21/09/2018
Editoriales

Junio 24 de 1905: Albert Einstein, publica en una revista de física de Suiza su teoría de la relatividad

 

Junio 24 de 1905: Albert Einstein, publica en una revista de física de Suiza su teoría de la relatividad. Esta publicación, así como otros dos artículos que escribió el judío alemán, no tuvieron trascendencia, tal vez porque era un modesto empleado de gobierno en la oficina de patentes en Suiza.

   Pero su pensamiento cobró fama cuando consiguió trabajo en Praga y en Berlín, en 1916 que se conoce ampliamente su teoría que revoluciona a la ciencia mundial. Él mismo la describe como un intento de reconciliar las leyes de la mecánica con las del electromagnetismo, nada más que el angelito de un plumazo modifica la forma de ver el universo planteada por Newton.

   En su teoría, Einstein sustituye la visión lineal del tiempo, por un modelo muchísimo más complejo. Dice que si la velocidad de la luz es la misma para todos los observadores, al margen de su movimiento relativo a la fuente de luz, entonces todas las demás dimensiones del tiempo y del espacio no pueden ser absolutas, sino que dependen del movimiento del observador y de los cuerpos observados (son relativas).

   Parece sencillo de entender, pero trae muchas modificaciones a las fórmulas físicas, porque por ejemplo, se debe entender que ningún cuerpo físico puede viajar más rápido o incluso no puede viajar a la velocidad de la luz, y que esa materia y energía son intercambiables, que es el principio fundamental de la energía nuclear. Casi nada. Einstein abandona Alemania en 1933 cuando los nazis, léase Hitler, toman el poder político y se instala en la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, algo que nunca le perdonaron los sabios que servían al Tercer Reich.

  Pero este sabio universal no podía servir a una facción que buscaba usar a la ciencia en su beneficio y en contra del resto de la humanidad. Quién sabe qué tendría Einstein en su forma de ser, que cautivó a los mejores y más grandes auditorios en donde se presentaba. Parecía artista, si consideramos las expresiones del público en general de todas la nacionalidades, consignadas en los medios de comunicación. O sea, talento en exceso, humildad y carisma en un solo individuo. Un fenómeno.