15/11/2018
Editoriales

Los Grandes Gobernadores de Nuevo León. Porfirio G. González. Tercera y última parte

En los textos anteriores repasamos la obra del gobernador Porfirio G. González hasta el primer año de su segunda gubernatura. Hoy veremos 1925, el segundo año, cuyo inicio fue complicado. México estrenaba presidente en la persona de Plutarco Elías Calles, y nuevas normas laborales derivadas de la Constitución de 1917 que causaban polémica: la Casa del Obrero Mundial, organización de corte anarco – sindicalista las veía tibias, y para el empresariado nuevoleonés eran muy radicales. Lo complicado era que ambas partes tenían acceso al Presidente y protestaban.

La ley laboral es motivo de inquietudes entre los empresarios

En otros estados esta ley laboral no significaba mayor problema, pero en el industrioso Nuevo León encendía los ánimos. El temor entre los empresarios era que el propio gobierno de Calles comenzaba a radicalizarse con tendencia a la izquierda, lo que molestaba a empresarios y a terratenientes locales. Esa molestia creció cuando el gobernador Porfirio G. González requirió a los industriales el pago de impuestos atrasados, gravándoles más sus utilidades. Entonces la Iniciativa Privada presentó queja formal a Calles explicándole que no podían pagar más porque acababan de pasar por una desgastante guerra y en consecuencia, baja productividad. 

Las otras medidas constitucionales socializantes

Pero las “malas” noticias seguían, pues el 24 de enero de 1925 llegó la orden de prohibir la explotación agrícola en los márgenes de los ríos federales, así como la extracción de sus aguas. Esto incrementó aún más el descontento en otras ramas productivas, aunque en realidad sólo se trataba del cumplimiento de las nuevas normas constitucionales. Pero el ambiente nacional ya contenía un tufo al socialismo que aborrecían los empresarios. Y para cerrar el círculo abierto, al mes siguiente se aprobó una nueva ley bancaria que otorgaba créditos refaccionarios, agrícolas e industriales a pequeños empresarios lo que, desde luego, irritó más a los grandes emporios económicos, que siempre habían tenido cautivo al mercado local. 

La creación de la cuestionable Iglesia Católica Mexicana

Sin embargo, la gota que derramó el vaso fue la fundación -en febrero de 1925- de la Iglesia Católica Apostólica Mexicana, apoyada por el presidente Calles y la CROM (Confederación Regional Obrero Mexicana). Concebida como un ente aparte, separada de la Iglesia Católica de Roma, del tipo Iglesia Anglicana, dirigida por el sacerdote disidente José Joaquín Pérez Budar. Su sede era el Templo de Nuestra Señora de la Soledad, ubicado a unas cuadras del Mercado de La Merced en la Ciudad de México. Como primer paso se expulsó al párroco español Manuel L. Monge, para fortalecer al nuevo patriarca Joaquín Pérez quién llegó a tener a su cargo seis parroquias y trece sacerdotes, convulsionando al país.

Esta levantisca eclesiástica avanzó pronto, desconociendo al Papa y atacando a los miembros del clero católico. Se apropiaron de las mejores parroquias y defendieron el uso del idioma español en las ceremonias, oponiéndose al celibato, al cobro de tarifas por los sacramentos y mostrando un nacionalismo respetuoso de las leyes y de la Constitución de 1917.

Esta Iglesia mexicana llegó a Monterrey apoyada por Porfirio G. González, y se instaló en el templo de la Santa Cruz, por la calle Washington frente a la Alameda, iniciándose de inmediato las tensiones que desembocaron un año después en la guerra cristera.

Hasta entonces, todo había estado en paz porque la alta sociedad de Monterrey creía que la Constitución de 1917 y sus aspectos socializantes serían una demagógica letra muerta, por lo que las relaciones con los gobiernos revolucionarios eran cordiales, pero esta realidad ya los ubicó en su contexto histórico, y su descontento fue evidente. 

La obra pública, la salud y el crecimiento de las expectativas de vida en NL

Para empezar, disminuyó el entusiasmo por la recaudación para obras sociales. Aún así, el gobierno consiguió en Tampico un crédito para la pavimentación de 27 mil metros cuadrados de calles, y se lograron 3 mil 540 contratos de agua. Se vacunaron y revacunaron 44 mil personas más, significando una mejora en la calidad de vida de las comunidades; también se eliminaron los insalubres charcos; hubo más gente con agua potable, y la vacunación masiva reflejó en la década de los años 50 una expectativa de vida muy por encima de los 42 años, algo que no se veía desde 1857.

