21/11/2018
Editoriales

El autismo

Un ingeniero cayó junto con la losa que estaba colando al fallar la cimbra de una obra que construía en un país lejano al suyo.

Se despeñó encima del concreto fresco por lo que no murió, pero del golpe y el susto perdió la memoria.

Salió del hospital unos días después sin saber quién era y se quedó a vivir en ese país por una docena de años, sobreviviendo de lo poco que recordaba de su profesión. 

Hasta que un día, viendo una película por la televisión, reconoció el escenario que aparecía en la pantalla y hasta creyó recordar una dirección.

Como pudo viajó a ese lugar y dio con la dirección que correspondía a una casa en donde apareció una mujer que al verlo se asombró, y luego de unos minutos de incertidumbre se mostró feliz de haberlo recuperado.

Se quedó a vivir con ella y tuvieron descendencia, pero luego de una docena de años vio otra película recordando otro escenario distinto y ese sí era el real, su memoria le había regresado. No dijo nada a nadie y desde ese día se volvió autista.