20/01/2018
Editoriales

Galería de Granujas, pillos, rufianes

Puede parecer no muy ortodoxo, pero siempre he encontrado apasionante visitar las llamadas "librerías de viejo" --en nada semejantes a los modernos establecimientos donde se encuentran las últimas novedades bibliográficas de prácticamente todos los rincones del universo--y hurgar en sus rincones

 Gracias a estas incursiones, no han sido pocas las veces en que, perdido entre un montón de libros insignificantes, ajados por el paso del tiempo y por la incuria de aquéllos que los tuvieron en sus manos, el suscrito ha encontrado, y a precio de ganga, verdaderas joyas, algunas por su intrínseco valor literario y otras por el tema que abordan, que indiscutiblemente se salen de lo común.

 A propósito de este segundo caso, mientras me encontraba en una de esas librerías a las que hago referencia, me llamó particularmente la atención un pequeño volumen, --por cierto no tan viejo, ya que su edición, fechada en Nueva York, data de 1970-- titulado Dictionary of Rogues. Una traducción libre permitiría llamarle Galería de pillos, rufianes, o granujas.

 Su autor, William R. Hunt, presenta en esta obra, en breves narraciones, pero por demás interesantes, una serie de personajes de los que hemos oído hablar -o acerca de los cuales hemos leído- pero  a los que les hemos prestado una atención poco menos que superficial.

 Desfilan, a lo largo de las 140 páginas de este libro, nombres tales como los del conde Alejandro Clagriosto, alquimista y estafador; Gian Giacomo Casanova, amante y  estafador; Mary Firth, carterista genial; capitán Peter Drake, aventurero; José Fouché, ministro de policía, a quien el propio Napoleón temía; Honorato Gabriel Mirabeau, estadista y calavera; Lola Montes, amante; Henry Morgan, bucanero; Grigori Rasputín (Efrim Novy), monje; Charles Maurice de Talleyrand-Perigord, estadista; escritor; John Wilkes, calavera, tipo de ingenio y político incómodo, -calificativo este último muy de moda por cierto-. La lista sigue, hasta completar 75 semblanzas de otros tantos personajes cuya vida, como eufemísticamente acota Hunt, fue un tanto dudosa.

 En esta obra faltan algunos personajes mexicanos tan pillos –o más-- que algunos de los incluidos.  En el prólogo de esta obra, escrita en inglés, el autor aclara las razones que le llevaron a escribirla, y aunque muchos podamos no estar de acuerdo con todas sus aseveraciones, es incuestionable que la existencia de estos personajes fue apasionante, y saber lo que hicieron a lo largo de su vida resulta una interesante --por demás interesante-- experiencia.

 Hunt inicia el prólogo con un pensamiento de Schiller, en el sentido de que: "Un hombre honesto se puede formar con sólo paja, pero para hacer un rufián, es necesario tener la semilla".

 Y agrega: "La publicación de este libro pone término --finalmente-- a una añeja injusticia. Los así llamados intereses respetables, han conspirado mucho tiempo para negar los debidos honores a personajes de dudosa conducta, que son recordados en esta obra. La clase dirigente tenía buenos motivos de envidia: cada rufián, pillo o granuja iguala o supera a más de cien seres mediocres. Los libreros de las bibliotecas rechinan bajo el peso de grandes tomos con datos sobre líderes de los Boy Scouts y otros similares, en tanto que muchos hombres más notorios que ellos han sido dejados en el olvido.

 

QUIEN ES QUIEN

 

"¡Cuánta hipocresía denota esta negligencia! Hombres de negocios, doctores, educadores, atletas e incluso corredores de caballos tienen su Quién es Quién, en tanto que gente de talento extraordinario, que ha sabido llevar una vida a plenitud y con imaginación, es dejada en el olvido.  Consideremos lo que los granujas, como grupo social, han logrado. !Pensemos en las leyes que, a lo largo de los siglos, han sido dirigidas contra ellos; en los incontables inmuebles construidos para recluirlos; en los ejércitos de guardias y policías reclutados para proteger de ellos a la sociedad, y en los indiscutibles efectos de sus esfuerzos para alcanzar la prosperidad!

