecto, como en muchos otros, Celso Garza Guajardo y los suyos pueden estar satisfechos.