14/Nov/2019
Editoriales

La corrupción siempre

Un experto empresario esperaba hablar con el juez que fallaría en una demanda millonaria que había interpuesto contra una gran planta industrial, por daños y perjuicios.

Se abre la puerta y aparece el juez.

_Bien, hoy dictaré una sentencia. ¿si le fuera favorable cómo agradecería esa decisión?

_Señor, con el riesgo de que usted se moleste, yo le ofrecería la mitad de la cantidad autorizada

_¿He dicho yo que hoy dictaré una sentencia? Preguntó el juez como despertando de un sueño. Dios mío ¿qué me pasa? Lo que quería decir es que he fallado favorablemente a usted por la cantidad completa solicitada.

_¿Dije yo que daría la mitad? Dijo el empresario. Dios mío, lo que quise decir es muchas gracias.

 

 

Cuento de Ambrose Bierce, versión libre mía