 "A pesar de esta conspiración, la gente común y corriente ha conservado vivo el recuerdo de los granujas. Los amamos, no obstante que sean lujuriosos, perjuros, violadores, homicidas, estafadores, charlatanes, asesinos, piratas, bandoleros, jugadores, desertores, seductores, espías, carteristas, "madamas", compradores de "chueco", sobornadores de jueces, malversadores, bígamos, calaveras, falsarios, impostores, falsificadores, ladrones y demás. Al paso de los años, estos hombres y mujeres han sido recordados por los más atroces delitos. Mientras peores eran, más los aplaudía la gente. Así es la naturaleza humana.

 "Naturalmente, todos rehuimos al ladronzuelo de poca monta, al asesino vulgar, a la adúltera y a la mujer promiscua, pero cuando se trata de un pillo notorio, cuyos ojos fulguran ante la perspectiva de una fácil conquista, sucumbimos fácilmente, e incluso le rendimos homenaje en su sepulcro. Así, no es de extrañar que estos personajes hayan logrado tantas y tan fáciles conquistas".

 

HAN DEJADO HUELLA

 

Hunt continúa la apología de estos personajes que, en honor a la verdad, han dejado huella, --desde luego no positiva, pero sí memorable-- en el seno de la sociedad.

 Agrega el autor que "los pillos comparten cualidades mentales especiales. Naturalmente, son poseedores de una inteligencia extraordinaria. Así tiene que ser, si es que han de vivir gracias a su ingenio. En esta consideración, viene a la mente el caso de John Wilkes, quien triunfó sobre los intereses del rey, del Parlamento y de la nobleza, en una sociedad aristocrática firmemente constituida. Un pillo siempre arrostra grandes retos, pero si no es dueño de una gran inteligencia, será prontamente aplastado por las fuerzas de la legalidad. Tal es el sino de los criminales comunes.

 "Ahora bien, la actitud es tan importante como la inteligencia. Si el pillo no tiene en sí mismo una confianza ilimitada, será un don nadie. Veamos la seguridad en sí mismo, --el extraordinario cinismo-- del doctor Brinkley, de pie en medio de la flor y nata de la profesión médica de Estados Unidos, contestando sus acusaciones de impostor, con la tranquila afirmación de que simplemente tenían envidia de su fortuna. Un granuja cree en sí mismo. Compara su talento con el de los demás y piensa que es un ser superior. Las estadísticas indican que el granuja tiene razón".

 "Las mujeres --afirma en otra parte del prólogo-- constituyen para los hombres las mejores cosas de la vida. Los anales de las pillerías demuestran que para estos personajes no existe la moderación sexual. Los granujas suelen tomar el placer donde lo encuentran -por casualidad y con toda lascivia- , aunque existen placeres saboreados a plenitud por hombres vigorosos y de exquisita sensualidad.  Tomemos como ejemplo los recuerdos del ya viejo Casanova, incapacitado para disfrutar los placeres de su vida anterior, pero todavía con el suficiente orgullo como para apostrofar a aquellos "'monstruos que predican el arrepentimiento, y a los filósofos que dicen que todos los placeres de la vida son vanidad. Dejémoslos hablar. El arrepentimiento es propio del crimen, en tanto que los placeres, aunque fugaces, son una realidad'".

 Ahora bien, ¿cuál es el objetivo de Hunt al publicar esta obra? Lo dice con un breve texto: "tener a la mano referencias sobre un tipo muy especial de hombres y mujeres, así como echar una divertida mirada a los diferentes aspectos de la vida en el bajo mundo. La historia social no está documentada tan acuciosamente como la historia económica o política, pero afortunadamente la gente siempre ha encontrado satisfacción y emociones en averiguar sobre las fechorías de personas cercanas. Esta fascinación, así como los chismes cortesanos, ha dado al periodismo materia prima suficiente para la producción de una buena dosis de biografía criminal".

 

 Ojalá algún día se publique esta obra en español.