26/Oct/2020
Editoriales

¿Quiénes fueron los Niños Héroes?

 

Ayer conmemoramos el Día de los Niños Héroes. De nuevo salieron sus admiradores a exagerar la hazaña, sus detractores a descalificarlos, y hasta los que quieren hacer niño héroe al cadete Miguel Miramón porque era parte del grupo de jóvenes que se batieron contra los norteamericanos.  

 

Quienes perdieron la vida defendiendo a la bandera que ondeaba en el Castillo de Chapultepec fueron seis cadetes que llamamos Los Niños Héroes, y representan el máximo ideal del heroísmo. Sin embargo, los demás integrantes de esa generación de alumnos del Colegio Militar merecen ser recordados, por lo que transcribiremos su lista completa, pues hubo cadetes heridos y capturados:  

  

Fernando Montes de Oca, nativo de la Ciudad de México era uno de los mayores, y resguardaba la puerta principal. Junto con otros cadetes abrió fuego al enemigo pero uno de los soldados invasores rompió una ventana y por la espalda lo mató. Juan de la Barrera, originario de la ciudad de México defendió hasta la muerte una especie de trinchera, donde años después encontraron sepultados a los “niños héroes”. 

 

Subteniente Francisco Márquez, de Guadalajara, fue rodeado por norteamericanos que le exigieron rendirse; en respuesta les disparó, matando a uno de los invasores, y entre los demás lo masacraron. Agustín Melgar, chihuahuense que defendió la Bandera Nacional hasta que se agotaron sus balas, sin titubear atacó con bayoneta hasta caer muerto. Vicente Suarez, poblano que, junto con Melgar, peleó hasta quedarse sin parque, también murió combatiendo a bayoneta.  

  

Juan Escutia, de entre 18 y 20 años, de origen nayarita, era otro de los mayores, y luego de ver que sus compañeros Suárez y Melgar fueron abatidos, tratando de evitar que la Bandera Nacional cayera en manos del enemigo, se lanzó de uno de los balcones del Castillo sobre unas rocas. 

 

Los cadetes que resultaron heridos son: Subteniente Pablo Banuet. Alumnos de fila: Andrés Mellado, estaba en primera línea que, una vez rota, se emboscó matando e hiriendo a varios norteamericanos hasta que fue capturado. Hilario Pérez de León, nacido en Ciudad de México, nunca abandonó su puesto hasta quedar inconsciente; perdió el brazo izquierdo, y pasada la guerra fue escribiente segundo del Archivo de Relaciones Exteriores. Agustín Romero, dado por muerto el día 13 y levantado entre los cadáveres, los camilleros advirtieron que aún vivía. 

  

Fueron hechos prisioneros: Teniente Manuel Alemán. Agustín Díaz, nacido en Ciudad de México, después estudió astronomía y geodesia realizando importantes cartografías en tiempos de Juárez, Lerdo, y Díaz. Luis Díaz. Fernando Poucel, de familia acomodada, hablaba el idioma inglés y mientras peleaba a espada con un norteamericano le dijo: “Señor parece que le gusta atacar más por la espalda, que de frente como los hombres”. 

  

Joaquín Argaiz, disparó hasta caer herido. José Espinosa, nacido en Ciudad de México, llegó a ser un reconocido ingeniero en el porfiriato. Agustín Peza. Subteniente Manuel Poucel, a quien un soldado norteamericano le pidió su espada, respondió “si las quieren que se inclinen a tomarlas; nosotros jamás se las entregaremos”. Ignacio Peza. 

  

Amado Camacho, quien permaneció en su puesto -una garita- hasta quedar inconsciente. Sargento Teófilo Noris, de Sinaloa, defendió el hospital de sangre, hasta caer herido. Cabo José Cuellar, permaneció en su puesto dirigiendo a sus compañeros hasta caer herido. Tambor Simón Álvarez, alternó las armas con la trasmisión de señales sonoras. Corneta Antonio Rodríguez, realizó esa misma función. 

