19/01/2018
Editoriales

Profesionalización de las Policías

En su magnífico artículo "Discusión Hipócrita" en "El Horizonte", provocado por las declaraciones del Gral. Salvador Cienfuegos, Srio. de Defensa, Raymundo Riva Palacio pone el dedo en la llaga del mal más profundo y más necesario de corregir que padece México: La falta de seguridad pública. Resumiendo, dice que antes de cumplir un mes de su Gobierno, el Presidente Enrique Peña Nieto respaldó al senador Omar Fayal en solicitar al Congreso el ir alargando el plazo para que Estados y Municipios no pudieran conservar en sus puestos, ni contratar a otros elementos, que no hubieran aprobado los cursos de capacitación y obtenido el certificado de la evaluación de su confianza, tal como se estaba llevando a cabo en las instituciones de enseñanza y práctica, creados por el Gobierno de Felipe Calderón. Eso siguió hasta que en 2014 vencieron todos los plazos y se acabó el proyecto de profesionalización de todas las policías a nivel nacional.

¿Por qué haría esto el Presidente Enrique Peña Nieto, que más que una "burrada" parece una cobardía culpable y comprometida con algún "poder tras el trono"? Sólo él lo sabe, pero si recientemente se quejó ante unos estudiantes que hubieran dicho que él sólo quiere "joder" a México, es difícil encontrar otra acción suya que respalde y justifique tan bien esta informal pero intuitiva evaluación estudiantil. La razón de ello es que cualquier camino que nos vaya a sacar de la desconfianza colectiva y, por tanto, del marasmo económico y, entre paréntesis, nos ponga en condiciones de negociar bien con la próxima Administración Americana, tiene que pasar, necesariamente, por un retorno a la seguridad pública: Esto, a su vez, requiere de una férrea y dedicada procuración de la justicia, lo que, a su vez, requiere que en todos los cuerpos policiacos se tenga el compromiso público, los conocimientos profesionales, la paga y los elementos y equipos necesarios.

¿Qué debemos hacer para lograr esto? 1) En primer lugar, juntarnos organizadamente todos los que podamos, para hacerle ver al Presidente qué es lo que pensamos al respecto. 2) En segundo lugar, instar al Congreso de la Unión a que abandonen la "discusión hipócrita" con la que quieren aprobar "al vapor" la Ley de Seguridad Interna, con la que quieren "pasarle el paquete" a los militares, luego que ellos fallaron miserablemente y "descarrilaron" el tren de la profesionalización obligatoria, que ya iba en buen camino a nivel nacional. 3) En tercer lugar, aquí en Nuevo León instar al Gobernador y al Congreso local que, mientras se resuelve el problema a nivel nacional, nosotros sigamos aquí con la profesionalización y dediquemos a ello los máximos esfuerzos, hasta por encima de las obras públicas.

Es que es increíble lo que un ambiente de justicia y seguridad puede lograr: Sería una arma utilísima para evitar la corrupción gubernamental y empresarial, porque si todos los delitos se persiguen bien, estos casos pasan a ser excepcionales y, por tanto, posibles de perseguir hasta lograr el castigo correspondiente. El meollo de la inseguridad pública actual es el enorme porcentaje de casos que quedan sin resolver, impunes, por lo cual se siguen cometiendo en un volumen escalofriante.

Para que la presión sobre nuestros gobiernos en los tres niveles tenga peso, todos nosotros, asociaciones profesionales, políticas y sindicales, medios de comunicación, particulares, etc., debemos sacrificar parte de nuestros intereses para concentrarnos en exigir, por todos los medios, el retorno a la seguridad y a la justicia.

A lo mejor, si el Gobierno de Trump se lanza contra los narcotraficantes, será pertinente que nosotros aprovechemos esa coyuntura para tomar las acciones locales correspondientes, aunque por lo pronto sea con el ejército, mientras profesionalizamos a todas nuestras policías.

Atte.- JVG.- 14-12-16