21/09/2018
Editoriales

En vida, hermano. En vida

 

En vida, hermano, en vida

Si quieres hacer feliz,

a alguien que quieres mucho,

dícelo hoy, sé muy bueno ...

en vida, hermano, en vida.

 

Si deseas dar una flor

no esperes a que se mueran,

mándala hoy con amor ...

en vida, hermano, en vida.

 

Si deseas decir: “Te quiero”

a la gente de tu casa,

al amigo cerca o lejos ...

en vida, hermano, en vida.

 

Tu serás muy, muy feliz,

si aprendes a hacer felices,

a todos los que conozcas ...

en vida, hermano, en vida.

 

Nunca visites panteones,

ni llenes de tumbas flores,

llena de amor corazones ...

en vida, hermano, en vida.

 

El poema es de Ana María Rabatté. Y es muy cierto. No hay que esperar a que la gente muera para decirle lo que sentimos. No hay que esperar a que desaparezcan las personas para llenar su tumba de flores.

 

En vida del maestro Israel Cavazos Garza hicimos la propuesta al H. Congreso del Estado para que lo declararan Benemérito del Estado. El Congreso del Estado, en una respuesta que nos dirigió cuando tuvimos el privilegio de presidir la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística y proponerlo como candidato a Benemérito de Nuevo León, reconoció en el maestro Israel Cavazos Garza los méritos suficientes para ser declarado Benemérito del Estado. Sin embargo, sus integrantes hicieron una curiosa interpretación y señalaron que si en el Decreto aparece la palabra memoria eso significaba que el candidato a tal distinción debía estar muerto para recibir ese reconocimiento.

 

Al enterar de esta resolución al maestro Cavazos Garza, con su característico buen humor, nos respondió: “Tendrán que esperar”. Y tuvieron que esperar. Años después –nadie es eterno—nos despertamos con la noticia del fallecimiento de Don Israel. Los integrantes de varias Legislaturas perdieron la oportunidad de declarar al Maestro Israel Benemérito del Estado. Hasta entonces, la actual Legislatura tomó el acuerdo. Es una lástima que el Maestro Cavazos Garza no se haya enterado, pues ya había fallecido

 

Habría que consultar a los académicos de la lengua para que ayuden a los Diputados a determinar si todo lo que se refiere a la memoria está muerto. Hasta las computadoras tienen una memoria viva que guarda millones de caracteres que cambian día con día.

 

La memoria no es muerte. La memoria es vida, ayer, hoy y mañana. Es la facultad de conservar las conquistas de la humanidad para que sirvan a las actuales y futuras generaciones. Además, existen pruebas fehacientes de que este reconocimiento –el de Benemérito— se ha entregado en vida. En el siglo XIX, el 24 de octubre de 1873, el Congreso del Estado ratificó el Decreto del 20 de febrero de 1867 declarando Benemérito de Nuevo León, en vida, al doctor José Eleuterio González “Gonzalitos”. Esto le permitió al pueblo manifestarle en vida su reconocimiento y su amor por tantas cosas buenas que hizo sin haber nacido en nuestro Estado.

 

Por otra parte, en el siglo XX, el 30 de Junio de 1918, por acuerdo del Congreso del Estado se declaró oficialmente Beneméritos a los maestros nuevoleoneses Serafín Peña y Miguel F. Martínez, quienes recibieron esta distinción en vida. Y así, hay otros casos. A nosotros nos tocó acompañar al maestro Plinio D. Ordóñez a recibir este reconocimiento.

 

Una situación parecida se presenta ahora y la Universidad Autónoma de Nuevo León no la va a desaprovechar. Al salir de la reunión donde se tomó el acuerdo, el Rector de la UANL, Ing. Rogelio Garza Rivera, nos comentó: “Te voy a dar una noticia que te va a dar mucho gusto. La UANL ha decidido homenajear en vida al Maestro Alfonso Rangel Guerra, a sus 90 años de edad. Y para honrarlo le ha encargado al escultor David González la elaboración de una escultura con la imagen del maestro Rangel Guerra. David González es el mismo escultor que elaboró el busto de Don Raúl Rangel Frías que está al pie de la Torre de Rectoría.

 

Alfonso Rangel Guerra, cuyo busto estará en la Plaza de los Universitarios Ilustres, es un regiomontano que ha logrado destacar a nivel nacional y que en forma callada ha realizado una gran labor en beneficio de la educación, la investigación y la cultura.

 

Hablar del licenciado Alfonso Rangel Guerra es hablar de un hombre que ha estado ligado, por más de 70 años, a la Universidad de Nuevo León. Desde aquel ya remoto año en que, a los 16 de edad, se inscribió para cursar los estudios de bachillerato, no ha roto nunca el contacto con su Alma Mater

 

El licenciado Rangel Guerra nació en esta ciudad el 16 de noviembre de 1928, y pasó su adolescencia y juventud en el Barrio del Colegio Civil, el cual él mismo evoca como "uno de los barrios más vivos que tuvo la ciudad en aquellos años lejanos, barrio que se constituía con las casas típicamente regiomontanas de las ventanas altas, casas de sillar. En mi casa había ventanas a ambos lados de la puerta de la calle, con pasillo en la entrada y cuartos de un lado a otro y al final un patio de ladrillo y atrás el que se llamaba 'el corral'. Mi familia tenía las formas ordenadas de vida de aquel tiempo. Se despertaba y se acostaba uno muy temprano, se comía al filo de las doce del mediodía como en los pueblos y se cenaba a las seis de la tarde. En aquellos lejanos años de la niñez todavía había mecedoras en la banqueta y el barrio era parte viva, había mucha convivencia. Era una comunidad muy configurada en la amistad y la convivencia, de manera que la vida sucedía muy tranquila".

 

El licenciado Rangel Guerra siguió su carrera en la Máxima Casa de Estudios de Nuevo León, y en 1953 obtuvo su título de Licenciado en Derecho. Desde antes de terminar sus estudios, en 1952, fue designado secretario de la Facultad de Filosofía, cargo que desempeñó hasta 1958. Paralelamente, de 1955 a 1958, fue director de la Preparatoria Uno de la Universidad de Nuevo León. En esa época fue nuestro maestro de Literatura. Hace unos días estuve en su despacho y le agradecí el 10 de calificación que me puso en el examen final, así como el de habernos acercado a Alfonso Reyes y a Raúl Rangel Frías.

 

Becado por el gobierno francés, se trasladó a la Ciudad Luz a fin de estudiar literatura, comparada y francesa moderna en la Universidad de París, de 1958 a 1959. Prolífico escritor, el licenciado Rangel Guerra es autor, entre muchas otras, de las siguientes obras: Un Mexicano y una obra. Agustín Yáñez; Nueve universidades mexicanas. Un análisis de su crecimiento y desarrollo; La educación superior en los estados. Sus proyecciones a 1980; La autonomía universitaria en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; Alfonso Reyes en nuestro tiempo; Biografía de Alfonso Reyes; Las ideas literarias de Alfonso Reyes; Alfonso Reyes en tres tiempos; Aliento y flama del Patronato Universitario de Nuevo León. Una historia de servicio a la comunidad y a la patria.

 

El maestro Rangel Guerra ha entregado su vida a la Universidad y ahora la Universidad lo honrará en vida, como debe ser.