20/07/2018
Editoriales

Dile sí, al amor que te mereces

"Mereces un amor que te quiera despeinada, con todo y las razones que te levantan de prisa, con todo y los demonios que no te dejan dormir.

Mereces un amor que te haga sentir segura, que pueda comerse al mundo si camina de tu mano, que sienta que tus abrazos van perfectos con su piel.

Mereces un amor que quiera bailar contigo, que visite el paraíso cada vez que mira tus ojos, y que no se aburra nunca de leer tus expresiones.

Mereces un amor que te escuche cuando cantas, que te apoye en tus ridículos, que respete que eres libre, que te acompañe en tu vuelo, que no le asuste caer.

Mereces un amor que se lleve las mentiras, que te traiga la ilusión, el café y la poesía." –Frida Kahlo-.

He escuchado a muchas mujeres hablar, las he visto reír, pero también –por desgracia- he secado sus lágrimas. Sé de sus fragilidades porque todos los días camino en tacones, uso vestido y mi corazón es como el de ellas porque también he nacido mujer. Entre nosotras, cuando charlamos, compartimos secretos, reímos por todo, somos cómplices de sueños y esperanzas, vemos al mundo desde la mirada femenina que nos une para comprender muchas cosas, e incluso –estando juntas-, llegamos a entender nuestro cansancio de cada día. Podemos ser amigas o enemigas, pero todas sabemos amar. Mucho o poco, pero amamos como sólo las mujeres podemos hacerlo. Quizás de una manera distinta a la de ellos, con más detalle, con más sutileza y con más intensidad.

Somos las mujeres del siglo XXI, con independencia, con empuje, con iniciativa y con un sinfín de actividades que nos llevan a encontrar fuerzas más allá de lo imaginable; pero todas, en algún momento de nuestra vida hemos sufrido por amor. ¿Acaso es que se nos olvida cuanto valemos y lo que nos merecemos?

Tal vez, siendo mujeres, no tengamos la misma fuerza física que ellos, pero nuestra fortaleza nace y crece en el alma, donde no es posible medirla, sólo sentirla. Esa fuerza de la que hablo, única en nosotras, puede –con facilidad- alcanzar dimensiones insospechadas, permitiéndonos con esto, llegar a soportar grandes dolores.

Tal vez siendo mujeres, nos resulte más sencillo llorar y sentir los días grises como si fuesen negros. Tal vez como mujeres nos sucedan muchas cosas y algunas veces sólo tengamos ganas de hablar de lo común y cotidiano, como la manera perfecta de preparar un delicioso pastel de manzana o el secreto para lucir unas pestañas más largas. Pero lo que nunca nos debería suceder, es el hecho de olvidar lo grande que somos. Y debería resultarnos mucho más sencillo borrar de nuestra mente aquellos rostros y nombres de quienes un día nos hicieron llorar hasta perder el sentido, haciéndonos sentir que no valemos nada o que no merecemos un amor sin mentiras, sin engaños, sin traiciones, sin ausencias, sin olvidos, sin conflictos, sin dolor, sin un adiós.

En nuestro andar, todas podemos tener un mal día, una etapa difícil o complicada, momentos de calma, instantes de alegría, noches de insomnio, temporadas de melancolía, y con certeza –dentro de todo esto- puedo incluir el recuerdo de un desamor que posiblemente nos llevó a olvidarnos de la mujer que vive dentro de nosotras, esa que merece ser amada y valorada.

La vida -con sus días tan únicos como irrepetibles- puede permanecer estática e incluso rutinaria -por meses y años-, cuando de pronto, en un segundo, todo puede cambiar. Tenemos en nuestras manos el poder de decidir qué queremos en nuestra vida, de aceptar lo que funciona y desechar lo que hace daño. Y, aunque pudieras dudarlo, créeme, nunca es tarde para rescatar a esa mujer que lo merece todo. A veces, para lograrlo, la clave está en darle tiempo al tiempo, él se encargará de poner cada cosa en su lugar.

Nunca aceptes un amor que ofrezca migajas –aunque te sientas muy sola-, o que te dé lo que le sobra y jamás quiera escucharte cuando hablas... recuerda que: "Mereces un amor que te haga sentir segura, que pueda comerse al mundo si camina de tu mano, que sienta que tus abrazos van perfectos con su piel".