23/09/2018
Editoriales

Los Grandes Gobernadores de Nuevo León. Eduardo Livas, tercera parte

En las dos partes anteriores vimos los antecedentes personales, familiares y políticos de Eduardo Livas Villarreal. Sus dificultades para ser el candidato del PRI a la gubernatura del estado, su rompimiento y posterior reconciliación con el partido mayoritario y su clara victoria electoral en 1961. Analizamos sus coincidencias cronológicas con los fenómenos políticos internacionales y nacionales que repercutieron en Nuevo León, y sus ambiciosos programas de gobierno que fortalecieron el campo, cambiaron la vocación de la presa La Boca, y crearon el primer Plan Regulador del Crecimiento Urbano.

 

Las precarias finanzas de la Universidad de Nuevo León le llevaron a autorizar un incremento en las cuotas estudiantiles que provocaron, junto a otros diferendos en la máxima Casa de Estudios, una huelga que polarizó a la comunidad universitaria. Aceptó la injusta renuncia del rector José Alvarado Santos, y en las escuelas primarias, la implantación federal del libro de texto gratuito que disminuiría la desigualdad educativa entre los estudiantes pobres y ricos. Hubo de soportar la embestida de la Unión Nuevoleonesa de Padres de Familia y los grandes industriales, quienes aprovechaban ese movimiento para mostrar inconformidad con la Reforma Laboral federal, reuniendo en una manifestación de protesta a cien mil personas.

    

En los dos textos anteriores pudimos terminar la narración del sexenio de Livas Villarreal. Pero consideramos necesario ampliar la descripción del contexto internacional, porque México y Nuevo León se preparaban, sin saberlo, para enfrentar en breve tiempo peligrosas protestas callejeras de jóvenes influenciados por las políticas de las grandes potencias, apareciendo de pronto grupos guerrilleros y movilizaciones que fueron reprimidas con violencia y marcaron la historia de México y de Nuevo León.

 

En una evaluación rápida de lo que sucedía en el mundo, concluimos que el nuestro no es de los países que pueden permanecer aislados sin que las circunstancias internacionales le afecten y modifiquen su vida pública. La guerra fría entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, a estas alturas del segundo lustro de los años sesenta, ya era una guerra polarizada.

 

La Guerra Fría se expresa en Nuevo León

La URSS tenía varios países satélites en el orbe. Mongolia, Cuba, Polonia, Bulgaria, Rumanía y socios del tipo de China con sus propios satélites -como Corea del Norte- entre otros. Libia con su líder Muammar Gadafi formó su propio socialismo a la musulmana y se hizo amigo de la U.R.S.S. Estos regímenes eran sostenidos por la fuerza de ejércitos armados y modernizados por los soviéticos, que echaban mano del terror para conseguir la sumisión de sus pueblos, sin celebrar elecciones que justificaran su estancia en el poder.

 

En cambio, Estados Unidos no tenía un círculo tan cercano y fuerte. Sólo países amigos o socios, digamos, pero que en una elección democrática podrían convertirse en regímenes de izquierda. Chile fue uno de esos países que se “brincó las trancas” de Estados Unidos; de ser un país conservador y ultra capitalista (aún en 1972 era legal trabajar por comida y techo, sin sueldo), en ese mismo año accedió al poder un gobierno socialista encabezado por Salvador Allende. Así que para evitar que los soviéticos se colaran a Sudamérica, Estados Unidos y las clases altas chilenas organizaron un golpe de estado e instalaron a una sangrienta dictadura militar, con Pinochet a la cabeza, que tampoco requería el refrendo democrático.

 

Una vez terminado el proceso chileno, Estados Unidos fue por más. No conforme con tener sus aliados europeos y su satélite Japón, construyó otras dictaduras para expandir su dominio en el mundo. Las instaló en Argentina, Uruguay, Brasil, y Panamá con su líder Noriega que, metido a capo de drogas, debió ser derrocado por quien lo instaló en el poder: Estados Unidos. Y varias dictaduras más de trágica consecuencia en África, como Uganda con su caníbal líder Idi Amín. El caso de Cuba merece un artículo aparte, sólo apuntaremos que EUA apoyó a Fidel Castro, y después intentó derrocarlo en varias ocasiones, pero la URSS se le atravesó. 

 

Esos eran los tortuosos tiempos de cuando Eduardo Livas gobernaba Nuevo León, pues todo México preocupaba a Estados Unidos por ser un objetivo de la URSS. Nuestro país no era ni constitucional ni formalmente de izquierda o de derecha, puesto que su sistema político permite el esfuerzo individual y la propiedad privada, pero respetando los derechos sociales de las colectividades obreras, campesinas, gremiales, de discapacitados, indígenas y demás. México resolvió sus problemas democráticos internos con relativa facilidad: comenzó a perfeccionar su sistema electoral para darle credibilidad y prohibió los partidos de extrema izquierda.

 

Sin embargo, dentro del Partido Revolucionario Institucional -que gobernaba-, existían bastiones de las diversas gamas de izquierda, lo cual se consideraba saludable para la democracia. Y la tarea más importante consistía en dosificar esas candidaturas presentando las más apropiadas para mantener el equilibrio internacional, aquellas que no pusieran nerviosas a las dos grandes potencias.

