03/Apr/2020
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Diciembre 31 de 2009: muere en Monterrey, el líder obrero y político, Juan Manuel Elizondo Cadena, a la edad de 99 años y 10 meses. Nacido en Buenaventura, Coahuila, en marzo de 1910, conoció sus primeras letras en su pueblo natal, y a la edad de doce años vino a Monterrey para estudiar en el Colegio Civil.

En esa histórica institución educativa coincidió en sus afanes estudiantiles con otros dos jóvenes que juntos los tres construirían la posibilidad de que existiera en Nuevo León una Universidad pues en ese momento había aisladas escuelas de educación superior, y quienes deseaban tener un título universitario registrado ante la SEP debían estudiar en la Ciudad de México, o en las universidades de Estados Unidos para revalidarlo en México.

Estos dos personajes fueron Raúl Rangel Frías y José Alvarado Santos, y los tres (Juan, Raúl y José) son actualmente reconocidos como los primeros estudiantes impulsores de la hoy ampliamente prestigiada Universidad Autónoma de Nuevo León. Sin embargo, Juan Manuel Elizondo no sólo promovía la creación de la Universidad, pues aprovechó su paso por Colegio Civil para aprender las reglas básicas del periodismo, descubriendo su facilidad para escribir ideas que, en su politizado y fogoso discurso, le abrieron la puerta de las organizaciones nacionales de las Juventudes Vasconcelistas –participó en la campaña presidencial de José Vasconcelos como “jilguero”, comentaba el propio Elizondo-, así como la entrada al Partido Comunista y al gremio minero, mismo que organizó junto a otros grandes líderes conformando el ahora poderoso Sindicato Nacional de Mineros, institución política y de representación obrera que dirigió a nivel República Mexicana y que, a su vez, le permitiera desarrollar una carrera política del primer nivel, pues fue senador de la República de 1946 a 1952.

Con esa representación fundó en 1948 al lado del gran líder obrero Vicente Lombardo Toledano, el Partido Popular, y dirigió La Carta de México, una aguerrida publicación que se distinguió por su ácida crítica, siendo precursora de algunas revistas actuales de denuncia. Fue pionero de las bancadas legislativas de izquierda en el Congreso de la Unión, y sus participaciones en tribuna marcaron línea del pensamiento orientado a la ideología socialista con vínculos internacionales.

Sus experiencias políticas incluían un par de condenas en cárceles por activismo político. Pero su jovial presencia física e intelectual casi endémica (en el sentido positivo)impresionaba, impartiendo conferencias hasta los últimos días de su avanzada edad. En sus últimos años se dedicó a dictar conferencias de los temas nacionales relevantes como son el agua, la energía, etcétera. Fue premiado con la Medalla al Mérito Cívico del Gobierno estatal, la Alfonso Reyes de la UANL, y acreedor del Primer Trofeo Regio y de otras distinciones, como aparecer después de su partida en una estatua sentado en una banca junto a sus amigos Rangel y Alvarado, frente a la Rectoría de la UANL.

Tengo un recuerdo vívido de Elizondo cuando una vez, en 1997, salíamos juntos del Club Internacional de una conferencia que había ofrecido al Café Político, y acababa de llover. El agua corría por la cuneta de la calle Zaragoza y teníamos que cruzar la calle para ir por el automóvil, pero la corriente sin ser muy fuerte, sí podía mojar arriba del zapato, así que Juan Manuel Elizondo, sin avisar, pegó tremendo brinco abriendo el tranco y librando muy bien el problema, mientras yo no pude imitarlo pues por poco resbalo y me mojé el pantalón. De ese talante era a sus 87 años de vida, por lo que todos lo admirábamos hasta que partió al viaje sin retorno teniendo en su haber casi un siglo de existencia.