23/09/2018
Editoriales

Un hombre de acero

Losif VissariónovichDzhugashvili se llamaba un tipo duro de carácter, nacido en Georgia. Su lengua materna no era la rusa, sino la del sur del Cáucaso así que no podía hablar, mucho menos leer y escribir en ruso. Pero además de ser muy duro, era sumamente intuitivo y terco, por lo que pronto aprendió la lengua rusa, pero como sus dos apellidos no le ayudaban para poder pasar por ruso, que se lo creyeran, se los cambió por Stalin, que significa “Acero” en ruso.

Este tipo “Losif Acero” o Losif Stalin, trabajó para hacer honor a su nombre falso y cuando se convierte en líder político, fue grande e implacable con sus enemigos, y muy amigo de sus amigos. La vida le dio un hijo llamado Yakov, de quien esperaba mucho porque en primer lugar portaba su sangre, y además fue educado precisamente por su padre, el gran Stalin. Pero todo fue inútil, el joven Yakov no tenía madera para la política ni para la guerra, así que cansado de ser un enano comparado con el gigante de su padre, apenas tenía 19 años cuando tomó la determinación de descerrajarse un tiro en la cabeza, y lo hizo.

Sin embargo, el destino le jugó una broma macabra a Stalin, pues el hijo no murió, pero estaba condenado a no recuperar del todo sus facultades. Un devastado Stalin, se le acercó a la camilla cuando salía de la operación para susurrarle al oído con toda la ternura de que era capaz: ni para eso serviste.