El mejoramiento de las comunicaciones estatales

Diversos municipios se beneficiaron con obras de pavimentación y de remodelación de plazas como: Guadalupe, Lampazos, Aramberri y General Terán. En el aspecto de comunicaciones, las carreteras a Saltillo y a Laredo quedaron casi concluidas con recursos federales y estatales. Además, casi todas las estaciones del ferrocarril del área rural se mejoraron con bancas de espera, y taquillas. Se invirtió en el mantenimiento de caminos que unían a los centros de población. Entre ellos destacan:  Estación Durazno, Larraldeña y Espinazo, lugar en donde se ubica el centro religioso del Niño Fidencio, culto promovido por el gobierno de Calles. 

Como se sabe, Nuevo León nunca ha sido ajeno a los rumores políticos. Y para enfrentar a Porfirio G. González sus adversarios comentaban, por lo bajo, que pronto caería del gobierno, y así se manejó tanto en la prensa nacional como en la local. Pero estos rumores se atajaron en abril de 1925 con la visita del presidente Calles, quien mostró públicamente su amistad y cordialidad con el gobernador.

La reacción de la Iglesia Católica

Sin embargo, los problemas con la Iglesia apenas iniciaban. En mayo de 1925 la Iglesia se opuso a que la gente se vacunara, aduciendo una supuesta finalidad de esterilizar a los pobres. Y la respuesta de Calles fue dura y directa con un decreto: 

“art 1°.- La vacunación y revacunación contra la viruela son obligatorias para todos los habitantes de la República…”

No pocas vacunaciones se hicieron a la fuerza o sin inquirir el consentimiento de los padres, tanto en Nuevo León como en el resto del país, por médicos de las fuerzas armadas, por médicos de los estados que acudían a las escuelas y vacunaban a todos los niños por igual.

Estímulos fiscales a los empresarios locales

Al mismo tiempo, el gobierno del estado mandaba señales positivas a los empresarios otorgando dispensas de impuestos a las nuevas industrias. Además, se anunció la construcción de una planta generadora de energía eléctrica en Villaldama, y otra en Lampazos; una mueblería en Monterrey, y una fábrica de clavos, entre otras que, por el término de 5 años, pagarían solo el 5% de los impuestos estatales y municipales.

Pero no fue suficiente. A los feligreses no les importó que los hombres de negocios recibieran estímulos, pues en septiembre de 1925 iniciaron brotes de violencia por todo el país, en protesta por el conflicto religioso. Y ante semejante movimiento, el gobierno federal se vio en la necesidad de remover a los gobernadores más radicales o que habían cumplido con mayor rigor las leyes antirreligiosas, para así concentrar el conflicto religioso en dos áreas en particular: el Bajío y una parte del Occidente nacional.

La caída del gobernador Porfirio G. González

En Puebla fue destituido Wenceslao Macip y nombrado en su lugar Claudio N. Tirado; en Sinaloa Alejandro R. Vega dejó el cargo a Juan de Dios Bátiz Paredes; en Oaxaca Onofre Jiménez por Genaro Vázquez, entre otros.

Lo mismo sucedió en Nuevo León, con la caída de Porfirio G. González, sustituido por Jerónimo Siller, un empresario aliado de las familias tradicionales como la de Nicéforo Zambrano. Siller gobernó tratando de evitar conflictos y mediando entre los grupos sociales; la persecución religiosa en Nuevo León se redujo a la expulsión de unos cuantos sacerdotes y pastores evangélicos extranjeros, de forma prácticamente negociada.

Así terminó el gobierno de Porfirio G. González, uno de los grandes impulsores de la salud pública y del mejoramiento urbano. Logró que con éxito se llevaran a cabo campañas de vacunación en medio de una sociedad escéptica sobre los efectos de este método curativo.

En su gobierno las ciudades y los pueblos cambiaron de aspecto con calles trazadas y pavimentadas, y sus plazas arregladas y adornadas. Fue el gran reconstructor del estado luego de años de revolución, que aplicó las leyes estrictamente y fue víctima política de un movimiento nacional al que urgía reducir a su mínima expresión desde el punto de vista territorial.

Fuentes:

Periódico Oficial del Estado 1925, versión digital.                                                                                  Génesis y evolución de la administración Pública del estado de Nuevo León; Isabel Ortega Ridaura, Fondo Editorial Nuevo León.                                                                                       Lourdes Celina Vázquez, ‎Federico Munguía Cárdenas, Protagonistas y testigos de la Guerra Cristera.                                                                                                                                                                              José Ignacio Santos, La vacunación en México en el marco de las décadas de las vacunas: logros y desafíos.                                                                                                                                                          Angus Deaton, El Gran Escape, FCE, México.