15/11/2018
Editoriales

Diálogo de errores

 

Desde el día en que nacemos hasta el día en que debemos partir de este mundo vamos cometiendo infinidad de errores, algunos serán minúsculos, insignificantes y casi ni se notarán; sin embargo, otros tantos serán inmensos, importantes e imposibles de ocultar. No obstante, cada uno de ellos representa una experiencia, un aprendizaje y un recuerdo.

Muchas veces, no es sencillo ni cómodo hablar de nuestras fallas, ya que todos –muy en el fondo- quisiéramos ser perfectos, pero sentarse a la mesa con algún ser querido para dialogar sobre esas tantas veces que nuestras imperfecciones nos hicieron estallar (a ambas partes) debe ser algo muy productivo, siempre y cuando lo hagamos con la intención de mejorar y dejando encerradas en el cuarto de al lado a las emociones de bajo nivel, para que no nos estorben ni interrumpan esa importante conversación.

Reconocer nuestras fallas, decir “sí, me equivoqué”, ¡perdóname!... debería ser el camino más sencillo para arreglar diferencias; sin embargo, la vida no es así de fácil.  A veces te equivocas y pierdes.

Por mi parte, sé que me he equivocado un montón de veces, y es normal, ya que no soy perfecta y también reconozco que no he sabido reaccionar de la mejor manera ante lo que me ha lastimado o enfadado de alguien más, pero, desde hace tiempo vengo pensando que me encantaría sostener un honesto diálogo de errores con las personas que amo –mis hijos y mi esposo-, para volver a empezar desde cero. Una nueva historia que base sus cimientos en la tolerancia, la confianza, la honestidad, la armonía, el apoyo mutuo y el cariño sincero, ese que de inmediato produce un verdadero calor de hogar. Ojalá que la vida me regale esa valiosa oportunidad.

Un día me di cuenta de que para poder amar verdaderamente a una persona primero debes aprender a tolerar sus defectos –a enamorarte de ellos-, pues de esta manera, las virtudes de ella serán el regalo que el destino le entregará a tu corazón.

Hace rato, platicando con una amiga, de pronto le dije: Te voy a hacer una pregunta importante. Dime por qué razón soy tu amiga y ella respondió: Bueno, primero porque el destino nos hizo coincidir en determinado momento de nuestras vidas y después, porque con el tiempo, me di cuenta de que me agrada tu manera de ver el mundo y te quiero con tus virtudes y defectos, te quise ayer y lo hago también ahora, en tu transformación. Porque todos los seres humanos con el tiempo vamos experimentando ciertos cambios y tú no estás exenta de ellos…

Esos pequeños o grandes cambios que todos experimentamos, son momentos de nuevos comienzos. Nuevas oportunidades que la vida te regala, cada mañana, cuando ves brillar el sol.

Más tarde, pensando un poco en el nuevo rumbo que tomará mi vida, le consulté a un amigo sobre el tema, no obstante haberle comentado que a veces duele tomar decisiones y entonces él me contestó: “Para mi tu alma guerrera te debe ayudar a decidir qué es lo mejor para ti… Tú debes saber que las personas que lloran, en gran parte lloran por impotencia y tristeza, pero en otras tantas ocasiones también lloran de felicidad o de nostalgia…”

Considero que antes de sentarse a la mesa para entablar un verdadero dialogo de errores, se debe pasar primero por un profundo análisis interno, recordar los momentos vividos, tanto los buenos como los malos, entender y aceptar que el tiempo ha transformado parte de nuestro ser pero jamás  -por más cambios que sucedan-, logrará borrar nuestra esencia.  En ocasiones, hace falta llorar… ¡es válido hacerlo!, siempre será una buena opción el llorar “a moco tendido” ya sea por tristeza, felicidad o nostalgia, pero si se llora de tristeza, lo trascendental no es llorar por llorar sino tratar de sanar esas viejas heridas.

En situaciones complicadas me he preguntado: ¿por qué o para qué debo vivir esto? Sólo Dios lo sabe, y estoy plenamente convencida de que a menudo él te habla a través de terceras personas, haciéndote saber de esta forma el hecho de que está y estará siempre contigo. Otras veces, el creador callará; sin embargo, sutilmente te invitará a hincarte -en cualquier lugar- para orar y así poder poner en sus manos tu camino. Y si cometiste un error, él sabrá cómo ayudarte a enmendarlo.

Y enmendar es reparar, también es construir con nuevos cimientos. Como dijo otra gran amiga: “En la vida se construye o se destruye”. Tú eliges el camino a seguir. Así que si estás dispuesto (a) a entablar un dialogo de errores con alguien en particular puedes invitar a esa persona a compartir la experiencia y sin más preámbulos simplemente decir: Propongo esto, esto y esto para enmendar mis errores y quizá –de esta manera- tú y yo podremos abrirle la puerta a un nuevo comienzo... ¿Vamos a dialogar?