23/Oct/2020
Editoriales

Cuentete El físico también cuenta

Una mujer regiomontana tenía muchas cualidades; buen corazón, culta, gustos refinados, de vestimenta elegante, y trato dulce como la miel.

No todas estas virtudes eran de nacencia, sino a base de esfuerzo, estudiando pintura, música, literatura y cursos de urbanidad.

Cuando estaba cercana a la edad de “quedarse a vestir santos” un hombre guapo y con ambiciones de progreso pidió su mano.

Se casaron y vieron felices durante algunos años hasta que el esposo de pronto no regresó a su casa. 

Preocupada fue a la policía y al poco tiempo supo que estaba bien, pero viviendo en Saltillo con otra mujer.

Su noble corazón se alegró de que nada malo le hubiese sucedido, pero entristeció.

Esperaba su regreso y en el ínterin se encontró a una amiga, compañera del Colegio y, después de las primeras expresiones de cosas inocuas, abordaron el incómodo tema.

A pregunta directa de su amiga, no pudo evitar responderle acerca de su situación marital.

Le explicó que tenía esperanzas de que su marido regresara porque no le había pedido el divorcio y esa era una señal que ella interpretaba como favorable.

Ellas acostumbradan a ser crueles entre sí, por haberse conocido en la edad en que los defectos del compañero se gritan y son objeto de burla, así que le dijo crudamente que ella pensaba que ya no regresaría.

La descorazonada mujer le pidió que fuera a buscarlo y la sacara de dudas de una buena vez, para saber a qué atenerse en el futuro.

La amiga accedió, así que viajó a la ciudad vecina y logró entrevistarse con el susodicho.

De entrada, el hombre le preguntó por su esposa, que cómo estaba de salud, pues la había soñado enferma.

_Ella está bien de salud, incluso está haciendo ejercicio.

_¿En serio? ¿Y cómo puede moverse si está tan gorda?

La amiga sólo le llamó a ella, diciéndole que su marido le preguntó por ella, le envió saludos y que se olvidara de él.