26/05/2019
Editoriales

A dónde ir de compras

Hace unos tres lustros, me asombré que en Venecia no me permitieran ingresar en una tienda de ropa hasta donde estaba una prenda que llamaba mi atención. La había visto en un exhibidor con vidrio que daba a la calle, pero al entrar, un mostrador de lado a lado con un dependiente era el que entraba y traía la prenda que yo quería ver. El tipo esperaba a que yo la revisara y si no me agradaba, se la llevaba y traía otra, sin permitir al cliente tener ambas al mismo tiempo. Este estilo de mercar al menudeo, en nuestro continente prácticamente desapareció desde hace un siglo; empezó esa tendencia desde 1916 cuando surgió en Memphis, EUA, el autoservicio.

Se llamaba Clarence Saunders quien abrió la tienda “Piggly Wiggly” que permitía al público entrar hasta los estantes, revolucionando el concepto de comercio con mostrador. Saunders patentó el concepto de autoservicio en 1917, pero la oficina de patentes de EU siguió emitiendo otras patentes con pequeñas variantes para diseños de autoservicios hasta el año 1921, y hoy día el mundo está lleno de tiendas de ese tipo, incluyendo desde luego las tiendas de ropa de vestir, con las excepciones que menciono al principio. Las propias tiendas llamadas boutics permiten que el cliente ingrese a ver los modelos en lo que llaman rack. En fin, cuando parecía que todo estaba estudiado, en 1937 otro estadounidense, Sylvan Goldman, dueño de los supermercados Humpty Dumpty, inventó el carrito de compras, sustituyendo a la canasta que en otras tiendas prestaban a la clientela y llegó otra revolución en los auto mercados que requirió de nuevos diseños en las tiendas.

Para comenzar, los pasillos se hicieron más anchos para permitir el tránsito doble de los cómodos carritos, hecho que incrementó mucho las ventas. Es tanta la costumbre de comprar con un carrito metálico de ruedas por delante, que en muchos grandes almacenes de ropa los clientes no entran si no hay carritos disponibles pues no van a comprar una pieza sino que se salen hasta que satisfacen su vértigo adquisitivo. Y en Europa existen aún las tiendas, menos cada vez, que se aferran al sistema antiguo de venta personalizada.