23/09/2018
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Agosto 25 de 2011: Sucede en Monterrey un terrible atentado donde mueren 52 personas inocentes, considerado a nivel nacional el ataque más cruel de la delincuencia organizada en contra de la población. El Casino Royale era un centro de apuestas ubicado por la avenida San Jerónimo, al poniente de Monterrey, que se había popularizado entre familias de buen nivel económico –clase media alta- por su comodidad vial y trato respetuoso. Es uno de los negocios autorizados por la administración del presidente Vicente Fox, que irrumpió en la cultura familiar modificando la agenda de muchas amas de casa quienes encontraron una forma de divertirse apostando dinero en lugares legales, en vez de asistir a las tradicionales loterías clandestinas con apuestas en efectivo que son combatidas por la PGR por estar prohibidas.

Esto significa que legalizaron el vicio de la ludopatía. El mes de enero de ese año se había difundido un asalto a ese sitio por delincuentes organizados que sorprendieron a la clientela esquilmándola, aunque la versión oficial de la empresa fue negar el hecho. En mayo 4 había sido clausurado por el Municipio de Monterrey por falta de permisos de construcción para una ampliación, pero se ampararon y se reabrió, planteando que era sólo una inocente remodelación. El día de la tragedia llegó al casino Royale un comando de una docena o más de rufianes armados que amagaron a los clientes así como a los empleados, para obligarlos a replegarse al fondo mientras prendieron fuego al casino, teniendo por resultado una cruel masacre donde muere entre las víctimas una señora embarazada. La irritación popular fue enorme pues estos tipos llegaron en cuatro vehículos cargados con tambos de gasolinas que desparramaron en ciertas zonas del local. Algunos clientes, desafiando las llamas salieron corriendo por la puerta principal pero el caos reinaba entre la mayoría, según relataron algunos sobrevivientes.

Entre los muertos había víctimas de la estampida generada entre los mismos asistentes quienes se toparon con puertas de emergencia selladas, así que murieron la mayoría por asfixia. Lo que siguió sólo enardeció más a la opinión pública pues el atentado del Casino Royale pasa a la historia de nuestro país como la peor tragedia de su tipo, y las autoridades se han culpado mutuamente sin haberse castigado como se merecen a quienes permitieron la apertura con claras fallas de seguridad y quienes dieron el amparo cuando ya estaba clausurado el local. El gobernador del estado decreta tres días de duelo por lo que del 25 al 27 de agosto debe izarse la bandera a media asta. Se han identificado y capturado a la mayoría de los ejecutores que pertenecen a una temible banda de delincuentes organizados, pero faltan seis por identificar y andan libres, pues se les conoce sólo por sus apodos. De todos los detenidos, sólo a cuatro se les ha podido sentenciar, y a otros trece se les siguen en proceso. Pero nada –ni capturándolos- compensa la pérdida de las vidas inocentes. Sin embargo, el grito de justicia no es acallado por nadie, los familiares y deudos nunca olvidarán este crimen, ni quienes somos aficionados a la historia podemos dejar que el tiempo sepulte este reprobable acto