22/Aug/2019
Editoriales

Entrecurules 30 09 18

"No son los monumentos, por hermosos que sean, los que dan la verdadera medida de la grandeza nacional, sino el pueblo que trabaja, sufre, goza y sobrevive a las piedras y a los nombres de emperadores y caudillos", expresó Agustín Yáñez, el 20 de noviembre de 1963 en el Monumento a la Revolución.

Yáñez, quien fue escritor, nació el 4 de mayo de 1904 en Guadalajara, Jalisco, se graduó de abogado y maestro de filosofía. Además de 1953 a 1959, fue Gobernador Constitucional del Estado de Jalisco. Y el primero de diciembre de 1964, asumió el cargo de Secretario de Educación Pública.

En este discurso, pronunciado en el sexenio del Presidente Adolfo Mateos, Yáñez, añadió:

 "Los monumentos se derrumban y los nombres se desvanecen en el tiempo; más los pueblos, en cambio, están presentes siempre; son eternos; ellos son los verdaderos creadores de la civilización y ellos son, igualmente el verdadero fin de toda civilización".

 Si, desde sus orígenes, irrevocablemente, la justicia propuesta por la Revolución ha sido para el hombre, como individuo y como pueblo; la libertad conquistada es a beneficio del hombre; la paz interna y externa tiende a favorecer el desarrollo íntegro del hombre; la prosperidad buscada por la Revolución tiene por fin el hombre.

 "La Constitución de 1917 se abre con la consagración de los derechos humanos individuales, y se cierra con la de los derechos sociales".

 La reforma agraria, el derecho del trabajo, la popularización de la educación y la salubridad, el seguro social, la reivindicación de las riquezas naturales, el sentido de las obras públicas son otras tantas manifestaciones de la misma voluntad, encaminada incesante, irreductiblemente, a que el mexicano afirme la suprema voluntad de la persona; esto es: a ser y a vivir como hombre.

 Lo que ha variado son los estilos y posibilidades de realización. Unas eran las formas obligadas, instintivas, en el fragor de la lucha, y otras las reflexivas de regímenes constituidos en paz orgánica.

 El temperamento y los modos de proceder eran distintos en Madero y Zapata, en Carranza y Villa, en Obregón y Cabrera. Unos eran los recursos y las experiencias anteriores a 1917, y otros los posteriores, ensanchados por sucesivos gobiernos.

Fervor y valor de Madero, de Venustiano Carranza para vencer la más difícil resistencia.