  

Alumnos de Fila capturados: Francisco Molina. Mariano Covarrubias. Bartolomé Díaz de León. Ignacio Molina. Emilio Laurent. Antonio Sierra. Justino García. Lorenzo Pérez Castro. Agustín Camarena. Ignacio Ortiz. Esteban Zamora. Manuel Ramírez Arellano. Ramón Rodríguez Arrangoitia, quien llegó a ser ingeniero militar y años más tarde -en 1884-, contribuyó a la búsqueda de la fosa donde enterraron a los “Niños Héroes”.

 

Carlos Bejarano. Isidro Hernández. Santiago Hernández. Ignacio Burgoa. N. Escontria. Joaquín Moreno. Ignacio Valle. Antonio Solá. Francisco Lazo. 

Sebastián Trejo. Luis Delgado. Ruperto Pérez de León. Cástulo García. Feliciano Contreras. Francisco Morelos. Miguel Miramón, quien se resistió fieramente en torno a unos sabinos que hoy se conocen como Sabinos de Miramón; siempre fue monárquico, pero patriota y sería presidente conservador en oposición a Juárez; murió fusilado en 1867 junto al emperador Maximiliano de Habsburgo. 

 

Gabino Montes de Oca. Luciano Becerra, de Tamaulipas, mató a seis invasores a bayoneta. Adolfo Unda. Manuel Díaz. Francisco Morel. Vicente Herrera. Onofre Capeto, y Magdaleno de Ita.

 

Las dudas continúan

Han transcurrido 173 años de la gesta heroica de Los Niños Héroes, y aún hay preguntas por contestar. Como por qué el comandante Scott, a cargo de la invasión, luego de tomar a sangre y fuego el Castillo de Chapultepec, ordenó que se enterraran los cuerpos de sus soldados caídos, así como de los cadetes mexicanos. Hasta ahora suponemos que lo hizo por higiene, pero sin dar sepultura digna a los suyos. 

 

Porque el Diario del presidente Polk no menciona detalles, sólo anotó las órdenes enviadas al frente de guerra. Acaso, en su página 330 dice: “México se ha rehusado a tratar de paz en los términos que Estados Unidos puede aceptar, es claro que la guerra debe proseguir ahora con mayor fuerza y energía. Debemos imponer contribuciones y vivir a costa del enemigo…” esto es parte del tema de la carta del comandante Scott.

  

¿Por qué no había nuevoleoneses entre los cadetes defensores de Chapultepec?

Otra pregunta que brota es por qué no había entre los cadetes de Chapultepec ninguno de Nuevo León. La respuesta podría ser que desde tiempos de la Colonia los reineros no tenían la obligación de servir en los ejércitos regulares, pues el Nuevo Reino de León estaba en guerra permanente con los indios bárbaros y en esa sí era obligatorio participar. El ejército del norte creado por Joaquín de Arredondo para combatir a insurgentes, fue derrotado en la invasión norteamericana junto con todas las fuerzas mexicanas. Y el ejército del norte se quedó varado en San Luis Potosí. 

 

La Invasión Norteamericana se concretó en 1848 con la “venta” de la mitad norte del territorio nacional. Ya es tarde para analizar las desconcertantes decisiones e increíbles erratas mexicanas que le permitieron llegar con facilidad a la Ciudad de México. Porque a lo pasado, ni el cielo tiene remedio, pero es imposible no verlas.

  

Las fallas de la defensa nacional

Un mando militar errático en Palo Alto, la rendición en Monterrey, las retiradas en San Luis Potosí, y en la Batalla de la Angostura se pudo haber vencido al invasor, pero al no rematar al ejército norteamericano, se le dio “permiso” de tránsito a la Capital. Y entre Veracruz y Ciudad de México hubo un paso franco del ejército norteamericano. 

  

Ya con el enemigo en las puertas de la capital, Santa Anna recluyó a lo mejor del ejército mexicano en el Convento de Churubusco, un edificio mal diseñado para la defensa y pobremente municionado, aquí fue derrotada una brigada de españoles radicados en México y el Batallón de San Patricio formado por irlandeses y alemanes católicos que habían desertado del ejército norteamericano, perdiéndose también lo más valioso del ejército nacional. 

