26/04/2019
Editoriales

Nada nos llevaremos

 En 2006 Warren Buffet anunció que donaría su fortuna (52 mil millones de dólares) a causas nobles. Además, dijo que el 99% del donativo lo daría a la Fundación de Bill y Melinda Gates, exóticos ricachones que competían con él por el título del Hombre más Rico. Luego Bill Gates (56 mil mdd) dejó la presidencia de su empresa Microsoft, para administrar junto a su esposa, su Fundación aludida, considerada la más grande del orbe, y Gates dice haber donado durante su vida ¡28 mil millones de dólares!

El primer magnate que la tecnología enriqueció fue William Vanderbilt. Heredero de una empresa de ferrocarriles en Estados Unidos, aprovechó su extensa red ferroviaria, para crear la Agencia de Noticias Magnum, tomando desde los trenes fotografías del día, para los noticiarios. Esta tecnología de punta, le llevó a que en 1885 su fortuna llegara a 231 mil millones de dólares, y nunca donó nada importante en su vida.

El rico mayor del Imperio Romano fue Marcus Licinius Crasus -Craso-, cuyas propiedades se conectaban desde Siria hasta Roma, dueño de minas de plata, traficante de esclavos, dejando 500 de ellos como su servidumbre personal… y nunca donó nada. Basil II, del imperio Bizantino, tuvo una fortuna de 170 mmdd en oro (estimación del Instituto Smithsoniano), dueño personal de lo que ahora es Bulgaria. Su negocio era cobrar impuestos, y tampoco donó nada a nadie.

Fue hasta el siglo XX, que John Rockefeller (318 mil mdd) y Henry Ford (188 mil mdd) se hicieron millonarios, cuando aparecieron los filántropos. Empezó Andrew Carnegie (298 mil mdd), migrante escocés norteamericano en 1903 que se convirtió en magnate del acero, aprovechando el boom en la construcción de ferrocarriles. Agobiado por la competencia con el grupo J. P. Morgan, prefirió donar el 90% de sus propiedades a obras de caridad, antes de que Morgan lo quebrara.En México sí hay algunos filántropos, pero ninguno dona un porcentaje importante de su fortuna para las causas nobles. Vemos familias ricas en las páginas sociales encabezando colectas de instituciones de beneficencia, o en Comités de vigilancia al uso de los fondos fiscales cuando hay obras de emergencia. Pero pocos aportan dinero y algunos buscan hacer negocio con las inversiones en la beneficencia púbica, recomendando empresas proveedoras.

El ingeniero Carlos Slim, corredor de bienes raíces y fiduciario en la Bolsa de Valores, hizo fortuna aprovechando las crisis para comprar barato. En los años 80 que adquirió Philip Morris México, con su cash flow, compró empresas semi quebradas entre las que destacan Reynolds Aluminio, Seguros de México para formar Grupo Financiero Inbursa, con Casa de Bolsa Inversora Bursátil, Seguros de México y Fianzas La Guardiana. Fábricas de Papel Loreto y Peña Pobre, Sanborn’s y Denny's, Nacobre, y las de neumáticos Euzkadi y General Tire. En 1990, adquirió Telmex en subasta pública, junto a France Telecom y SBC Telecomunicaciones de Estados Unidos, monopolizando las comunicaciones en México. En 1997 adquirió acciones de Apple Inc., justo antes del lanzamiento de la iMac, multiplicando su fortuna.

En ese mismo 1997 adquirió Prodigy, un conocido proveedor de Internet, y muchas otras empresas conforman su poderoso grupo Carso. Pocos mexicanos han amasado fortunas de ese calibre, el más famoso fue el Marqués de Aguayo, José de Azlor, que en 1722 poseía la mayoría de las tierras de Coahuila y Texas, casi 300 esclavos y 14 grandes haciendas viníferas y ganaderas. Slim tiene una Fundación que promueve la cultura y apoya a determinados segmentos de la sociedad, pero nada que impacte a su gran fortuna. En Nuevo León hay grandes fortunas, hechas casi todas con el trabajo arduo y audaz de empresarios, pero con honrosas excepciones como Don Luis Elizondo y otros filántropos menores, nadie dona parte importante de su capital para ayudar a los necesitados. Es loable hacer fortuna, pero cuando es demasiado grande, es saludable repartir a los que nada tienen, pues como dicen todas las culturas del mundo, nada nos llevaremos a la hora de la muerte. Lo que impresiona es que en México los ricos no ayuden a los pobres, sino todo lo contrario.