20/Aug/2019
Editoriales

¿La vida es amarilla?

¡Qué simple!... No sé quién lo pensó pero sospecho que alguien que se sentía muy feliz  fue quien dijo: ¡La vida debería ser amarilla!... “AMAR Y YA”, así sin más. Y la verdad es que tiene toda la razón, ¿para qué complicarnos la existencia  intentando pintar la vida de otro color? Para mi “amar y ya” es suficiente.

Que de amor no se vive, es verdad, pero con amor se vive mucho mejor. Hoy quiero recordar las palabras de un gran amigo que amó hasta la locura, sin límites, sin tiempos y sin complicaciones. Él siempre supo cómo caminar a paso firme en busca de su gran amor “perfecto”… ¡hasta que lo encontró!

Todos lo conocimos con el nombre de Diego.  Recuerdo que a menudo él me decía cosas lindas pero también me sorprendía con verdades dolorosas. ¡Por eso era mi gran amigo! Cuando lo vi por primera vez me dijo: “Soy, lo que en todo encuentras el amor” y ese fue el título que le dio a su libro de poemas para sanar el alma. Soy, es el primero de ellos y comienza diciendo lo siguiente: Soy quien quiere acariciar tus sueños, quien recorre los caminos de tu mente, quien se impregna en los poros de tu piel y en el latir de tu corazón, una y otra vez…

Aun extraño su sonrisa, su mirada, sus tremendas ocurrencias y sus grandes carcajadas, inevitablemente contagiosas. Por fortuna, la vida me permitió coincidir con él para compartir bellos e inolvidables momentos que en el presente dan vida a mis recuerdos. Ahora que Diego ya no está conmigo, sólo le puedo decir al universo: “Gracias por dejarme acompañarlo hasta su última morada”.

Cuando alguien se va porque la vida se le acaba, a la edad que sea, en un día cualquiera, en su momento preciso y en el tiempo perfecto de Dios, es que nos invaden las dudas, la tristeza, el vacío y la añoranza… Y es justo en esos primeros instantes de sufrimiento o durante el inevitable duelo que pudiéramos llegar a preguntarle al creador: ¿Acaso la perfección de la vida consiste en no ser eternos? Tal parece que así es porque sólo de esa manera nos enfrentamos a una cruda realidad que nos brinda la oportunidad de comprender que “amar y ya” puede llegar a ser lo único que verdaderamente necesitamos para conectarnos con la vida y vivirla a plenitud. 

Y para llegar a esa plenitud, es importante tener en cuenta que vivir dura un ratito y es como un sueño maravilloso cuando en realidad aprendemos a disfrutar lo que este mundo nos ofrece como por ejemplo amaneceres perfectamente bellos aun en sus escenarios nublados, primaveras exactas en tiempo y forma, atardeceres exquisitos, únicos e irrepetibles y poquito de todo en cada ocasión.

El amor es mágico y también representa un sentimiento muy poderoso, quizás el más fuerte de todos; por lo tanto, cuando de sentimientos se trata, para poder amar y que con eso baste, hay que entregarlo todo, sin reservas ni medidas, con muchos excesos, con gran energía y sobre todo, sin poner límites a lo que sientes.

Porque si aprendemos a ver la vida de ese color, de un amarillo brillante, ésta puede llegar a ser tan bella, deslumbrante y valiosa como el oro, uno de los metales preciosos más codiciados en el mundo por sus estupendas propiedades.

En conclusión, la vida es simple, nos la regalaron para vivirla y vivir es sólo un instante, por lo tanto, antes de que pase más tiempo, me gustaría invitarte a comenzar desde hoy a ver tu vida en tonalidades amarillas, a sentir el sol dentro de ti y a disfrutar el placer de “amar… y ya” sin importar nada más.