24/Sep/2020
Editoriales

APUNTES DE VIAJE: Montevideo

Siempre me ha gustado Montevideo, desde la primera vez en 1980 que la conocí, es una ciudad apacible y culta que hace sentirse bien a quien la visita.  Viajaba cada año por motivos de trabajo y a veces de estudio, conocí a muchos uruguayos que sigo cultivando su amistad, aunque la distancia hace casi imposible los encuentros.

 Ciudad con apariencia de novela triste, no por nada Horacio Quiroga se inspiró en ella para escribir algunos de sus tétricos cuentos presididos por la imagen fantasmal de la muerte, allí Eduardo Galeano, en una mesa del Café Brasilero - del que fue cliente durante 20 años- realizó muchas historias y en el menú, todavía aparece el café Galeano. Fue fundado en 1877 y fue declarado de interés cultural por la Intendencia de Montevideo, está ubicado en el Barrio Ciudad Vieja. Todavía muchos uruguayos no olvidan que allí murió el poeta mexicano Amado Nervo y agradecen y valoran la hospitalidad de los mexicanos en los días de la dictadura.

 Suelo ir a comer al Mercado del Puerto, una vieja estructura de acero construida en los talleres de la Unión Foundry en Liverpool Inglaterra y armada en Montevideo cuya obra tardó 3 años y fue inaugurado el 10 de Octubre de 1868 por el Presidente Lorenzo Batlle. Un lugar pintoresco y tradicional, como imperdible es ir a un lugar allí mismo llamado Roldos, donde aparte de los mejores asados, se toma una bebida llamada “medio y medio” que es una combinación de vino blanco dulce y seco. Allí todavía no se olvidan de Cantinflas, Jorge Negrete y el Chavo del Ocho y todavía preguntan por Roberto Matosas. Su transferencia del equipo Peñarol al River Plate de Argentina casi ocasionó un conflicto bélico. Ya desaparecieron con los años, dos restaurantes emblemáticos de la ciudad , el Moríni donde los meseros vestían de smoking y el Forte di Makalle en el Parque Rodó.

 Hablando de fútbol, conocí algunos directivos que luego fueron Presidentes de la República, como Julio María Sanguinetti , Presidente Honorario del Peñarol, al que me tocó saludar ya siendo Presidente de la República entre los aficionados en una tribuna del Estadio Centenario y Tabaré Vázquez del  Club Atlético Progreso, que ya siendo Presidentes, asistían ambos a los partidos como un aficionado más, sin guardias ni escoltas.

 Ciudad llena de cultura, donde los monumentos emblemáticos entre otros, son el Palacio Salvo, edificio de 27 pisos, construido en 1928 y que en su época llegó a ser el más alto de Latinoamérica situado en la calle 18 de Julio y la avenida independencia. Muy cerca, el Teatro Solis , bello monumento inaugurado en 1856 y que alberga actividades artísticas y culturales con capacidad para 1500 personas aproximadamente . Una sala del Teatro Solís lleva el nombre de Alfredo Zitarrosa, cantante que vivió exiliado en nuestro País y estuvo en Monterrey dando un concierto en la Universidad Autónoma de Nuevo León a finales de los años 70s. Su regreso a Uruguay el 31 de marzo de 1984 fue memorable , porque fue recibido por una multitud que lo aclamó y que él definió como “la experiencia más grande de su vida”.

 En suma, Montevideo es una ciudad quieta a orillas del Plata que no descansa y se esfuerza por ser una ciudad más culta y próspera y que recuerda a Mario Benedetti, Carlos Onetti y a Idea Vilariño como la generación del 45 , que hicieron historia y que algunos realizaron su obra durante el exilio .

 Ya habrá tiempo para hablar de dos ciudades del Uruguay, Piriapolis , Punta del Este y de otros personajes que trascendieron por su cultura  y  México los acogió durante la dictadura , como Alfredo Zitarrosa, Carlos Quijano, director de la Revista Marcha que terminó sus días en la UNAM y tantos otros que llegaron a la Universidad Autónoma de Nuevo León.