  

Hubo muchos muertos en ambos bandos, pero los mexicanos se quedaron sin parque y cuando Santa Anna se los envió era de un calibre diferente y hasta los cañones propios mataron mexicanos al estallar por las municiones defectuosas. 

  

Santa Anna nunca atacó. Cayeron puntos estratégicos de la defensa como el Molino del Rey, y reunió a las tropas restantes bajo el mando de Nicolás Bravo en el Cerro de Chapultepec, abajo del Castillo que albergaba al Colegio Militar. El 11 de septiembre de 1847, Bravo inició la construcción de las defensas, pero -en forma similar a lo hecho por Ampudia en Monterrey que deshizo las defensas hechas por Mejía- Santa Anna ordenó su modificación, quedando las obras defensivas de Bravo y las de Santa Anna incompletas y estorbosas. 

  

El camino principal quedó libre para el ingreso del enemigo y los nidos de cañones mexicanos no podían disparar porque los árboles del bosque estorbaban. El día 12 de septiembre de 1847 en la tarde, los norteamericanos comenzaron a bombardear las líneas mexicanas de defensa que no podían defenderse, y Bravo pidió refuerzos. 

    

Al amanecer del 13 de septiembre se reanudó el bombardeo y a las 8 de la mañana comenzó el asalto; en ese momento Santa Anna mandó llamar al Palacio Nacional al Batallón de San Blas que luego envió a pelear en un rincón del Cerro. 

 

Nicolás Bravo es vencido

  

Bravo sacó el orgullo y a bayoneta y combate directo logró hacer 600 bajas al ejército norteamericano. Pero en embestida, las tropas de Worth, Quitman y Pillow vencieron a la tropa de Bravo quien cayó prisionero junto con el resto de su gente. 

  

Las fuerzas formales estaban sometidas, sin embargo, en el Castillo de Chapultepec aún ondeaba la bandera mexicana; no la de los combatientes de Bravo sino la del Colegio Militar. Y las tropas de Winfield Scott recibieron orden directa suya de ir por esa bandera a sabiendas de que era una escuela donde la mayoría eran cadetes jóvenes e inexpertos. 

  

Los detractores arguyen que no todos eran niños y es cierto. Al ser escuela había maestros adultos; su director era el general Mariano Monterde, y los maestros eran los capitanes Francisco Jiménez y Domingo Alvarado. Y tampoco todos tenían doce años pues había grados, y las edades de esos estudiantes eran de 12 a 19 años. Para ingresar debían haber terminado su educación primaria; eran adolescentes y, por vocación o herencia familiar, se hacían militares. No eran leva, ni bola, sino el intento Santanista de formar una casta militar preparada y con abolengo. 

 

Las condiciones de los cadetes en el Castillo de Chapultepec

Los cadetes estaban mal armados porque no se pensaba que entrarían en acción. Tenían algunas carabinas, pistolas, sables de uso y de gala. Ordenadamente se prepararon para recibir al enemigo; sólo 6 cadetes murieron, pero lograron cerca de 40 bajas al ejército norteamericano. 

  

 Los adolescentes que decidieron defender a la patria contra el invasor, que era un ejército profesional, lo hicieron con toda su capacidad y valor. No hubo heroicas rendiciones -como la de Monterrey-, ni retiradas estratégicas -como la de Angostura- fue una derrota, hasta el fin, hasta que no hubo que disparar, ni espacio para manejar la espada o la bayoneta. 

  

Toda una lección de patriotismo. 

  

Fuentes 

  

http://www.acadmexhistoria.org.mx/pdfs/publicaciones/MemoriasParaLectura/TomoVI_3Prote.pdf 

Guillermo Prieto (1891). Lecciones de historia Patria, para los alumnos del Colegio Militar. México: Of. tipografica de la Secretaría de Fomento.  

www.sedena.gob.mx 

Apuntes para la historia de la Guerra entre México y los Estados Unidos, Guillermo Prieto, José María Iglesias Manuel Payno y otros. CONACULTA. 

México a través de los Siglos, Vicente Riva Palacios, Julio Zarate y Otros, Editorial Cumbres, Volumen VIII