21/09/2018
Editoriales

La doble moral del tramposo

 

En los tiempos que vivimos, muchas personas quisieran que la vida se acomodara a sus deseos y conveniencias; desean que todo sea fácil, rápido o muy sencillo. Queremos habitar un mundo que gire sólo a nuestro favor, y siendo así, les pregunto: ¿Realmente es cómodo vivir de esa manera?, algunos –sin ni siquiera detenerse a pensarlo- dirán que sí, mientras que otros, lo pensarán un poco más y si les parece conveniente lo negarán, pero, sin duda, los más honestos responderán –al instante- con un rotundo “NO”.

En cierta ocasión, tuve la oportunidad de leer lo que alguien comentó sobre la doble moral y es muy interesante lo que esa persona dijo: “Esta es una sociedad en la que la gente quiere dos policías, uno que ponga el orden y otro que le dé un chance, quiere dos políticos, uno que sea serio y otro que le regale; quiere dos códigos de ética, que mi mujer sea casta y pura y que la del vecino sea flexible. Es difícil, la gente quiere cumplir con la ley, quiere mejora salarial, quiere empleo, pero no trabajo. ¿Entonces?” 

¿Cuáles son nuestras expectativas en cuestión de moralidad? Considero que por ninguna razón debemos contemplar puntos medios, la moral debe ser blanca o negra, nunca gris; sin embargo, los tramposos quieren tener las dos cartas bajo la manga para utilizarlas a placer. Esto es como hablar sobre las mentiras y cuestionarnos ¿Cuándo es válido mentir? Si digo una mentira “piadosa” ¿existe justificación?, si mi mentira es necesaria, obligada o defensiva ¿puedo creer que no he mentido?

Decir algo que no es cierto es engañar y si hablamos de mentiras “ventajosas” nos estamos refiriendo a aquellas que buscan lograr algún beneficio, siendo éstas, tan dañinas como cualquier otra y de ninguna manera esto puede ser justificable. Las mentiras, por supuesto son parte de una doble moral cuando queremos que nadie nos mienta y decimos no tolerarlo, siendo ésta afirmación una gran falsedad, porque bajo ninguna circunstancia aceptamos que nos mientan pero si esperamos –en caso de ser descubiertos- que otros disculpen nuestras grandes o pequeñas mentirillas. Mentir está en contra de los cánones morales de muchas personas, incluso se considera un pecado en muchas religiones. San Agustín, una de las máximas figuras de la historia del pensamiento cristiano distinguió varios tipos de mentiras, en primer lugar dijo que existen las mentiras que hacen daño y no ayudan a nadie o las que hacen daño y sí ayudan a alguien; también, mencionó que existen las mentiras que surgen por el mero placer de mentir o complacer a los demás; también, clasificó a las mentiras como las que no hacen daño y ayudan a alguien, así como las que no hacen daño y pueden salvar vidas.  

Este artículo es, de manera literal, un llamado a valorar la honestidad, algo muy escaso por estos tiempos.

Hacer trampa para llegar primero o para conseguir aquello que tanto anhelamos, en muchos casos funciona, pero, casi siempre implica pasar por encima de alguien más; sin embargo, cuando alguien pasa por encima de nosotros, la situación ya no nos gusta ¿verdad? Entonces, ¿qué debemos hacer?  

Los valores y los principios no deben ser negociables aun y cuando conducirnos honestamente implique no ser favorecidos en tal o cual circunstancia.

Una persona honesta siempre será justa y no se aprovechará jamás de la ignorancia o credulidad de los demás.

Nunca aplaudas la doble moral porque un día la balanza de la justicia no se inclinará a tu favor y ya no te parecerá tan conveniente.