23/09/2018
Editoriales

Julio 27 de 1813: entre este día y los primeros de agosto, fueron fusilados en nuestra ciudad, los insurgentes Ruiz, Rodríguez, J. Francisco Carrasco, Pedro Cervantes, Francisco Peña

Julio 27 de 1813: entre este día y los primeros de agosto, fueron fusilados en nuestra ciudad, los insurgentes Ruiz, Rodríguez, J. Francisco Carrasco, Pedro Cervantes, Francisco Peña, Pedro de Ávila, Juan Rodríguez, Francisco López, Antonio Reyes, Guillermo de Ávila, José María Guajardo, José García, José Rafael Reyes, Francisco Valtierra y Miguel Escamilla. Así como Leandro Cruz el 18 de julio, en Salinas Victoria. Estos insurgentes son héroes cuyos nombres debieran honrar las calles de la ciudad, pues en Nuevo León la independencia pasó casi desapercibida, si se compara con otros estados. 

A la muerte de los jefes insurgentes Hidalgo, Allende, Santa María, y los demás, la guerra de independencia se trasladó al sur con Morelos, Guerrero y Álvarez, y a Veracruz con Guadalupe Victoria. Sin embargo, el insurgente tamaulipeco Bernardo Gutiérrez de Lara, huyendo del comandante Joaquín Arredondo y su sanguinario teniente López de Santa Anna, desde Luisiana y Texas operaba guerrillas en las provincias internas de Oriente. En mayo de 1813, Gutiérrez de Lara había llegado a tomar San Antonio de Béxar, y de ahí lanzó expediciones a las provincias internas de Oriente, encomendándole a José de Herrera promover la insurrección en Coahuila y Nuevo León. El 3 de julio de 1813, Herrera atacó Monterrey con 200 hombres de Pesquería Grande, (hoy García), entrando por la hoy calle Hidalgo. La tropa real del capitán José María de Sada, se defendió por más de dos horas, quedando la batalla sin triunfador, retirándose los insurgentes pero se llevaron un cañón y 200 voluntarios -entre pobres y desertores- de Sada. En Monterrey corría la especie de un nuevo ataque de Herrera, por lo que se montaron trincheras, barricadas y fosos por orden de Sada.

De Herrera, Villagrán y su ejército fueron atacados por los españoles Timoteo Montañez y Adeodato Vivero, en La Chorreada, jurisdicción de Salinas (hoy Salinas Victoria), y triunfaron los realistas: 52 insurgentes muertos, muchos heridos y 27 prisioneros. Un artillero desertor de la Compañía de Monterrey, Leandro de la Cruz, fue fusilado momentos después de la batalla, por traidor y capturado in fraganti; se le fusiló en la plaza de Salinas y se colgó su cabeza de un árbol para escarmiento público. En Santa Catarina, un piquete de realistas capturó a José Urbina Cantú, acusado de reclutar gente en favor de los insurgentes y proveerles de alimento. Se le trasladó a Monterrey y condenó por "seductor de la insurgencia". El 20 de julio fue conducido con el rostro cubierto y las manos atadas, de la prisión (actual Museo Metropolitano), a la plaza del mercado (plaza Hidalgo). Se le arrodilló y fusiló con cuatro descargas de fusil, que no fueron suficientes y en el suelo se le dio otra descarga de cuatro, ante la duda del alcalde, se le dio una última descarga de dos tiros. Un justicia (juez) militar le desprendió la cabeza. El cuerpo fue enterrado en la parroquia de Monterrey y la cabeza colgada de un garfio sobre un árbol en el camino entre Monterrey y Saltillo.

Otros juicios fueron los de José María Peña, desertor del presidio de San Fernando (Tamaulipas) que participó en el asalto a Monterrey. Fue fusilado el 28 de julio.

José María Guajardo (alias Covarrubias), Juan José García, José María Guerrero, nativos de  Saltillo; y José Rafael Reyes, de San Luis Potosí. 

El 27 de julio se condenó a muerte al indio pame José María González, mozo de silla (caballerango) de la misión de la Divina Pastora, pero como no entendía lo que eran el sacramento de la reconciliación y la eucaristía, antes de fusilarlo se le perdonó la vida. Las leyes de Indias prohibían matar aborígenes no civilizados aún en pecado.

Otros ocho insurgentes de clase humilde fueron azotados en público de entre 10 y 50 latigazos según su culpa, y entregados al Gobernador del Nuevo Santander en la Villa de Aguayo (actual Ciudad Victoria, Tamaulipas), quien los distribuyó para trabajos forzados en  presidios de Perote, San Juan de Ulúa en Veracruz, y la Habana, Cuba.

Por su parte, José de Herrera y Julián Villagrán, escaparon ilesos del combate de la Chorreada, y siguieron promoviendo la independencia en el norte del Nuevo Reino de León y Nuevo Santander.

Herrera fue capturado y fusilado posteriormente en San Luis Potosí.

Julian Villagrán, hombre fuerte de la Zitácuaro en el Norte y apodado Julián I emperador de la Huasteca, fue aprendido por el implacable capitán general de las Provincias Internas de Oriente, Joaquín Arredondo, llamado el Virrey del Norte.

Cierto que la guerra de independencia pasó casi desapercibida por los nuevoleoneses, excepto por los insurgentes fusilados