23/01/2018
Editoriales

EUA necesita un muro, pero contra la especulación financiera

El recién empezado gobierno de Trump confirmó desde el principio su acertada decisión de renegociar el genocida Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, como se conoce en español), el cual ha destruido por parejo la economía física de los tres países de América del Norte. Pero le agregó a esto dos Órdenes Ejecutivas sobre seguridad fronteriza e inmigración que ordenan que se inicie la construcción de un muro físico entre Estados Unidos y México, y ordena la deportación en masa de los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos.

El propio secretario de Seguridad Nacional designado por Trump, el general John Kelly, ya había advertido en su audiencia de confirmación en el Senado, el 10 de enero, que ningún muro detendría la inmigración ilegal, dadas "las increíbles ganancias que fluyen de nuestro país como resultado del consumo de drogas". Durante los últimos 10 años siendo jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el general Kelly no ha tenido pelos en la lengua para declarar públicamente que la amenaza a la seguridad nacional es el horrendo grado de consumo de drogas en Estados Unidos, empeorado por la "hipocresía" de la legalización de las drogas en este país, y no los niños y sus familias que huyen de la destrucción que ocasionan, en sus países, los carteles que se lucran del consumo de las drogas en Estados Unidos.

Irónicamente, la medida única y más efectiva para acabar con a los carteles de las drogas que se entrelazan con los traficantes de personas y las redes terroristas que amenazan a México y a Estados Unidos, es reconstruir el muro creado por la ley Glass-Steagall entre la banca comercial y la banca especulativa. El lavado de dinero de las drogas es el cuello de botella decisivo para aplastar al narcotráfico, como lo señaló la EIR por primera vez en 1978 en su libro Narcotráfico, SA. Si a esto se le agrega la construcción de un túnel en el Estrecho de Bering a través del cual puede correr una red ferroviaria de trenes de alta velocidad que conecte a los continentes de Eurasia y Norteamérica, y luego atraviese hacia el sur por Centroamérica y llegue a Suramérica, y tendremos un programa que si va a funcionar, en cual todas las naciones de América ganan.

En otras palabras, el único modo de acabar con el efecto destructivo del TLCAN, y de beneficiar a todos los involucrados, es romper por completo con la geopolítica económica, e integrar a las Américas al nuevo paradigma mundial de la "Nueva Ruta de la Seda".

Destrozar el TLCAN sin hacer un viraje completo hacia una política económica para fomentar la producción, constituye una amenaza que hará explotar a los dos países por parejo. Durante los 20 años del TLCAN, los círculos de la City de Londres y de Wall Street impusieron modalidades comerciales nefastas que distorsionaron la producción y causaron hambre y una dependencia en la importación de alimentos en México, y deformaron el potencial de exportación de la capacidad de producción de alimentos de Estados Unidos. En la década de 1980, México era autosuficiente en alimentos en un 80% y tenía la intención de llegar a ser 100% autosuficiente; pero bajo el TLCAN, se ha vuelto dependiente en 50% en alimentos del exterior. Al mismo tiempo que México depende de importar alimentos básicos (maíz, frijol y trigo), se le forzó a convertirse en un exportador de frutas y vegetales baratos para Estados Unidos, desplazando a miles de granjas estadounidenses.

Por consiguiente, 130 compañías y organizaciones estadounidenses relacionadas a la producción agrícola y de alimentos le enviaron una carta a Trump el 23 de enero, en la que dan a conocer su interés en el los intercambios comerciales en Norteamérica. La carta abierta se titula "U.S. Food and Agriculture Dialogue for Trade" (Diálogo agrícola y alimentario de Estados Unidos por el comercio), la cual firman desde la firma de maquinaria agrícola John Deere, hasta los productores de sopas Campbell, y grupos de productores de trigo, maíz, cerdos, carnes y otros. Ahora que está pendiente la siempre de primavera, las actividades agropecuarias en Estados Unidos están en el mismo estado de incertidumbre y agitación.