31/Mar/2020
Editoriales

Louis Armstrong

Hablar de Louis Armstrong es recordar a un artista excepcional. Nació en Nueva Orleans a principios del siglo XX y su vocación desde que nació no fue otra que la música. Es absolutamente inolvidable su voz ronca y el angelical sonido de su trompeta en la melodía “What a Wonderful World” –que es mi pieza favorita- y muchas otras rolas de Jazz. Tony Bennet afirma que el Jazz fue inventado por Armstrong, cantando y tocando en pura y franca improvisación.

Cuando Armstrong tenía 20 años grabó Hot Five y Hot Seven, que le dio fama a pesar de que Louis viviera en el barrio pobre de negros en Nueva Orleans. Siendo apenas un niño se tropezó con su futuro al encontrarse una trompeta arrumbada en un rincón de la Casa de Seguridad policial donde estaba recluido por problemas de inseguridad y desde ese momento nunca se separó de ella. Para 1922 ya era todo un músico profesional incorporado al grupo Creole Jazz Band, en Chicago. Desde ese momento fue apodado como “la piedra roseta del Jazz”.

Fue el primero que se aventó a hacer “solos” con su trompeta en ese ritmo y pionero en su especial forma de cantar, imitando con su voz el sonido de su trompeta. Además, puso de moda el canto vocalizando sílabas sin sentido en sus canciones, sólo llevando el ritmo. Con su banda All Stars llegó a lo más alto de la música, pero nunca olvidó sus orígenes reconociendo su doble bendición: el don de tocar trompeta y su voz pastosa y penetrante. Una vez declaró: “La trompeta es lo primero para mí, ella está antes que todo, incluso antes que mi esposa”. El inolvidable Louis Armstrong, quien tenía como característica física el subir y bajar de peso en forma espectacular, murió de causas naturales durante un sueño a los 69 años, y fue sepultado en Flushing Cementery, en Queens, NY.