 

México se mantuvo neutral

En esa tesitura México jugó un papel neutral en la Guerra Fría. No se entregó totalmente a Estados Unidos como un país satélite a pesar de su vecindad, pero sí lo convirtió en su principal acreedor y socio comercial, manteniéndose en una actitud digna respetando al gobierno socialista de Cuba que sufría el ominoso bloqueo comercial norteamericano, e incluso llegando a proporcionarle apoyos económicos y petroleros, pero al mismo tiempo despreciando a la dictadura de Chile otorgando asilo a muchos ciudadanos chilenos socialistas.

 

El análisis ramplón cotidiano decía que Monterrey, como ciudad industrial, era un bastión capitalista, pero las cosas nunca fueron así de simples. Porque la industria requería de un grupo numeroso de trabajadores que eran los supuestos beneficiarios del sistema socialista y la ciudad era -y es- un gran centro universitario de talla mundial, donde confluyen todo tipo de ideologías. De eso, Eduardo Livas sabía bastante.

 

En Nuevo León, como en todo el mundo, no todos los obreros eran proclives al comunismo. Estudios revelan que el 42% de los individuos antepone sus creencias religiosas a las ideas políticas; por tanto, muchos trabajadores regiomontanos prefirieron mantenerse fieles a la Iglesia Católica que afiliarse a grupos de ideas socialistas. Igualmente, la confluencia de ideas de los universitarios los dividía, no muchos eran socialistas. Sin embargo, el empresariado y la Iglesia Católica sí conservaban su poder y su fuerza para apoyar al capitalismo, condenando al comunismo.

 

El gobierno de Livas Villarreal estuvo entre dos fuegos

Durante el gobierno de Livas, Nuevo León vivió las consecuencias de la guerra fría con varios conflictos. Ya vimos que el libro de texto gratuito despertó a los grupos de derecha, ante la supuesta amenaza de comunizar a sus hijos.Los mismos bandos de derecha e izquierda que se disputaban el control político del mundo provocaron conflictos en Nuevo Leóndurante el gobierno de Livas, como estrategia para trasladar sus luchas al centro del país.

 

Por un lado,la derecha empresarialy la Iglesiarealizaron esamarcha sin precedentes en la ciudad de Monterrey, para luchar contra la supuestaamenaza de los libros de texto gratuitos que según susopositores promovíanel comunismoy el ateísmo.Y porotrolado la izquierda magnificaba el aumento de las cuotas universitarias, haciéndolo ver cómo un intento de dejar a las clasesobreras sin estudios.Livas pudo conjurar mediante el diálogo y la tolerancia el problema del libro de texto cola derecha, yel problema de la izquierda se disminuyótemporalmente con la renunciadel rector José AlvaradoSantos, considerado daño colateral.

 

Pero ya decíamos que la protesta de la derecha iba más allá de la censura a los libros de texto. Era contra una ley industrial que paradójicamente aumentaba impuestos y protegía a la industria estatal, pero a la vez daba incentivos a la industria privada que molestó a una parte del empresariado acusándola de facciosa, y la Iglesia Católica aprovechaba la coyuntura para saber qué tan acotadas estaban las leyes callistas que propiciaron la Guerra Cristera.

 

El balance del conflicto es que ganaron todas las partes

Al final del sexenio, gracias a la habilidad de Livas, en este conflicto todos ganaron. Los empresarios y las clases altas y medias simplemente ignoraron al libro de texto gratuito en las escuelas de sus hijos, pues aunque sigue repartiéndose en los colegios, no lo usan y en su lugar se compran “libros de apoyo”. El gobierno ganó al no modificar los textos y la iglesia se dio cuenta que al gobierno no le importaba lo que hacían sus fieles ni sus sacerdotes, así que las peregrinaciones, ferias, y misas al aire libre, siguen realizándose, solapadas en la práctica.

 

Livas gobernó (1961-1967) cuando Adolfo López Mateos (1958-1964) y Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) fueron presidentes de México. Ambos fueron bastante estables en cuanto a la política exterior de equilibrio y apertura comercial. Pero en lo interior, las circunstancias políticas que afrontó GDO fueron más difíciles y le tocó el difícil trance –que es un hito en la historia nacional- de reprimir a estudiantes que se manifestaban en contra de las condiciones económicas y sociales que padecían ellos y sus familias. Esto con dos eventos deportivos en puerta, las Olimpíadas de México 68 y el Mundial de Fútbol México 1970. 

 

Guardando las debidas proporciones, los problemas que afrontó el gobernador Livas Villarreal habían sido similares, pues las calles se llenaron de manifestantes, aunque de otra edad, en el fondo se trataba de una lucha sorda por el control político. Livas superó una dura prueba enfrentado a las dos fuerzas políticas e ideológicas: una poderosa económicamente y otra que se preparaba con argumentos para manifestaciones nacionales mayores.

 

Podemos especular que fueron solamente fuerzas locales las que actuaron en el conflicto del libro de texto gratuito, o también podemos hacerlo suponiendo que los problemas con la derecha provenían desde la silla de Juan XXIII o de la oficina Oval de Kennedy. Pero si ese fuera el caso, no podemos dejar de suponer que los problemas con la izquierda venían de Nikita Krushchov. Lo único cierto es que el gobernador Eduardo Livas y su equipo supieron manejar la crisis política mientras que, en la Ciudad de México y en otros países, las crisis parecidas terminaron en tragedia.

 

 

 

 

 

FUENTES

La psicología de las Masas, Gustave Le Bon, Editorial Morata.

Mexicanidad y el libro de texto gratuito, Lilian Álvarez de Testa,

Los libros de texto gratuitos: la disputa por la educación en México. 

Lorenzo Villa Lever

Movimientos Sociales en México, Elke Köpen. UNAM